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Truman Capote. Fotografía: Horst P. Horst (1976)Papá querido

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Cuando todo parecía dicho sobre Truman Capote, más allá de los filmes que vinieron a socializar su imagen, un excelente trabajo de Adela Fryd, titulado “La búsqueda de un nombre: Truman Capote”, que integra el apéndice del libro Otra vez el padre, nos acerca con una mirada lacaniana al mundo del niño terrible de la literatura norteamericana.

La autora, conjuntamente con Catalina Guerboroff, va marcando la ruta del escritor que no se siente identificado con la figura paterna y así lo expresa en aquella temprana carta escrita a los 11 años: “Como sabrás”, le marca al padre, “mi apellido ya no es Persons sino Capote, y me gustaría que en el futuro te dirigieras a mí como Truman Capote, ya que todo el mundo me llama así”.

Ambas psicoanalistas nos esclarecen al puntualizar que “el perverso no quiere reconocer al padre en su semblante, rechaza ser naïve, de alguna manera repudia al padre pero para ser más que el padre, para inventar un padre de tal manera que el defecto del Otro será desmentido”.

Como bien dicen las autoras “se trata de un personaje irresistible, seductor, desvergonzado”. Capote no fue un escritor moralista, se definía a sí mismo como “genio y homosexual”, su obra basada en la recreación de los hechos reales, lo consolida en uno de los mayores creadores de la segunda mitad del siglo XX.

“Otra vez el padre”, de Adela FrydAdela Fryd nos propone algo más, invita a reconocernos a través de esta especie de creador que quiere ser libre y logra con su magnífico ejemplo decirnos qué podemos llegar a ser:

“Un conocido actor fue la primera víctima de estos ataques hechos con absoluta conciencia. ‘Le abrí mi corazón de amigo y me lo devoró. No quiero tener más trato con canallas’, dijo Marlon Brando. ‘No lo engañé’, responde Capote. ‘Es verdad que me alimenté de su carne humana, pero fue él quien me la puso en la boca’ ”.

Capote no perdonó a la sociedad aristocrática y conservadora que temía ante su lengua. Él conocía demasiados vicios de esa clase y su mejor placer pasaba por ver los rostros de temor de sus víctimas.

Pero no tan sólo Otra vez el padre. Cinco momentos en la obra de Lacan y sus resonancias en la clínica es Truman Capote, la espina dorsal del libro como bien lo expresa Germán García en la contratapa: “Basta seguir la secuencia de los casos clínicos de este libro para saber que Adela Fryd entendió ese comentario de Lacan que dice que el saber vale lo que cuesta, que es costoso porque uno tiene que arriesgar, porque es más fácil adquirirlo como valor de cambio que gozarlo en su valor de uso”.

Con una edición cuidada de Grama Ediciones y reproducción en tapa de un cuadro del recordado Jorge de la Vega, Otra vez el padre se transforma en un texto de consulta que aporta un camino de lectura necesario para pensar, con más profundidad aun, aquella pregunta de Lacan acerca de “qué es un padre”.