Letras
El Hombre
(Crónica desde un lugar insólito)

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Al Dr. Hugo Durán.

Afuera se escuchan muchos ruidos. Alguien habla por un micrófono. Probando uno dos... probando... probando... uno... dos... Algunos empleados prenden las luces del auditorio, otros limpian las sillas de mis colegas. La prensa prepara sus cámaras. ¿Ya estarán todos? Cuando llegué casi no había nadie. Tuve que venir antes para que los reporteros no estuvieran chingando. Pero, aun así, no me libré de ellos. Licenciado, ¿cómo ve la situación de Chiapas? ¿Cuál es su postura sobre el embargo a Cuba? Sí... un momento, jóvenes... Sí, a su debido tiempo... Hace rato vi al diputado Cruz. Mi viejo enemigo. Sólo necesito un pretexto para mandarlo de embajador a un país africano. Él quiere que mi sucesor sea Gutiérrez pero mi gallo es Barrientos. Él va hacer lo que yo le diga. Espero que no hable de más en los mítines de la campaña porque si lo hace me lo quiebro. También estaban Álvarez, Zamora, Villaurrutia. Los tres senadores más viejos del partido de oposición. Pinches mojigatos. ¿No que no les ganábamos, cabrones? No se pudieron mantener en el poder. Su candidato no me duró nada. ¿No que no volvía a ganar el PRN? ¡Bola de pendejos! Pero más pendejo es el pueblo mexicano. A quién se le ocurre volver a votar por este partido. Sólo en un país latinoamericano pasan estas cosas...

Al que no he visto es a Morales, ya debería estar aquí. ¿Qué hora será? Llevó horas en esta posición. Si junto las piernas será más fácil. Por más que pujo no sale. Hace un calor del demonio. Cada vez que estoy nervioso me pasa esto. No he ensayado mi discurso. ¿Dónde está Morales? Me va a escuchar cuando lo encuentre. Mis colegas esperan mucho de mí. No los voy a defraudar. Tenemos que resolver la reforma eléctrica. Necesitamos inversión extranjera.

No sé por qué la hacen tanto de pedo. ¿Pedo? Es lo que no puedo sacar ahora. Este estrés me trae jodido. Tengo que llamar a Paulina. ¿Estará en el yate? Nada más salgo de esto y me voy con ella. ¿Qué tal un fin de semana en Las Vegas?

 

Chingao, no hay papel, ni siquiera un periódico, ¿con qué me limpio? Tal vez en mis bolsillos encuentre algo. No. Nada. ¿Y si me limpio con los dedos? Me repugna esa idea. Ni modo, me limpiaré con el papel del discurso. Acabo nadie se dará cuenta.

 

Subió sus pantalones, jaló la palanca del escusado, escuchó el agua que corría, abrió la puerta, fue hacia al lavabo, miró su rostro en el espejo, se peinó.

—Licenciado Fuentes, lo estamos esperando. Está todo listo. Nada más falta usted.

—En seguida voy. ¿Ya llegó mi familia?

—Sí. Apúrese, licenciado. Tenemos a los de la prensa encima.

—La prensa. El cuarto poder. A ver cómo me va con ellos al otro día. Van a estar chingando. Tomen su pinche libertad de expresión.

Volvió a mirarse al espejo.

—Yo soy el que tengo el poder —se dijo a sí mismo—. Que me esperen. Para eso nacieron, para esperar. Soy su hombre. Al que eligieron. Soy el dueño de sus esperanzas.

Abrió la puerta y se dirigió a dar su primer informe. Al final de la sesión un diputado del mismo partido dijo:

—Este informe fue una mierda.