Salpicadura
Tu aglutinada esencia desleía turbas
Impregnaba y subyugaba soeces
Tu inmortalidad no gestionada
Sitió los escollos del alma
Desgarrando bríos
Con versos para los espasmos humanos
Cuya herida deseó
la viva raíz del envite
Encubriendo con decoro los infortunios del atavío
Exordio sobre maldad
Un Enjambre de discernimientos reprobados
Atisbaron tras tu puerta
Irrumpiendo tu deseo
Y acoplándose en tu carne
*¿Cómo fue que caíste?*
Se enalteció tu corazón
Jactancioso
—Poluto—
Colmado de sabidurías fatuas
Huecas
Viles
Desordenadas
Corruptas
...Abismadas
Entregado a merced de corrientes fuertes
Confiriendo vuestro cuerpo a la inmundicia
¿Ahora quién te maneja?
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Exordio de maldad II
¿Será positiva la presencia del mal en el cosmos?
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Lo frágil sucumbe ante lo impío, y la manzana podrida gira incansable, atestada de hollín, cercada de espíritus vacíos, lamedores de la codiciada savia
_¡Insaciable es vuestro apetito!_
¿Con qué provecho nos suprimes?
—Humanos— con cuerpos a merced de corrientes fuertes, extirpados desde raíz, reprobados por la supremacía......... ¿irrefutablemente libres?...
¡Oh! finita iniquidad, contaminaste nuestras aguas
_¡Vuestro fuego es inclemente!_
¿Hasta cuándo malversarás la carne?
¿Acaso alguien sobrevivirá?
(y me respondió)
No todo ha sido voluble, y este fuego ha de purificar a lo real
De entre lo vil saldrá lo puro
Sólo permanecerá lo auténtico
—las joyas—
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¡Aprovecha el día!