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Fernando Villegas¿Cómo se ven los latinos desde la perspectiva de una novela políticamente incorrecta?

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Respondo de inmediato: se ven torpes, descuidados, atrasados, locos, raros, tontos, ínfimos, producen hastío. Pero Muerte a los latinos no ha sido escrita para bendecir la fuerza trabajadora latinoamericana, que día a día se quiebra la espalda en los Estados Unidos. Tampoco ha sido escrita desde la visión particular de un latinoamericano “adorador” de “sus raíces”, que se llena la boca pronunciando cada dos por tres esa frase. La condición de “latinos”, como nos ven y catalogan en Estados Unidos, ha sido puesta tras un filtro en esta ficción. Quedaron atrás esos tiempos en que los inmigrantes latinos lloraban escuchando la canción “Mi tierra” de Gloria Estefan. En esta novela somos otros.

El sociólogo y periodista chileno Fernando Villegas vuelve a la carga literaria con una novela políticamente incorrecta. Una novela aterradora y agradablemente perversa, que disfraza, tras la locura del protagonista, un trozo de la cruda realidad de eso que se llama “ser latino”.

Muerte a los latinos es la historia de un sudamericano que llega a Miami, con la cabeza atestada de ambiciones. Atención: ambiciones, no sueños. Según sus cálculos, el postgrado que cursaría en antropología cultural en la Universidad de Miami, una de las más prestigiosas en este campo de estudio en Estados Unidos, le serviría de trampolín para hacer una brillante carrera. Pero enloqueció. Enloqueció de rabia contra los latinos, en medio de un proceso de descubrimiento de esa “raza”, que se movía como pez en el agua por los rincones de Miami, pero que le causó asco, desazón, odio. El protagonista, en la búsqueda de demostrar la validez de ese profundo desprecio a todo lo que se llamase latino y que inundaba su atmósfera, su ambiente, sólo consiguió enloquecer, delirar con un solo objetivo: dar muerte a los latinos, o, como repite a lo largo de la obra, “death to latins”. Las situaciones a las que se enfrenta son delirantes: sostiene una sórdida relación con uno de sus profesores en una extraña mezcla de amor y odio; se trenza en una relación puramente sexual con una enfermera mexicana; casi cae en la tentación panfletista-revolucionaria de su compañero de cuarto y hace cosas absurdas por conquistar a la rubia bonita de su clase. La historia gira en torno a lo que ha sido su vida durante 4 años viviendo en Estados Unidos, pero rodeado de latinos.

En esta obra hay aspectos narrativos muy interesantes. De partida, la historia se narra en retrospectiva a través de un diario íntimo, que parte con fecha de 2011. Nunca se sabe el nombre del protagonista, ni de qué país de Latinoamérica es originario. Y el relato del diario es combinado con los apartes de la tesis que prepara para su clase. Este juego de cambios, entre la confesión íntima y la inquietud académica, revela dos aristas que permiten entender el proceder del personaje y entender un poco, también, el motivo por el cual enloquece: lo latino.

“Muerte a los latinos”, de Fernando VillegasEso mismo. Ser latino. Estudiar la esencia de los latinos. Verse reflejado en una suerte de miseria, no precisamente material, no precisamente económica. Este hombre vive en lo personal un conflicto con esa “esencia” latina que lo persigue por todos lados en Miami; que habita en Pedro, el barrendero de la universidad, en Marta, su amante mexicana, en Ernesto, su compañero de cuarto. Que recorre todos los rincones de su entorno inmediato. Y también en la reflexión académica está presente esa “marca”, que termina enloqueciéndolo. En los apartados del libro en donde se reproducen párrafos del ensayo que prepara el protagonista, se encuentran concentradas importantes ideas o apreciaciones sobre la cultura latina propiamente tal. Y son esas conclusiones, poco esperanzadoras, las que llevan al protagonista a plantearse que Latinoamérica no es más que un cúmulo de ideas fáciles, baratas, de ídolos de plásticos, de clichés desagradables.

Es así como el protagonista va enfrentando en todos los rostros de los latinos que aparecen por su vida su mismo rostro. Uno que dibuja fracaso, miseria, conformismo, sobre todo conformismo, mansedumbre. El hastío por lo latino empieza a manifestarse también en su cultura, que se confunde y se hace cada vez menos rica. Dentro de la novela, el estudio de “lo latino” que hace su protagonista, a modo de tesis o reflexión académica, ahonda en aspectos relevantes de nuestra cultura: la política, la social, la económica. Es así como su pensamiento, con todo y lo delirante de su ser, no deja de reflejarnos exactamente. Cuando el protagonista es invitado por Ernesto, su compañero de cuarto, a ser parte de un grupo de debate conformado por estudiantes y, sobre todo, cuando escucha los argumentos que tiene éste para convencerlo (aludiendo al importante papel de los estudiantes en el término de la guerra de Vietnam), hace la siguiente reflexión: “La cultura latina —y adivino que el grupo de debate estaba lleno de hispanos— tiene como uno de sus componentes centrales un grado delirante de charlatanería político-progresista en todas sus formas y lenguaje, estilos y tonos”. Y luego nos traslada a uno de los planteamientos de su tesis: “En América Latina los discursos, la palabra, el habla en todas sus expresiones tiende a reemplazar los actos. Los insultos dichos entre murmullos reemplazan la venganza. Las promesas que jamás serán cumplidas reemplazan los compromisos. Los versos de amor apasionados reemplazan las conductas para cambiarlo o cambiarnos. Los programas para vencer la pobreza, reemplazan las medidas para vencerla”.

De esta sección del libro (la que comprende todos los párrafos seleccionados de la tesis que escribe el protagonista), el columnista armenio radicado en Chile, Armen Koyoudjanm, dijo: “Debiera ser texto obligado en las universidades latinas”.

En esta novela, el protagonista enloquece y arrasa por delante con todo lo que significa “latino” en su entorno inmediato. Lo hace físicamente, produciendo daño, incendiando, matando, pero no como producto de un mera actitud xenofóbica que lo atacó de repente, sino como un reflejo de algo que su mente le pedía inconscientemente desde hacía tiempo: acabar, por fin, con esa suma de inconsistencias, con ese “todo” erróneo que hasta hoy se encierra en un solo concepto aún sin decantar: “los latinos”.