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Poemas

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Este bocado de oxígeno es el primero: lo respiro con cuidado y me oprime,
me oprime
como si fuera naciendo íntimamente hacia dentro
como un embrión que lo hubiera formado a solas.

Hay un demonio negro
circulándome y deteniéndose,
circulándome y deteniéndose,
CIRCULÁNDOME Y DETENIÉNDOSE,
puedo sentir cuando se detiene a hurgar atajos entre los troncos sanguíneos,
es como una aguja caminándome por el cuerpo.

La cabeza se entibia por segmentos
de atrás hacia delante y de abajo hacia arriba.

Queda una idea convulsa dentro,
solamente, una idea que no alcanzo a pronunciar,
una idea de miedo destornillándoseme de entre los párpados.

         No hay palabra que la nombre.

El techo: carúncula silenciosa sigue una senda indefinida
el aire pita en mi pecho, puedo sentir cómo se infla mi abdomen,
araño pero no puedo deshacerme de esta convulsión,

las piernas se tensan con piquetes que suben hasta amortiguarse,
las manos se encarrujan entre las sábanas y tiemblan
espasmódicamente.

Quiero un bocado de aire pero la garganta ha estrechado el paso
—hay ruidos de gente llegando.

Una sola imagen final,
una sílaba atascada que se repite y va acelerándose,
acelerándose,
ACELERÁNDOSE
      hasta la desesperación.

No sale.

Se acabó,
todo terminó por apagarse,
la vaga imagen cuelga de la pecera.

                 Punto final

 


 

Ya nadie quiere cuidar de esta mano
cuyos movimientos involuntarios han pretendido, dicen, ahorcarme.
La envuelvo
la cubro
le doy un beso en la cabecita
le arrullo
me amanezco meciéndola pero ella nunca duerme
está vigilante
pendiente
se sobresalta al menor ruido y me araña de desesperación el pecho.

Quiere llamar mi atención porque sabe que ya está cerca.
Le digo que sea cautelosa pero ella es muy impulsiva.
Es peor cuando la máquina de los latidos empieza a bombear toda la noche,
sin descanso
y no termina de morirse ese pitido en mis ojos
o se vuelve a una sola hebra
y el hombre de blanco viene con su abulia masculla algún silencio que
   he olvidado
dice algo que no entiendo.
Se acerca
se la lleva
le muele a sondas el cuello.

Él no entiende
que ella sólo pretendía advertirme.
Se la lleva.
Estoy sola.
Miro por el estrecho agujero del parapeto común.

El hombre de la pieza seis se ha levantado
y camina descalzo hacia el fondo
agitando la pierna como si quisiera lanzarla.

El hombre de las flores amarillas
se golpea la cabeza contra la pared
repitiendo la misma frase.

El martes arañaba con la cuchara el plato vacío
en un ritual interminable de invocación.

Ya nadie quiere atar estos cordones blancos que me crecen cuando llueve,
nadie quiere cuidar de esta mano
cuyos movimientos involuntarios han pretendido,
dicen, ahorcarme.

La envuelvo

la cubro.

Espero.

 


 

Las antiguas de mí misma
deben haber muerto
en fibras blancuzcas,
en aserrines
tropezándose en sus mismos pies,
ahorcándose en sus propios brazos.

Las otras de mí
deben haberse contenido el peso de las pupilas
en los pañuelos de sangre,
deben haberse colgado en los muros
a desgajarse el pellejo a piedras.

Encuentro que estoy hecha de fríos
como las otras
lo sé porque el dolor de vivir
se me ajusta a la espalda
y me circula como un hematoma negro.

Voy oscura, descalza
como si ya me hubiera unido a las sombras para siempre
como si ya hubiera vivido siempre
trago cuchillos,
me deleito sorbiendo agua sal por las ternillas
hasta llenarme el estómago,
hasta volverme cianótica.

El dolor es una especie de éxtasis:
lloro detrás de la cortina
y me gusta cómo mis lágrimas se van espesando.
Es como haber ingerido solvente.

¿Hasta cuándo podré reír?
no puede existir un placer tan gratificante
como el dolor que me abunda.
¿Hasta cuánto fuego podré tolerar?

Estoy hecha de eritemas
como quien guarda alacranes en el cajón
y se los traga
y deja que lo piquen hasta hacerse inmune.

No hay poción, ni raticida para el dolor
sólo me queda apretarlo hasta que de tanto apretarlo
me vuelva insaciable.
Sin embargo
hoy no estás y eso sí es insalvable
es una nueva mutación del dolor.
Las otras de mí deben haberse colgado en los muros
y despellejado a piedras.