Desprecio los besos
Un beso blasfemo
que no se escucha,
no se encuentra,
ni canta al alba.
Si me quito los ojos,
me quedo sin habla,
sin uñas qué encajar,
sin mueca para posar.
Un canto es depresivo
cuando no hay luz
con la cual derrumbar
la sonoridad del mar.
Escúpeme suave
si me quieres besar,
miénteme de espaldas,
si me quieres dejar.
Sangrar con mil suspiros o lamer un verso sumergido
Extraño los sombreros
y a las mujeres con medias.
Me lío un cigarrillo
a pesar de mi torpeza.
No deseo un zapato lustrado,
ni mucho menos un sol apagado,
pido el aliento cansado,
de un futuro apartado.
Blasfemo es el compartir la tristeza,
o sentarme junto a ti sin nobleza.
Robarte un beso a nadie lesa,
si con gentileza aparto la mesa.
Pudiera sangrar con mil suspiros,
llorar de entretenido,
desearte en un quejido,
y lamer un verso sumergido.
Si me duele esa estrella
de un deseo fugaz
en medio del frío,
heme aquí tendido.
La hija de Sión
Me atrevo a recitar en hebreo,
mordiendo las palabras,
sostenidas por ropajes
y piedras cinceladas.
Es el placer de verte correr,
tras el beso con sabor a
hilos envinados de leche,
en sogas atadas a los muelles.
Muertos abriéndoles canales a las
entrañas de prófugas perversiones,
ancladas a la virgen de los marineros,
sucios, amantes y carroñeros.
El legado de Éfeso
La luz no es sol, ni el agua manantial,
buscando la trama de un deseo gutural,
cayéndole el granulado hilo menstrual,
lo recuerda encima como un animal.
Filosóficamente permanece en el lecho,
ahogando la atmósfera de fluido y ardiente deseo,
pesándole los pechos y cigarrillo entre los dedos,
acaneladas piernas talladas, al jónico legado de Éfeso.
De sus frutos se come sin mesura,
pero junto a ella una serpiente,
que la acecha y le muerde su blancura,
le ha prometido hacerla suya.
La trampa de Minos
Hoy tiene que nacer un canto que sea poesía,
ya no más, mis venas secas de tal agonía.
Se desmoronan sangre y barro en pleitesía,
hacia los ojos impíos de mi guardada alegría.
Me gusta cuando llueve con olor a Montreal,
porque entonces el amor es cosa de lo paranormal.
Aunque fallaste, lo sabes, a tu promesa,
te lo juro es algo que ya no me lesa.
Ni el tiempo ni tú remediaron los errores,
el humo me regala saliva con horrores.
Me quedan muchos besos pingüinos,
para no perderme en la trampa de Minos.