Letras
Tres poemas

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Que todo me asombre

La mañana
vestida de lentejuelas
iridiscentes.

Las formas
mutantes de las nubes
evanescentes.

Los tambores
pavorosos del inminente
temporal.

El canto
familiar del gallo
en el corral.

La hierba
del prado que hoy
nació.

La hoja seca
que hoy del árbol
se despidió.

El pregón
mañanero del vendedor
ambulante.

El peso
del tiempo sobre ese anciano
vacilante.

El gorgoteo
del café hirviente
en la cafetera.

La habilidad
del perro de nadie
cambiando de acera.

El deseo
de robarle el perfume
a una flor.

El mar profundo
de unos ojos rezumantes
de amor.

El esfuerzo
del árbol por tocar
el cielo.

La prisa
de la lluvia por llegar
al suelo.

La noche
del cerro empapado
de estrellas.

Que todo me asombre,
que nada pase sin observar
sus huellas.

 

La Tierra, el día después
(soneto)

¿Tendrán calor las flores del prado
cuando no caiga el rocío sobre ellas?
¿Tendrán miedo de salir las estrellas
sobre áridos paisajes desolados?

¿Tendrán temor las villas y poblados
cuando retumben truenos y centellas?
Cuando contemplen del fuego las huellas
¿Tendrán sed los ríos y collados?

Se retira el pasto y la selva tropical,
se secan los lagos, crecen los mares
arden los bosques, los montes, el matorral.

Se descolora el arrecife de coral
se extinguen pingüinos y osos polares
por el daño del calentamiento global.

 

El cielo está adentro

Oculto el cielo
en pleno día,
sin vientos las velas
de este barco
en la depresión encallado.
Desconocidos los caminos
otras veces recorridos
inertes los motivos
hasta ayer encendidos,
sin efecto los consuelos
y los alientos ofrecidos,
sin resortes los deseos.
Fuera de mí la oscuridad
del rumbo extraviado;
pero dentro de mí
de nuevo la luz
del cielo encontrado,
las mañanas
de recuerdos pintadas,
las alas del tiempo
al viento desplegadas
para la partida
hacia el resto de mi vida.