Artículos y reportajes
Crónica tardía sobre la Feria del Libro de Guadalajara

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Aunque parezca extemporáneo, pero recordando aquello que es mejor tarde que nunca, me permito dejar a consideración del ocasional lector algunas impresiones de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), versión 2007.

Cuando iba camino a Guadalajara, en compañía de mi esposa Patricia, leímos un informe de un periódico mexicano que consideraba a la FIL como la más grande en su género en América Latina, y recalco el adjetivo “grande”. Al pisar, por fin, el recinto ferial en esa bella ciudad, con Patricia nos sorprendimos, porque el espacio físico es aproximadamente menos de la mitad de Corferias en Bogotá, en donde anualmente se desarrolla la feria del libro de la capital colombiana.

Con el correr de los días, comprobamos a qué se refería el articulista de aquel periódico, cuando ponderaba la grandeza de la feria tapatía, definición que no necesariamente tiene que ver con el tamaño, sino con la organización y trascendencia de los eventos desarrollados. Todas las actividades, presentaciones, conferencias, lanzamientos de libros, calidad de escritores y artistas invitados, así como la cantidad y criterio del público asistente, terminan por impresionar al visitante extranjero. De igual forma los negocios que se concretan, según nos cuentan, entre editoriales, librerías, autores y agentes, son otro de sus atractivos, pues la literatura, como muchas de las actividades lúdicas, tienen un aspecto comercial, el ocio visto como negocio, por parte de intermediarios, así como forma de supervivencia de sus cultores.

Personalmente me queda la alegría de haber visto, en algunos casos saludado, a mitos literarios vivientes o mortales en camino de serlo, nombres repetidos en las portadas de los libros que encarnan en cuerpo y voz. De igual forma, guardaremos la inmensa alegría de haber visto a Guadalajara engalanada con pancartas, avisos publicitarios y folletos con la identificación de Colombia, país invitado de honor. Pero sin duda, lo más importante fue la extraordinaria oferta cultura colombiana, no sólo en materia de libros y autores, la marca del gran arquitecto Rogelio Salmona, fallecido recientemente, las imágenes del cine y sus directores, la música diversa igual que las regiones que componen este país caribeño, andino, llanero, amazónica y ribereño de la cuenca pacífica.

En síntesis, en Guadalajara, ese precioso lugar que evoca la historia, la música de mariachis, el sabor del tequila, se dejó la constancia de que el recurso natural más abundante que tiene Colombia es el talento de sus habitantes.