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Poemas

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Tiempo de hijos

A los tres Jotas de mi vida.

I

En el fondo de los vientos
habitan los ángeles
que parecen otros vientos
que se juntan con los vientos normales
y entonces forman los colores de las brisas
que los hijos ven,
y nosotros creemos que es el viento.
Pero son los ángeles caídos
que quieren jugar a ser viento.

 

II

Mira hijo,
allá hay un fino ángel
que quiere jugar con el fuego de tus ojos.
Y por allá han aparecido otros seres nuevos
que no son los juguetes de la casa
ni los que encontramos en las ramas de los árboles.

No te tardes mucho con ellos
que tú no tienes alas
para tapar el frío de tu asombro.

 

III

Es el silencio ahora.
El silencio está de noche ahora.
El hijo duerme conmigo
y el silencio se prende en las luces de la ciudad.
Entonces se ven las luces dentro del silencio
y el niño se despierta y ve el silencio que le rodea
y duerme
                        como la ciudad
                                               y la noche.

 

IV

Es la madre y el padre
y los hijos que se van haciendo
en el zaguán de los años.
Y esos sofás y esos adornos y cristales
y esas maderas y los libros, son la casa.
Y la casa son los hijos que se leen nuestros libros
y los libros que se van haciendo hijos de los hijos.
Y las cobijas y los almohadones donde duermen
todos los animalitos fabricados en cuentos
que han leído los hijos
y que se hacen realidad en esta casa
que es el hijo de la casa y la casa del hijo.

(de Salvados del naufragio)

 

La Católica

Cristóbal:
repite conmigo la oración castellana
y que en las grandes olas la oración se repita.
Que puedas llegar hasta el fondo de este mundo sin fondo,
que no tiene vértice y que parece un huevo sin retorno.
Espero tus especias: las esencias prometidas
y esa transparente complicidad
que conspira entre nosotros.
Las joyas se van contigo hasta donde el mar las haga flotar.
Son finas piedras. Cuida de su recuerdo,
como he cuidado yo de tu locura.
Ve hasta las Indias y conquista esas matas de aromas.
Tráelas hasta donde su majestad
pueda olfatearlas.
Y después, vuelve a repetir la oración castellana.
Yo te estaré esperando toda esta vida de especias,
                                               toda esta muerte de esencias.

(de La Cruz de la ceniza)

 

Sed

A Rubén Astudillo y Astudillo,
a quien le gustaba este poema

No me pases la sal, samaritana.
En el pozo aún hay agua
sin fermentar.

He llegado sudando desde el monte
y quisiera ver en ti la luz del mar.

La sal, samaritana,
es el lamento del mar
sin naufragar.

El pozo tiene espuma
y es de dulce.

Samaritana,
quiero en tus ojos
ver el mar.

(de La conquista del agua)

 

Antes de la caza

A mi padre

Quiero encontrar el lugar
donde ubicarme.
Entro en la vecindad
de voces que me dicen:
                          ve a buscarte lejos,
                                   en los andenes de las penas,
                          ve a ponerte en fila con los astros;
                                   deja el poema un rato,
                                   y reconoce los olmos.
                                   Piensa que ya estorbas y no sirves,
                                               que de grande uno se trastoca
                                                           y se consume.

Mamá ya no prepara bien las cenas,
no hay comida hasta después del día.

Ve a buscar el círculo vicioso
que pueda hacerte hombre
en el insomnio de los días.

                        Vete y no vuelvas
                                    hasta después de la caza.

(de Después de la caza)

 

Extraño suceso

levantarse temprano,
lavarse con el viento las manos,
salir a probar suerte con el clima
(descubrir que tienes mala suerte).
Volver con crisantemos en los ojos,
parir un escalofrío que fríe,
visitar la ostra de tus perlas
(descubrirle a la perla la utopía).
Dormirse tarde,
despertar.

(de El (an)verso de las esquinas)

 

Brama el poniente...

I

A Viviana Cordero

De tanto hacer crepúsculo
en la misma montaña,
se cayó el telón
de todo lo que es verde.
Se regó el jarabe de la noche
como un brebaje fabricado
por el disgusto de las nubes.
Se cayó mi faz y se hizo trizas,
se rompió mi aire en una bohemia,
me hechizó un conjuro
con una vara mágica;
estoy en pedazos, como el canto del gallo
en la ciudad traficable.

De tanto hablar en forma de crepúsculo,
me siento más montaña que otros días.

 

II

A Sara Vanegas

La tarde y yo usamos esquimal esta mañana.
Ella, para evitar al sol, ¡y tan temprano!
Yo, para evitar el chasco de la tarde.

Salimos arropados de veranillo,
y un poco de potaje del rocío
ardió en el matorral de la mañana.

La tarde usa poniente en las orejas
y desaparece hecha montaña;
yo pudro lo mojigato del paisaje
y pido amor
tanto a peras como a olmos.

 

III

A Jorge Dávila Vásquez

Riego mi sudor
detrás de las orejas del crepúsculo.

Cada vez
tengo en descontrol
mis desventuras.

Tengo un amor tan bruto en las mañanas,
y por las tardes un sonámbulo asunto de viento,
que en mis noches
es cuando recién pido
que me coma una boca
la madrugada.

(de Detrás de la vereda de los autos)

 

¡Corte!...

Subo al ojo para percibir tu imagen,
y solamente me arrepiento las verdades.
Tú sigues en la córnea, vociferando la ira,
y tu imagen se hace imagen definitivamente.

No me encuentro
            y me hago Polen.
                                   Polvo.
                                             Imagen.
                                                        Humo

Tú y yo y el polen,
           todos hecho humo,
                                       hecho polvo,
                                                   hecho imagen.

(de Guionizando poematográficamente)