El poeta peruano Alejandro Romualdo, uno de los mayores representantes de la Generación del 50, fue encontrado muerto el pasado miércoles 28 de mayo en su vivienda, ubicada en la primera cuadra de la calle Ernesto Plascencia, en el distrito de San Isidro, en Miraflores. El autor de “Canto Coral a Túpac Amaru”, quien vivía solo en dicho lugar, habría fallecido varios días atrás.
La noche anterior, una vecina alertó al cuerpo de serenazgo del distrito de que la puerta de la casa del escritor se encontraba entreabierta. Al ingresar al domicilio, lo encontraron en su habitación, tendido boca arriba sobre el piso, vestido con ropa de abrigo, en medio de revistas y libros regados a su alrededor.
Gabriela Cabada, sobrina del poeta, informó que la familia presume que el poeta fue asesinado. Pero las investigaciones preliminares de la policía señalaron que la muerte se habría producido a causa de una afección cardíaca. Su cuerpo presentaba un hematoma a la altura de la ceja derecha y una herida en la nuca originada, presumiblemente, al caer al piso. El cadáver no presentaba huellas de estrangulamiento ni lesiones y los familiares confirmaron que ningún objeto había sido sustraído de la vivienda.
Alejandro Romualdo Valle, escritor, periodista y dibujante, estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), en 1946, y se desempeñó como profesor universitario y como dibujante de agudas caricaturas de humor político. En 1949 recibió el Premio Nacional de Poesía. Obras suyas como La torre de los alucinados (1949), El movimiento y el sueño (1971) y Edición extraordinaria (1958), que contiene el conocido poema “Canto coral a Túpac Amaru”, son un importante referente en el proceso literario peruano.
Para el escritor Carlos Eduardo Zavaleta, compañero de Romualdo en la aventura de la Generación de los ‘50, este es uno de los poetas más importantes, junto a Eielson, Sologuren y Varela. “La vigencia de él en el país no solamente está limitada a la gente culta, sino que es un poeta muy popular en todos los auditorios. No hay más que haber viajado con él por todo el país y ver cómo la gente del pueblo saluda sus poemas con entusiasmo”, recuerda.
Si bien Romualdo se mostraba un tanto hosco con la prensa —era capaz de conversar con un periodista pero no darle una entrevista—, fue un hombre con un gran sentido del humor. “A veces, estaba caminando e inventaba chistes o bromas. Tenía una carcajada de esas que podían derrumbar paredes”, precisa Zavaleta.
“Por un lado, era muy callado y mesurado. No tenía un bagaje cultural para expresarlo fuera de la poesía, pero dentro de ella era una especie de cantor individual muy asentado en la realidad peruana y a veces muy frenético. Tenía sus ideas, a las que abrazaba con ardor”, agrega.
El reconocido poeta Carlos Germán Belli, otra de las figuras de la poesía peruana y compañero de estudios del fallecido, destacó que su obra “trasciende las ideologías”, y dijo del autor que “es una figura emblemática de la poesía comprometida con el sentido solidario” que “supo conjugar lo ético con lo estético”. Su legado “está más allá de la impronta personal, de la actitud ideológica. La trascendencia literaria de sus textos está por encima”, remarcó.
El escritor Oswaldo Reynoso recordó así a su colega y amigo: “Él es el gran poeta peruano del siglo XX. Ha escrito poemas de amor y compromiso social extraordinarios... Es un ejemplo para todos los escritores del Perú, porque fue consecuente con su ideología, con su poesía y con su vida”.
El narrador y poeta arequipeño dijo sentirse “apenado y furioso por cómo el país oficial trata a los poetas que verdaderamente hacen el Perú”. Romualdo nunca buscó puestos oficiales o prebendas, resalta, pero su “Canto Coral a Túpac Amaru” es parte de la educación de los jóvenes y, desafortunadamente, de la demagogia de los líderes políticos.
“Es una vergüenza lo que ha pasado con nuestro querido Romualdo: lo han dejado morir. Le pidieron una pensión y pusieron muchos obstáculos, pero para dar pensión a los jaraneros y a los que tocan cajón, ahí mismo (se las dan). Siempre en el Perú se olvida a los poetas y escritores contestatarios, a los que no están detrás del poder. Mire usted a tantos zánganos mediocres que viven del Estado y de cuya obra no quedará después de su muerte ningún solo minuto. Lo de Romualdo quedará para siempre”, enfatiza.
Romualdo recibió un homenaje póstumo el jueves 29 en La Casona del Parque Universitario, por parte de la UNMSM, que corrió con los gastos del velatorio y el entierro. “Alejandro Romualdo es una figura importante de nuestras letras y merece recibir todos los honores del caso”, expresó Federico García Hurtado, director general del Centro Cultural de San Marcos (CCSM).
Al homenaje, que empezó a las 3 de la tarde, asistieron más de 200 personas, entre las que se encontraban los pintores Víctor Delfín, Alberto Quintanilla y Carlos Ostolaza; los escritores Guillermo Niño de Guzmán y José Ruiz Rosas; el cineasta Federico García; la doctora Aurora Marrou, quien asistió en representación del rector de la universidad, Luis Izquierdo; y el capellán de la casa de estudios, Ignacio García.
En primer lugar intervino Christian Beteta, prologuista del último libro publicado de Romualdo, Ni pan ni circo. Después, le tocó el turno al poeta Arturo Corcuera. Ambos hicieron una sentida semblanza del vate y tuvieron palabras de aliento hacia su hija, Laura Valle, presente en el homenaje. Posteriormente, el periodista y escritor César Lévano hizo uso de la palabra para dar su testimonio de la faceta de periodista de Romualdo, sobre quien aseguró, parafraseando uno de sus poemas, que escribía “para que la dicha sea verdad”.
A su vez, los poetas Sonia Luz Carrillo y Reynaldo Naranjo recitaron versos del homenajeado. La primera leyó fragmentos de El retorno del cometa Halley, mientras que el segundo se encargó de A otra cosa. Para concluir se proyectó un video del archivo de TV Perú en el que Romualdo declama su famoso “Canto coral a Túpac Amaru”. Al terminar el video, el público asistente aplaudió de pie.
Laura Valle, hija del poeta, agradeció las muestras de afecto de los presentes. Acabado el homenaje, el féretro con los restos del poeta fue cargado por sus amigos y colegas como Arturo Corcuera, Guillermo Thorndike y Manuel León Alva, entre otros. Antes de abandonar el local un grupo de asistentes empezó a cantar espontáneamente “La internacional socialista”, como despedida al escritor quien siempre militó en partidos de izquierda. Sus restos fueron cremados en el cementerio de Conchán, en una ceremonia privada.
Fuentes: Andina • El Comercio • Perú.com • RPP