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El último brindis

Sillas vacías
llenan el lugar
donde nos reunimos
a brindar
por la vida,
el amor y la amistad.

Sillas tan vacías
como los espacios vacíos
que invaden
nuestras almas
cuando brindamos
por un ausente más.

Y cada día brindamos
con más regularidad
por los que se van
a algún cósmico lugar
a esperar
por los demás.

Los que quedamos atrás,
ponemos copas llenas
frente a sillas vacías;
y al brindar, calladamente
nos preguntamos:
El último brindis...
¿quien lo dirá?

 

Noche triste

La noche llega callada,
y trae tinieblas con ella.
Nubes negras cubren la luna,
ni siquiera hay estrellas.

Mas la oscuridad
trae bendito sueño.

Y sueño con nosotros dos:
corriendo bajo el sol,
riendo a carcajadas,
besándonos donde nos da la gana,
y haciéndonos el amor.

Luego despierto
al mismo mundo triste.

Sólo el tenue olor
al perfume aquel,
que usabas
y tanto me gustaba,
en tu almohada
todavía persiste...

Esparcí tus cenizas
al viento ayer,
sobre el lago,
como me pediste.

 

Lo que no se olvida

El tiempo ladino
inexorablemente pasa
y la memoria falla.
Sólo rastros inciertos
de olvidados caminos
permanecen en el recuerdo.
Mas no olvido sus ojos yertos,
su boca callada, su cuerpo frío;
ni aquel sacerdote sombrío,
orando sus misterios
el día que allí la dejé....
ni lo mucho que lloré
aquella horrible tarde
en aquel cementerio.

 

Primer beso

Observa mi amiga, distraída, el paisaje.
Yo admiro su belleza, embelesado.
“¿Que miras?”, pregunta, con sagaz visaje:
de mi pasión secreta se ha percatado.

El momento es propicio y beso su boca.
Gime ella. Yo, por el ardor encendido,
lucho con un tumulto de ansias locas.
“¿Tú primero?”, le pregunto intranquilo.

“No, ¿el tuyo?”, contesta, con rara prisa.
Dando vuelta, a la falda del monte miro;
sonrojado, exhalo un profundo suspiro
y mi gran pasión se torna en sonrisa.

 

Sol, luna, agua y arena

El sol poniente —moribunda fiera—
desciende lentamente, titubeante,
triste, como si apagarse temiera
en la hondura del océano vibrante.

Púrpura, naranja, amarillo y rosa
ya finalizan su breve aventura
y sucumben a un titán de negrura
que viste de luto la tarde hermosa.

Las sombras de tristeza hacen derroche;
mas, triunfante, sale la luna llena
a culminar los fortuitos rituales.

Pálidas luces desgarran la noche
y se escucha sobre la tibia arena
a las olas cantando madrigales.