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“Poemas ásperos y oscuros”, de María Cristina SolaechePoemas ásperos y oscuros
Extractos

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Se me dio

Para que sea
para quien soy
se me dio
un retazo de viento en la boca
un retal de vida trepando huesos
un poco de tierra en el regazo
una ventisca de esperanza
una enloquecida pregunta
un puño para deshilacharme
una gota de agua en la lágrima
un corazón bailando hasta agotarse
una mirada sólo hasta la colina
una charca de sal y una de sombra
un pájaro trinando al otro lado del paisaje
un árbol que sujeta mi aliento en su follaje
una piedra agazapada obstinada
un crepitar polvo palabras papeles
un último suspiro en la alforja

y aquello todo aquello
fuera del umbral
con la cancela cerrada
todo negado.

 

Desespero

Nadie habla de retornos
el aire no es aire
es su aliento
sigo la ruta de su voz
como sigo al viento
acunándolo en las puertas

mi poema
no es verso
es herida
quejido del pensamiento
lentitud silencio caracol
¿dónde se fueron los pájaros?
¿quién canta los días?

¿Por qué te empeñas en seguir a la rosa de los vientos?

¡un río!
te regalo un río
una corriente de perlas para ti

acaso
¿me dejarás sola en este peñasco sin alma?

 

¿Es él?

Hay un lugar
al trasluz de su mundo
donde su sombra llora
donde la amapola de su corazón
toca arrebato granate
donde las imágenes son leños
la hierba polvo
la piel escombros estrechos

el aire mueve los labios
y los labios son quejidos

alucinaciones

un cascarón de cuerpo
arrastra sin respiro
música que chasquea al oído
suspiros de seda mate
son los cansancios del barro
con los brazos al viento
y descalza el alma
la vida acallada en las manos
los dedos rumian su historia
reflejos del olvido en la rompiente
la lengua bordada en arena
la garganta piedra de aliento
y bajo la alambrada de su mirada
ojos de hombre adolorido.

 

La voz de la vida

La voz de la vida sobre la tierra
sobre asfalto selva y cancela
griterío temblor balanceo
olor a insolente musgo
rasante altiva doliente
voz de carbón diamante barro cerámica
aprieta en sus puños
copula en silencio
bramido corcoveo vorágine... casi con amor
susurros

indigente sobre el arco de la carne
acurrucada a la sombra del pensamiento
desprendiendo hollejos del sonido
agazapada en exilios de la memoria
charcos de recuerdos son los olvidos
es la voz de la vida sobre la tierra.

 

Aún

Buscando el alma
escarbé el cuerpo
escribí sollozos blasfemias gritos
cabizbaja
entré en mí sin haber salido
feroz el resplandor del naufragio
zarpando mi carne desmoronando imágenes
mientras me raptaba el tiempo
se me extraviaban los días
buscando los poemas heridos de silencios
cruzando la piel del otoño y la niñez
colgando mi sombra en la rama de un cují

aún

voy a vestirme para el barullo callejero
voy a desnudarme para el rezongo del amor
voy a teñir mis pupilas de nuevo
voy a engancharme el desparpajo en el cabello
voy a estallar en desasosiegos

es que me queda
el olor de la vida en la memoria.