El regreso del caracol
“Obra poética”, de Erasmo FernándezObra poética

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Poesía
Ediciones Mucuglifo
Mérida, 2008
ISBN: 978-980-6351-69-1
480 páginas

Aunque nacido en Chivacoa, Yaracuy, el poeta venezolano Erasmo Fernández ha hecho buena parte de su vida literaria en Aragua, específicamente en la ciudad de Maracay, donde está establecido desde mediados de los años 80. Es por ello que actualmente se le reconoce como uno de los autores aragüeños más importantes, si no el mayor de todos.

Sin embargo, Fernández fue, hace más de dos décadas, uno de los propulsores de Ediciones Mucuglifo, que desde nuestra ciudad andina de Mérida viene desarrollando una importante labor en la difusión de la literatura venezolana. Es por ello que ahora la editorial ha decidido reconocerle publicando su Obra poética, necesariamente incompleta por cuanto textos del autor se han repartido en publicaciones grandes y pequeñas, cuando no han quedado perdidas en algún rincón de su aventura cotidiana.

Obra poética reúne los libros Grietas de asombro (1977), Esperas y la ausencia (1978), Caminatas (1980), Amarga simiente (1983), Saldadías (1984), Medio mes más en el hospital (1993), Encarnado al vuelo (1998), Oficios de la lluvia (2000), Memorias y extravíos (2001) y El arco de triunfo de la tarde (2003). Todo un banquete para propios y extraños, pues la poesía de Fernández tiene uno de los más amplios registros que pueden hallarse en la literatura venezolana.

La antología permite, así, comprobar la evolución del trabajo creador de su autor. Grietas de asombro, por ejemplo, evidencia los primeros pasos de una búsqueda que se traducirá entonces en poemas en su mayoría muy breves, miradas profundas al universo y las preocupaciones de Fernández: “Soy una partícula movible / En cualquier recodo en el tiempo / Aquí errando sin poder evitarlo. // Mañana quién sabe si penderé de un árbol / o vagaré en el aire / o gotearé cristalizado sobre los peñascos”.

En títulos posteriores será frecuente ver en Fernández una poesía más testimonial que roza los límites de la crónica. Como en “Maracay 12 en punto”, de Caminatas: “La policía se va del área comercial, / hombres y mujeres van guindados en la patrulla, / llevan en sus bocas abundantes carcajadas / y un sabor a pulpa de duraznos / que le fueron decomisados a un niño”. El poeta ha descubierto ya las grandes preguntas en el fragor cotidiano de la ciudad que lo cobija y, al mismo tiempo, lo repudia. Así dirá en “Chanchullo”, de Saldadías: “Qué jefe de ciudad puede querer al poeta / si éste no lo admira ni le importan los desinflados chistes / en los medios de comunicación. (...) Por eso ciudad, patrón y poeta, / en estas lides no pueden tolerarse, / a menos que el peor desaparezca”. Y así en “Oh ciudad”, del mismo libro: “Ciudad jardín; / tibia, / de acuosas moralejas. (...) Aquí nace y muere la rabia, / el ladrón legisla, / impone moral y condena”.

Esto es más evidente en Medio mes más..., donde la poesía de Fernández se vuelve a ratos narrativa, para servir de herramienta utilitaria que le permita al autor contar un hecho concreto: un período internado en un hospital al que es llevado de urgencia por dos poetas amigos, una vivencia atroz pero invaluable que le forzará a sobreponerse al obstáculo de sus propias dolencias: “Quiero escribir o reescribir lo vivido / y lo perdido. Pero... fastidio”. Pacientes que comparten por unas horas el cubículo en el que atienden al poeta, pasan dejando su huella en el libro. Ancianos, mujeres, hombres “llenos de gritos” de cuyo destino, aunque llegue a dudarlo, logrará él salvarse: “La junta médica se reunirá / para discutir el caso. / A mi alrededor la muerte / afanosa recoge su cosecha”.

Su último libro muestra una poesía más alegre y desenfadada. El arco de triunfo de la tarde parece a ratos un libro para niños (está dedicado, de hecho, a la hija del poeta, Rosa Amazonia), como en su poema inicial: “Esta hoja de papel blanco / sin aparente atributo / pudo haber sido un desperdicio / mas tirado por la calle / y no lugar privilegiado / donde ahora flamea un POEMA / en todos los colores / para los niños del mundo”. Los objetos cobran vida como en la mente de un niño, pero con actitudes espoleadas por el maduro poeta: “Avergonzada frente al niño / que compró un helado / con un billete de cinco mil, / la monedita se paró de canto / para esconder la cara”. Se trata de una poesía más alegre, que celebra la vida y el poder de la metáfora.

El origen de este libro es, como ya explicamos, un homenaje. “Casi todos los que empezamos en Mucuglifo hemos publicado en este fondo editorial”, explica Gonzalo Fragui en el prólogo. “Erasmo no lo había hecho. Por eso, quisimos recopilar en un solo libro toda su obra poética, valga decir, su vida”.

Por otro lado, continúa Fragui, la publicación de esta antología pretende también ser un acto de agradecimiento hacia el poeta. “Agradecerle sus peleas con los gobiernos, con las modas, con los policías, con los papeles literarios, con las burocracias. Agradecerle al poeta sus enseñanzas, agradecerle su falta de método y de sistema, porque el poeta enseña sin el fastidio del facilitador, del tallerista, del funcionario. Agradecerle al poeta su bondad y su rabia, porque no hay poeta fácil. El poeta a veces también enseña pero los dientes”.

El regreso del caracol
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