Letras
Invocación a la menguante luna

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“toute ma clairvoyance intacte avec,
en plus, le droit béat à l'aveuglement”.

M. T.

Me desnudo enmascarada

Mi otro yo
nació de pájaros desconocidos
se disuelve cada noche en lunas de obsidiana
Es como el ojo del exilio
y celebra a diario
El misterio del eclipse

 

Memorias de una náufraga

Es el murmullo del oráculo —
Llega la noche y te sacude
Esa vieja angustia de saberte ajena
Exiliada dentro tuyo
Se asoma la luna y —
El tiempo es la visión voraz de una eternidad que se ahoga en el abismo
Huele a vida, pero siempre te nombra a tientas
Aquello que te arrullaba siendo niña
Y desaparece la única estrella
Que indicaba el fin de tu deriva
Palidece frente al enigma
La fuga que inventaste para verte libre
De sentirte hoguera
Gimes por llegar a algún lado
Por quemarte en otro fuego
Por entrar —cuando lo único que sabes es partir
Es hora de quedarte en algún lado
Aunque sepas que
El naufragio es tu único camino

 

Silenciosa vertiginosa

Entre máscara y espejo, nos encontró callando el día.

Fue una historia de silencio —
de un encuentro como grito, de gestos apenas pronunciados,
pero que llevaban en ellos el irrevocable abismo de una hoguera.

Y si es espejo —quién lo llama
Y si es máscara —quién la lleva
Y si es silencio —quién lo nombra

Nunca fue verbo mi silencio
Fue más allá del canto
Fue algo ajeno al soplo
Fue el silencio que a veces gime

 

Mentirosa vertiginosa

Entre máscara y espejo, nos encontró mintiendo el día.

Fue una historia de deriva —
de un encuentro como esbozo, de gestos apenas engañados,
pero que llevaban en ellos el irrevocable laberinto de una hoguera.

Y si es espejo —quién lo turba
Y si es máscara —quién se esconde
Y si es mentira —quién naufraga

Nunca fue falacia mi momento
Fue pura incandescencia
Fue algo ajeno al tiempo
Fue la verdad que siempre mengua

 

Canción de Marina

Si le canto a una visión
que al poseerme me desposeyó del día siguiente
si nunca hubo una mañana
en que yo pudiese adivinar sus ojos
si siempre erré buscándolo en otros marineros
si la búsqueda es lo que tanto anhelo
si la búsqueda es lo único que busco
SI ERRAR ES MI SIGNO
Y MI HOGAR LA MENGUANTE LUNA
Si Marina es mi nombre para ondear entre la vida
que sea de arena mi única vereda
y se escape entre mis manos
el ilusorio fin del viaje

 

Aviso de tormenta sobre Saturno

Intentaba evadirme por algún filo abandonado
(el despliegue del olvido en tierras conocidas)
Nombrarme en el espejo donde nada me veía

Fija la sonrisa
(áspero el resplandor)
Del otro lado del desasosiego
Se erguía el vendaval
—Y ahí me esperaba la ciudad sin límites

Huidizo el sendero
(abruptas las caderas de París)
Sin creer en los reflejos
Me disfracé de multitud

Y entre cada racimo de viento
Se me extraviaba la memoria
Se me borraban las ganas
Se me escondía una imagen
Se me callaba la vida

 

Ab imo pectore

Por la noche de San Juan hasta Marcelo

Eras la noche oscura
—el sol de jade negro, la dulce mortaja de mi hoguera—
Y eras el día errante
—el perfume más feroz de mis sueños, el centro telúrico de Buenos Aires—
Eras el escalofrío de mi ávida y silente piel
Me envolvías noche oscura desde el vientre de las sombras
Y una vez delirante —febril como cuando nace el alba—
Ondulé hacia los más lejanos resplandores de un eclipse de piedra
Noche —en tus aromas de azar
Di la vuelta a una isla infinita en trece cuervos
Noche, lamiste el vértigo como una llaga
Y me diste tu espacio ciego
Noche que cambiaste el vino en savia
Y me diste de beber el relámpago en la palma de tu mano
—Noche, haz que de tu copa herida me quede siempre la embriaguez
Noche que me guiaste por las huellas sordas del desencuentro
Que desdibujas
El silencio del tiempo en su altar de fauces
Noche que nos enredaste
—Y mi voz eran tus palabras
Y tus palabras eran mi deseo
Y mi deseo era tu grito
Y tu grito desgarró mi pecho