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Poemas

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El lápiz y el violín

Vivía un violín en tu lápiz
que solía reflejarse cual si espejo
en cada papel, en cada lienzo.
En azules círculos
laberínticos o concéntricos
se repantigaban las notas
a parir sus melodías de grafito.
Cuando empuñabas el lápiz
pujaban y gemían acaloradas
y de tu mano brotaban
aquellas viejas sinfonías.
Un día plomizo, de relojes dormidos,
el indómito violín se pegó al cielorraso
y allí quedó inerme y silencioso.
El lápiz entristecido bosquejó un piano,
reunió a los retoños para un “Claro de Luna”
y mientras tu mano acompasaba la sonata
se ahorcó con una cuerda abandonada.

 

Décima

No hay cauce para las penas
ni cristal que no se empañe
ni cielo que desentrañe
tanta lágrima en las venas.
Benditas las magdalenas
que lloran penas de amor
bendita la lluvia en flor
que desemboca en los ríos,
benditos los amoríos
sin vencido o vencedor.

 

Pintándote

Como si supiera, como si pudiera
a punta de pincel
romper esta estridente distancia
que se ensancha en el lienzo al esbozarte.
Como si supiera, como si pudiera
hacer que mi diestra llore
la tristeza otoñal de tu mirada
y mis labios no rompan en un beso
en el contorno perfilado de tus labios.
Como si supiera, como si pudiera
por azar descubrir el color
¡inventarlo!
para acercarme a vos y decirte que te amo.