Artículos y reportajes
Psicologia em curta-metragem (Psicología en cortometraje)
Reflexiones sobre el cine en el diván
Jorge Sanglard
   Traducción: Lívia Miglioli

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Jacob Pinheiro Goldberg. Foto: DornelasUna mirada múltiple hace que Jacob Pinheiro Goldberg transite por la psicología, literatura, cinema y derecho, siempre en la perspectiva de la comprensión de los conflictos que hicieron época en el siglo XX y en los primeros años del siglo XXI. La frontera es la patria de Jacob Pinheiro Goldberg, la esquina, su peregrinación. No es por nada que citó a Walter Benjamin en un epígrafe de su libro: “Como existen muchos caminos, estamos siempre en la encrucijada”. En la concepción del escritor y experto en psicología de la imagen, todo el mundo construye su película y nadie consigue huir del guión. Igualmente, las personas sin ningún contacto con el cine acaban creando e incorporando un personaje en su vida diaria y producen un guión, aun sin querer. El nuevo libro de Goldberg, Psicología en cortometraje (Editorial Novo Conceito), es un paso más en la trayectoria de un autor que no teme el desafío de revolver el pasado para discutir el futuro.

En una coyuntura globalizada y donde todas las cosas y todo el mundo están conectados, sea por el Internet, sea por el celular, o por el cine, o incluso por la tele, Goldberg argumenta que el guión de cada uno está en el aire y que no hay escapatoria. De esta manera, el “psicólogo de la poética” se sumerge en el universo del séptimo arte con una perspectiva “traviesa” o astuta de quien vislumbra, a partir de rollos y rollos de cine, una nueva utopía. A fin de cuentas, a lo largo de toda su trayectoria de vida ya vio desmoronar muros, sueños, virtudes, esperanzas y verdades y deseos. Pero nunca ha perdido la fe.

“Psicología en cortometraje”, de Jacob Pinheiro GoldbergSegún Goldberg, todo el estudio de comportamiento se basa en algunas perspectivas históricas. Contradictoria, paradójica y peligrosamente, en un proceso de actos instantáneos, se convive con el sincretismo, que es la posibilidad de comprensión libre, y con el totalitarismo, que es el fruto del miedo. Atento a lo que pasa a su alrededor, el autor destaca que las tribus urbanas, incluidas o excluidas en la masa, definen tendencias y prestan carácter al modelo del proceso social. Enfático, afirma que las fuentes de la imaginación y de la aventura son, cada vez más, esenciales para una nueva educación de los hombres y de las mujeres.

Nacido en Juiz de Fora, Minas Gerais, y radicado en São Paulo —desde hace más de cinco décadas—, Jacob Pinheiro Goldberg es un outsider y ha investigado el debate de ideas y la reflexión, y con eso ha causado mucha polémica. En el libro Psicología en cortometraje el autor promueve una embestida densa en el universo del cine, ora como espectador, ora como un atento observador del contexto social. Según Sandra Magalhães en el prefacio de la publicación, Goldberg, que es un cinéfilo por muchas circunstancias, exige del lector que reescriba, en la conformidad de su tamaño, una concepción de ser a partir del personaje.

La macro y la micro violencia de Brasil también están entremezcladas en el libro, donde propuestas polémicas, como la reducción de la edad penal y el endurecimiento de las penas en el país son valoradas y cuestionadas, teniendo la violencia abordada como referencia. Hoy, declara el psicoanalista, somos todos rehenes del bandidaje. Pero cambiar el juego exige que se cambien las reglas. Goldberg defiende que lo importante es el desarrollo de la visión crítica ante la realidad compleja y argumenta que es fundamental rechazar soluciones sencillas como el incremento del rigor de las penas, la reducción de la mayoridad penal y la criminalización de nuevas conductas. Y Goldberg, aprovechando un concepto de la procuradoradel estado de São Paulo, Ana Sofia Schmidt de Oliveira, advierte que lo esencial es adoptar, sobre todo aquéllos que estén relacionados al sistema, como policías, abogados, jueces o promotores, una postura de humildad, incorporando la creencia de que si el sistema deja de causar un mal mayor que aquel que pretende combatir, ya habrá hecho una gran acción.

El ser humano todavía no ha encontrado una fórmula para engañar su tendencia a la perversidad, enfatiza Goldberg. “Es cierta especie de tortura, mutila y mata con mucho placer. El ejercicio diabólico del sadomasoquismo. La respuesta está en la distinción, sublimación de la finitud, la única salida para el desespero del acaso, raíz de la violencia”. Y ese diálogo, que traba y destraba la palabra, es el que roza los idiomas, agrega el psicoanalista.

La opinión de Sandra Magalhães es que, “en su amplitud, Jacob Pinheiro Goldberg está construyendo una teoría brasileña de la psicología, con la mejor tradición de originalidad que captura en el humano, la libertad”. Y añade: “Me apropio de las palabras de Gilberto Felisberto Vasconcellos que, en una crítica publicada en la Folha de São Paulo acerca del libro Cultura de la agresividad, la edición de la tesis de doctorado en psicología de Jacob Pinheiro Goldberg lo encuadra en la manera de los nuevos filósofos franceses, que son representantes del postmodernismo”.

Psicología en cortometraje es calificado por Sandra Magalhães como otro turnover en la difícil e impresionante obra de Goldberg. Difícil como es su obra escrita y su discurso, disperso en conferencias y artículos en Brasil y en el exterior, en un proceso de torbellino de un peregrino que, alrededor de sí mismo, visita el mundo con una profunda militancia social que ya se incorporó a la propia historia de nuestra cultura. Impresionante, porque crea polémica, contesta, razona y hace apología de la desrazón, provocando la ira en los cobardes de espíritu, despertando la emoción en el humano.

El libro trae un análisis del comportamiento de muchas películas, directores y actores de cine, donde Goldberg analiza Matrix, Los pájaros, Crimen perfecto, Dois Filhos de Francisco, Secreto en la montaña / Brokeback Mountain, Meu Nome Não é Johnny, Cidade de Deus y Tropa de élite. Acerca de este último, el psicólogo afirma que el director José Padilha hizo en el cine lo mismo que Nelson Rodrigues hizo en la literatura: “Él mostró un punto de vista ‘brasileño’ acerca de Brasil, que nadie lo escribe, nadie lo filma, porque somos todos hijos de una cultura que se escamotea para evadirse. Una sociedad que no ve con miedo la visión horrorosa que la amenaza. Brutalidad, violencia, hipocresía, todo es tratado por el bies del tabú, de la falsa cordialidad. El individuo suele decir no con la sonrisa de un sí”.

Somos todos, y cada uno a su manera, prisioneros del pasado, afirma Goldberg: “En el ejercicio diario del psicoanálisis constato lo atemporal y lo inespacial del inconsciente. Lo que me pasó en la infancia está más presente, nostálgico y lacerante que el desayuno”. Y la obra es el ejercicio balanceado entre la omnipotencia del creador y la impotencia de la fragilidad del ser, proporcionando la interacción entre lo irreal y lo acontecido.