Letras
Opúsculo lírico

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Nacimiento de la Poesía

En la mitad de un brote naciente, en la región de ojos
ensimismados, retumban unos rayos encrespados,
crepitando al lírico sonriente.

Relucen libando de un torrente los deseos blanquecinos
soñados;
y en la mística caja de anonadados espíritus, repican cual
afluente.

Y el tiro de aves inusitadas lavarán unos míticos
anhelos, colmarán de alegría las usadas
costumbres, tradiciones, en fin celos, de viejos
bardos maniatados

que gozan, ya, de remotos recelos.

 

Plenilunio

Plenilunio: catarsis impregnada
de fértiles deseos, en la pena ociosa de proscritas
cadenas,
que guardan los ecos de luz curada.

Canto elegíaco que al aire esbozas
Odas puritanas de lunas densas,
el nombre límpido, tenor de tensas horas, enhebran alas
tenebrosas.

Fugitivas hembras rondan la mente
en los cantos eglógicos danzantes, en el deliquio triste,
inminente

de soledades turbias, errantes,
que al paso raudo, seco, estridente, se ahogan, estupefactas,
mucho antes.

 

Cenizas escarchadas

Del soplo de cenizas escarchadas, se forma en mí la volátil
y aleja duda incierta que invita a la vieja resonancia de
limpias carcajadas.

En la entraña huésped del sonido, talen siluetas de
mosaicos rojos, piruetean delgados, fríos despojos en el
rastro impecable de lo vivido.

Minuto: verdugo meditabundo,
polvo del silencio, rastro hirsuto renueva el éxtasis
tremebundo.

Sueño que flagelo aquel luto
de memorias del mito vagabundo, arenoso costal,
frío e impoluto.

 

Trébol de la Noche

Trébol sobrio de la noche infame, linda, tú, esos ocres de la
vida, renueva y vibra toda la partida incipiente que se abre
y que lame.

Espera el sórdido camino que sabe de blancos huesos
húmeros, anida, tú, el alma callada y sentida, interpreta
una lira comba, ave.

Y que el rumor invite al cielo espejo, que sólo escuche símbolo
sonoro,
que surja en laguna del fuego del oro,

que yerta en su frente es reflejo del vuelo incesante de la
hora, en la partida danzante y cantora.

 

Transmutación

El fulgor se muda de piel desnuda vuelta capullo y
crisálida clara, se despoja de carma y toda tara trémula y
seca, ausente en duda.

Camaleón sinuoso, ruleta alada,
en la noche, los placeres son otros, y tal vez en esto todos
nosotros nos empalagamos de ambrosía helada.

Y un rayo cruzará el estío
tal vez ese mismo viejo hastío

llevará bocanadas de infortunio, mancillará arreboles
de gentío en el cáliz doliente de Juno
que se trasluce en
la mente de uno.

 

Adolescencia

Del nocturno sínodo ambulante emerge la
transparencia etérea y anida la mirada en la cérea
pincelada del rubor rutilante.

Adolescencia, estado o alma sutil,
se viste del plumaje ufano y puro en él, se duerme por
un conjuro
al abstraer del tiempo la horda pueril.

Se encumbra el perfil receloso
que guarda reseco y sobrio las voces antiguas de un eco
proceloso;

su arte, su fuerza y sus veloces truhanerías se encierran
con gozo en claros cuerpos núbiles de hoces.

 

Psiquis

Mística sombra que oculta algo
en la humilde entraña lisonjera,
aplaca, ésta, una huella de la procera calma en que claudica un
hidalgo.

Los necios rastrojos invisibles clavarán Líricas lágrimas
grises,
evocaciones tontas y risibles.

Una esquila denueda del frígido silencio y su
concepción sorda extasiará de tedio el lívido
galardón que porta, y el eminente lloro que se regodea de
la gorda bronca, nacerá ocioso, en la mente
                  y será el gesto sublime de
tristes

 

Acontecimiento

Tu mies apegada al nectario
bendito de esos inmensos cipreses, bañan los sínodos de
largos meses que convergen raudos al trepidarlo.

Hendido en carnes abiertas por hierro gangrena la aorta de
celo y furia
y brota masa purulenta de injuria
del surco ceñido por el cual yerro.

Y el giro frenético, la hora encanta, ronda el sigilo de una
vaga oda su treno seco, la aurora canta,
moliendo el angelus de vida toda, bebe en un momento
bajo la manta el lloro legendario de la boda.

 

Tal vez

Tal vez es eso, la tragedia es una yunta de bueyes arando la
tierra. Es la hoz que corta el trigo. Es la sierra que
mutila el árbol, la red que atrapa al pez, la ciénaga que
ahoga al animal, el mar que abre la tierra, la muerte que
calla al humano.

 

Casi siempre

Casi siempre será un instante donde vuelen los sentidos... y así...
ido... regresaré pronto
con paciencia de alma,
sí, paciencia y tal vez con
un poco de maná.

 

Suceso

Tal vez no sé, son esas cosas de la vida
se ciernen las Ánimas cantarinas arrullan cuajadas de ocio
y fatiga. Yo sólo impreco callado.
Hay que seguir en la vereda sombría
caminar taciturno y despojado, sin nada, desnudo.
¡Tal vez, sí, con algo!, el alma...
pero alma... sí... alma,
cambia transfigurada en esperanza. La huella no es pesada
si lo fuera tendría firmeza lo que es, es vestigio apariencia
banal.

 

Ausencia

Estoy sin estar en este mundo
ajeno. Ajeno a toda bondad
que sirviere de ejemplo.
Aquí sordo,
raído del quejido ambiguo
que ronda sinuoso.
Aquel tenue hilo lánguido, que estruendoso
se mece en la imaginación aterida, cuando se
dijera sombría; oblicua que se otorga
a la pláñida y silente ánima ronda  cálida Voz
impía, cadencia sonora...
Luz, irradiación                                     escala
fulguración recóndita, intenso destello sonoro,
la luz, inmensa, eterna que regula la existencia.