Letras
Hormonas ideológicas

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I / Heavy

¿Cómo iba yo a saber que era lo que ese chamo quería? A nadie le explican eso. En estos días Sheila me dijo: “Amiga, ¿tú como que eres lesbia?”. Y yo: “Sí, pendeja, ¿para demostrarte que no soy lesbia tengo que acostarme con el primero que se considere Di Caprio? Tú sí que eres fanci”. Yo tengo que conocer bien al tipo, porque he escuchado unos cuentos de terror: que si el tipo se las da de galán y después no se quiere poner el condón, que se pone cómico y le da por drogarse o abusar demasiado. ¡Susto!, mejor me quedo tranquila. Si cualquier cosa, vibrador. La otra vez comencé a salir con un chamo bellísimo, burda de fino, full educado, me mandaba flores y todo. Me llevó a su casa, cenamos con sus padres como una familia de televisión: mantel rosado, flores, servilletas como coronitas sobre platos azules, todo así bien, de gente con plata más o menos ¿no? Cuando el chamo me llevaba a la casa nos dábamos los besos y tal; él iba para más, pero yo dura. Piernas trancadas, blindadas, algo me decía, todavía no, todavía no. Me regaló varios cidís, uno de Shakira y otro demasiado bueno, de Andrea Bocelli y Cristina Aguilera. Yo ilusionadísima, decidí de pronto que sí, que me iba con él desde el viernes para Choroní. Le dije a mi papá que iba a una investigación sobre cacao por esa zona, y me compré un tanga espectacular. Bueno chama, oye el cuento, el jueves fui a buscar mis notas, y cuando pasé por los bancos de la placita, estaba el tipo jamoneándose con una morenota de lo más chusma. La mona tenía unas tetas enormes y un culo martiniqueño. Casi me da un yeyo de la arrechera.

En la noche lo llamé, le pregunté toda gris, decente, ¿no? Y el chamo, cool: “Tranquila pana, cero stress, Yuleisi es un resuelve, novia never. ¿No ves que es niche? Además es fácil. Tú no, tú eres así como hija de familia, ¿no?”.

Na’guará e’rata. ¿Viste, marica? O sea. ¿Que si me bajo las pantaletas se acaba el amor? ¡Qué heavy!

 

II / Colaboración de clases

—Yo te digo brother, ella será sifrina y escuálida, pero está buenísima. Es una chama educada, no anda jamoneándose con nadie y tampoco está disociada con la política, o sea no es infofrénica, pués. Es un caramelo y hasta parece virguito. Ella se las da de arrecha; pero eso es estrategia defensiva. Yo la pongo suavecita.

—¿Y cómo vas a hacer, marico? Si ni siquiera te mira la barbie esa. Montada en esas súper sandalias de plataforma. Yo creía que la tipa hablaba sola, pana. Después fue que le vi el celular, como un cortaúñas en la oreja. ¿Tú crees que la lucha de clases es un episodio de Harry Potter? Enrolla ese papagayo y aterriza. ¿Adónde van a ir? ¿De qué van a hablar? ¿Le das una clase de consejos comunales, mientras van a la cooperativa a sembrar zábila, si le da un yeyo con el calor, la metes en Barrio Adentro y ya?

—Tampoco la cosa es así. ¿Cuál es el rollo, marico? La llevo a un concierto de la Sinfónica, a caminar en el parque, o nos vamos para la playa. ¿Tú crees que yo soy conejito? Esa lucha de clases se la escuché a mi papá, porque aquí no se ha planteado eso. Mi abuelo dice que los estudiantes universitarios somos revolucionarios sin clase (ni social ni de la otra) y que cuando nos graduamos y trabajamos nos volvemos oligarcas.

—La verdad es que ante un buen culo, no hay teoría revolucionaria que valga. Después hablamos, marico. Yo estoy full toda la semana con exámenes. Además estoy asesorando una cooperativa que ya está produciendo. Na guará, marico, a mi me llaman 800peo, en lo que se forman los peos me llaman. Y nada compañero, hay que resolver, nos montamos en eso a darle hasta que se resuelve. Y tú, déjate de olerle las feromonas a la escuálida esa que lo que está es vacilándote, cualquier día de estos te deja fly por uno de los jugadores de rugby con camioneta cuatro por cuatro.

 

III / Guácatela

—Ayer me encontré en la biblioteca con el niche ese chavista, él cree que yo no lo conozco, pero yo sí sé quien es él. Aunque se vista mejorcito que los demás y no se ponga la franela roja, aunque se las dé de educado y fino, quién sabe de cuál barrio horroroso vendrá. A mí no es que me molesten los pobres, pero, o sea. ¿De dónde son los malandros? Yo estudio burda y mis padres me dan todo lo que necesito, pero también me exigen.

—Entonces, esos malandros, ¿por qué no estudian?

—¿Quién sabe? Pero es así chama, en estos días mi mamá se empeñó en que fuéramos a visitar a su mamá, o sea, a mi abuela, pero mis hermanas no querían ir, hasta mi papá ¡puso una cara! Yo fui porque me dio lástima con mi mamá. Lo que pasa es que esa familia es un rollo. Es horroroso. Todos son pobres y la casa huele a grasa, a sudor, no sé, y los otros hijos de ella, o sea mis tíos andan en chancletas, hay uno que no trabaja ni estudia, se la pasa viendo televisión, y el otro trabaja en un taller mecánico, pero nada, después tú lo ves tomando cerveza. Es incómodo. Es lo que te digo, a ninguno de ellos se le ocurre estudiar. Se quedan ahí en su pueblo y ya. Será mejor así, porque los niches que se vienen para acá no estudian, salen mal, no tienen educación ni saben tratar.

—Ellos dicen que necesitan comedor, y arman una huelga por esa comida horrible, yo comí dos o tres veces ahí, me dio gastritis y me salieron gusarapos en los exámenes de heces que siempre me hago. Mejor que lo cierren. Ajá, ellos dicen que necesitan el comedor porque no tienen con qué comer, pero toman birras, yo los he visto. ¿Cómo así que no tienen para comer? Los demás no tenemos culpa de eso. No podemos perder clases porque unos cuantos niches se pongan cómicos y cierren la universidad. Yo no sé ellos, pero yo necesito graduarme.

—Bueno chama, yo no soy chavista ni como en el comedor, pero tengo una amiga que me consta, que si no come en el comedor se queda sin comer. Cuando cerraron el comedor me pidió que la invitara a comer a mi casa.

—No sé chama, hay que tener cuidado con eso, capaz que su papá es borracho y se bebe toda la plata. No puedo creer que no tengan dinero para comer. Bueno, no sé, de repente hay un caso. Pero lo más seguro es que esa gente se droga, por eso están pelando. Ajá, pero el muchacho ese del que te hablaba. Está bien bueno, me ayudó con el informe de fisicoquímica, y después me regaló un chocolate. Me dieron ganas de comérmelo, pero le dije que yo después de las cuatro de la tarde no como carbohidratos, full proteínas y vegetales. El tipo puso cara de ¿Qué? No entiendo y yo, gris. Chao pescao.

—Tú sí eres rata, jmm, tú querías comerte al chavista.

—No, que va chama, guácatela.

—¡Jmmm! Ya veremos.