Artículos y reportajes
Fotografía: Nick Koudis¿Cómo serán los libros del futuro?

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¿Leer en el futuro será cuestión de oídos y de vista? ¿Leeremos a elección a través de las computadoras los libros, capítulos, artículos periodísticos de nuestra particular apetencia? Sí, ya leemos así: con sólo apretar un botón aparecerán en la pantalla las páginas, los esquemas, los dibujos deseados y una voz de mujer o varón (también a elección) nos hacen gozar de los contenidos.

¿Habrá ya, entonces, libros con soportes electrónicos en librerías, bibliotecas, escuelas y kioscos callejeros? ¿Habrá disponibles libros para escuchar y leer en las pantallas de relojes, celulares y en las vidrieras? Sólo será cuestión de elegir, teniendo la suerte además de ir reconociendo los objetos y el paisaje por los aromas y olores.

De verdad, tal tipo de lectura será deslumbrante y cada uno de nosotros tendrá la posibilidad de complicarse directamente en la trama.

¿Serán así los libros del futuro? ¿Leeremos proyectando el contexto de cada página en pantallas escolares áulicas y/o familiares, claro, para todos sin discriminación? ¿Reconoceremos a los personajes por las modulaciones de sus respectivos tonos de voz? ¿Habremos aprendido a comprender los textos interpretando esas modulaciones en un abrir y cerrar de ojos?

¡Atención!, en todos estos casos, seguramente, también habrá que recurrir al libro escrito, al texto MADRE, al autor y a sus otras creaciones literarias para interesarnos más, para comprender mejor.

Los sistemas tecnológicos informáticos por ser electro-dependientes podrán interrumpir esas lecturas tecnificadas ante la ausencia o carencia de energía, pero el LIBRO seguirá allí.

Porque la lectura puramente electrónica puede llegar a ser un elemento de exclusión, de marginación social y cultural, pero el libro, ese que tenemos en nuestras manos, el de leer en cualquier sitio, el de llevarse en el bolso o el bolsillo, tendrá siempre mayor posibilidad de abrirse a todos y a todos los niveles, y estará siempre allí creando espacios para que la gente pueda, de cualquier modo y con muy pocos elementos externos, leer, recrearse, imaginar y escribir.

El libro escrito, el de ayer, el de hoy y el de siempre seguirá proponiendo la textura de la vida, la sobrevivencia espiritual, la expresividad humana, el vuelo libre del pensamiento en busca de la Verdad.