Artículos y reportajes
Inefable Fanny, adiós

Fanny Mikey. Foto: Federico Ríos (Elespectador.com)

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Durante el Festival de la Palabra en Armenia el sábado en la tarde Samaria Márquez, su organizadora, a nombre de todos los amantes de las Artes que estábamos presentes en el Teatro de la Cruz Roja, rindió homenaje a la impulsora, amante en toda su acepción, del Espectáculo en las Tablas que fue Fanny Mikey. Recordó cómo desde su llegada de Argentina con Pedro I. Martínez y de adoptar a Colombia como el Escenario de su vida le entregó su roja alma, su sonrisa de mujer y actriz y su tesón, día por día, sin descanso.

Fanny puede ser conocida en otros países y haber traído elencos enteros de artistas extranjeros —los mejores— a mostrar las obras de teatro que el mundo producía. Vinieron dragones de la China, compañías de Rumania, de Italia, Brasil, México, Canadá, Suiza, de Alemania, Francia, de Argentina, de Rusia. Se alió con los teatreros vernáculos e incluyó en su ghetto a cuanto grupo hay en ciudades y pueblos colombianos. No se puso a pensar si era difícil hacer Cultura en Colombia, si la mejor producción era costosa, si eran católicos o ateos o sacrílegos los libretos, si estaban vestidos sus actores o andaban desnudos y hacían gestos escabrosos. Si había verano o si el invierno permitía las funciones.

Comenzó en Cali y Bogotá la robó para su fóyer y sus telones. Desde que pisó la tierra fría y cultural del altiplano, se empeñó en convertir la capital en ojo de huracán y nido de rábulas del arte de Eurípides, Esquilo, Sófocles, de Shakespeare, Brecht, Ionesco, Fo, Williams, Buenaventura. Visitó a Colombia y habló, llenó teatros, organizó funciones y construyó la sede del Teatro Nacional, símbolo de su energía. Siguió adelante y convocó cada dos años el Festival Iberoamericano de Teatro, el más grande del mundo, hasta llevarlo a su undécima edición con lujo de elencos, obras y actores y tendencias.

Trajo por primera vez artistas desconocidos en el continente, deslumbró con obras raras, compañías vinieron a enseñar nuevas técnicas y mostrar con caretas, pinturas en el cuerpo, y escenarios jamás pensados que el teatro es un mundo todos los días. Exploró cómo hacer posible entender lo que piensan y quieren expresar otras lenguas y culturas. Rompió barreras, abrió puertas, innovó la manera de hacer aparecer ex machina personajes, hologramas, ángeles y dioses muertos.

Al evocar su boca larga y su carcajada llena, elevamos un suspiro hondo que llegue hasta los oídos de Melpómene, de Perséfone, de Medea, de Eurídice, de Edipo y de todos los personajes, sus amigos, para que no se lleven entre el maquillaje la memoria y el legado de la Mikey. Para que su obra generosa pueda más que los deseos y los discursos.

No pediremos a la Musa del teatro que nos regale a otra Fanny. Agradecemos hoy a ella el regalo de su vida, el afán incontenible con que trabajó todos los días por sacar de entre los guiones, el humo y los fosos, el parlamento, las voces y visajes, los sonidos, la burla y los quejidos que nos trajeron los buhoneros y los locos de la escena por arte de su mano. Por los momentos de suspenso, de dolor, de risa y colas en la fila que ella prohijó, brindemos una copa y sigamos comprando la boleta, para que se alcen de nuevo los telones.