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Jotamario Arbeláez recibió en Caracas el Premio Valera Mora
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El pasado miércoles 29 de octubre se celebró, en la Sala de Teatro 1 de la Casa de Rómulo Gallegos, el acto de entrega de la segunda edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, que este año recayó sobre el poeta colombiano Jotamario Arbeláez por su obra Paños menores, tal como informáramos en nuestra edición 194.

El evento contó con la presencia de Iván Padilla Bravo, viceministro de Cultura para el Desarrollo Humano, Roberto Hernández Montoya, presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), y el poeta venezolano Enrique Hernández D’Jesús, miembro del jurado de esta segunda edición.

“Nuestra América se ha especializado en la fabulación, la invención, la figuración, la apropiación del mundo a través de una demiurgia particularmente productiva, es decir, un principio creador, propositivo, inventor”, dijo Hernández Montoya al dar inicio al acto. Por su parte, Padilla Bravo expresó su honor hacia el escritor ganador leyendo “Paño de lágrimas”, uno de los textos del libro ganador.

“Me toca enfrentar este reto, que excede mis dotes líricas, porque me ha sido imposible encontrar un amigo a quien encargarle semejante compromiso”, expresó Jotamario Arbeláez luego de haber recibido la premiación y del bautizo de su libro.

Arbeláez manifestó que el diez por ciento de los cien mil dólares que comprenden el premio Víctor Valera Mora será donado a Cuba para auxiliar a las víctimas del huracán Eisenhower. “Estoy seguro de que Cuba va a recibir con beneplácito este verde aporte poético. No colaboro con más, porque mis finanzas pasan actualmente por un crack similar al de Wall Street”, dijo el escritor.

Hizo referencia, asimismo, a la figura de Víctor “El Chino” Valera Mora, y se atrevió a reconstruir su poema “Oficio puro”. Además, mencionó la importancia de los poetas venezolanos en la literatura de América. “Paños menores es el resultado de 44 años de trasegar, escrutando los pasos de Cardenal, de Rivero, de Palomares y Jaramillo Escobar por el tema de la ciudad, de mi padre y de su oficio, la sastrería, del que desistí por meterme de poeta en el nadaísmo”, afirmó.

Arbeláez aprovechó la oportunidad para anunciar la muerte del nadaísmo, después de cincuenta años de operación, alegando que es imposible continuar con ideas encontradas. Concluyó sus palabras de agradecimiento diciendo que ha aceptado para la poesía nadaísta “el homenaje que aquí se le rinde, el diploma de honor que me honra, la medalla de oro que me orea y el generoso cheque bolivariano que se me alarga, y tengo prisa en endosarlo”.

El acto culminó con un recital de poemas de Víctor Valera Mora y Ludovico Silva, y la presentación de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho.

Fuente: Celarg