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Poemas

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1.

Sé de una roca que tañe en mi cabeza.
De un viento nombrándome a pedazos
mientras sueño a solas.

El manicomio descolocándose
entre barullos distendidos.
Haciendo columpio de mis neuronas.

El tiempo acostándose en mi boca.
La saliva escupiendo labios
cuando el espasmo se atasca en la garganta.

...Me cuelgo y me destejo a profundidad.

 

Fue mi culpa

Fue mi culpa
por aceptar tu lengua detrás de mis rodillas.
Fueron mis senos
 mitad color leche y mitad horizonte.

Por eso te hiciste pequeño
En mi burbuja interplanetaria,
En mis ríos de saliva opalescente.

Porque me atreví a romper
 mis labios ultramarinos
para que padecieras
derretido en mi estrechez.

Por ello mutilé tu yugular con un mordisco.
Por ello tu savia vino a morir sobre mi vientre.

 

Mientras tanto

Mientras nos amamos tejimos redes
comunicantes entre tu espasmo y mi destino:
te arrullé en mis formas,
te hice un espacio en mi ombligo,
horadé con mis labios
tu despuntada saliva.

Dilapidé mis pasos en tu iris estrábico,
en las córneas que volaban hacia mi piel
ahí donde tus manos no podían alcanzarme.
Me dejé hacer por la pantomima de tus dedos
—diez tejidos puntiagudos luchando a traspasarme—
Y nuestras mentes, obnubiladas de fertilidad
hasta desencajar los gritos.
Y luego el juego de la intromisión
 (Y mi alma tasajeando tus velocidades)
y luego el bagazo y la invisibilidad de mis lamentos,
mis pesares a tan altos decibeles.

Después otras nadas:
Desanudar el antifaz ceñido a la comisura de los ojos
Aflojar la mordaza a punta de palabras
Aprehender nuevas lenguas
...Comenzar a cotejarte en el olvido.