Letras
Poemas

¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

Aprender...

Aprender de las aves risueñas que no siembran ni
cosechan y el Padre llena sus alas de alados vuelos
de sangre.
Instruirse de los perros mahatmas que siempre duermen bien
replegando sus velas.
Hasta del cielo con su gema encima que sólo puede mirarnos nos enseña
la absoluta y cósmica confianza, ensimismándose y aceptándose.
El arco entregado del pecíolo nos dicta una cátedra de belleza bullente.
El desierto florece y abre sus manos con sus sibilinas joyas encima. Y nadie sabe cómo pudo ser el prodigio, es el docto mensaje que hemos de colgar
en las perchas del espíritu.
Por los gorjeos, saber. Las montañas maestras emiten
sus palabras de piedras azules donde el ocaso vierte sus semillas bellas.
Si no hay nadie, pero está el collar de los trinos en la ventana vetusta
y qué dice sino del resucitante amor.
Y el agua. Qué dice el agua ondulante dándose siempre mientras
se deshace en nuestras manos como la mejor hermana que tiene la tierra.
Oíd al planeta lleno de mansedumbre que se deja hollar por nuestros pies más frágiles que un ramo de aire.
Todo ora. Todo nos envuelve en su evangelio perenne.
Sea coronado el universo con nuestros himnos o latidos.
El alma de hinojos se alimente de estos signos, de estos símbolos.

 

El sonido del otoño

Entre tus dedos yazgo. Soy tu hoja de otoño. Mírame. La más pequeña brisa me hiere.
A tu aliento voy mientras me aduermo. A tu mar entro como otra gota sencilla y mansa.
Me han dejado así los días y las lluvias. Mi pecíolo se arrastra sobre la arena del mundo.
Estuve en la cumbre y me bañaba la luz y sonreía. Brillaban mis mejillas
en el dorado beso transestrellas. Hoy vivo en Tu respiro y por tu amor existo todavía.
Si no me besas me deshago como la ola que se vuelve al horizonte.
Como la aurora tímida de los planetas obscuros. No hago mi palacio sonrosante, mi arco triunfal.
Sólo puedo ir hacia Tu Pecho. En Tu Abrazo existo y soy y tu susurro respondo.
Hago los giros que me dictas. No puedo más. Porque escribes en tu palma conmigo tu poema.
Creas la Belleza con mi cáscara herida y con mi sombra.
Bajo tu mirada me acomodo y Tú haces de mí tu poesía. Como bordas el desierto. Decoro
Tu universo.
Y así me amas.

 

En tus manos...

En Tus manos se disgrega el otoño. Cierra lentamente
sus ojos sobre Tu Corazón. Sólo yo veo
los párpados cerrados de las hojas. Siento
el musitar de despedida de ellas, en las ramas como signos
escritos por Tus manos. Porque me envuelvo en la inmensa capa de silencio
que tiene el universo bullendo luz. El mundo no sabe que pisa un templo
y que tiemblan las hierbas sacrosantas. Bala la cabra montaraz entre las ráfagas rojas
perdida en los túneles de la guerra.
No sabe el mundo que es sagrado
el suelo que pisa, de esta tierra encinta. Oh cómo doblan el cuello del bosque
y de los pecíolos infantiles a sus pies.
El sol eucarístico posa sus hostias de luz
sobre los pétalos. Pero sólo yo celebro
esta liturgia. Alrededor
los ritos del infierno donde todo tiembla. Tiembla todo
como un ángel cazado.