El periodista mexicano de origen español, Paco Ignacio Taibo I, uno de los más destacados en el mundo de la cultura de México, falleció este jueves 13 de noviembre a los 84 años a causa de una neumonía y luego de varios años de padecer el mal de Parkinson. Sus restos fueron cremados el viernes, a las 11 de la mañana, en ceremonia privada.
Su casa en la calle de Culiacán, en La Condesa, recibió a los amigos que fueron a ofrendar su último adiós, aunque como él mismo lo hubiera deseado —según dijeron dos de sus tres hijos: el narrador Paco Ignacio Taibo II y el poeta Benito Taibo, así como su nieta, la fotógrafa Marina Taibo III—, la atmósfera de la casa fue envuelta más por el buen ánimo y la evocación que por la tristeza, pues Taibo I vivió de manera “intensa, apasionada, generosa, honesta, congruente y con un sentido del humor muy potente”.
“Aquí recibió siempre a todos su amigos y hoy los recibirá también”, explicó el poeta Benito Taibo, quien señaló que su padre murió “completamente tranquilo”. “Fue el maestro de muchas generaciones de periodistas con un ejemplo ético” a lo largo de una carrera de más de sesenta años.
Paco Ignacio Taibo II, director de la Semana Negra de Gijón, dijo que el periodismo era, para su padre, “una mezcla de técnica y oficio con llama sagrada; no lo consideraba un negocio sino una misión, la voz de quienes no la tienen; él decía: trinchera que agarres, úsala”, y agregó que siempre le enseñó “las artes de resistir”.
Recordó “su extraño respeto por la televisión”, su crítica a la izquierda por sólo satanizar a ese medio y dejar libre esos espacios para que “se cuele toda la mediocridad”, su conflicto con Emilio Azcárraga o sus aportes cuando dirigió los noticiarios del Canal 13. “También usó el cine y la gastronomía para hacer sociología”, dijo, y resumió: “Fue un privilegio haber sido hijo de Paco Ignacio Taibo I, desde todos los puntos de vista: profesional, personal, amoroso”.
El poeta Benito Taibo dijo: “Mi padre deja una enseñanza moral y ética, que es lo más importante. Ha sido un privilegio ser su hijo y un verdadero honor, porque no era sólo un padre sino un maestro. Papá siempre pensó que este era un mundo maravilloso, a pesar de algunos de los habitantes del mismo. Él fue alguien que hacía un tributo y un homenaje constante a la vida. Pese a sus muchas enfermedades en los años recientes, te acercabas a él y siempre seguía sonriendo”.
Incluso la nieta, Marina, hija de Taibo II y de la promotora cultural Paloma Sáiz, directora de la Feria del Libro del Zócalo, compartió varias anécdotas, como cuando viajó toda la familia a Nueva York, ciudad que le gustaba sobremanera a Taibo I, o cuando ella visitó por primera vez París con sus abuelos.
Exiliado de España en 1950 con su familia por su militancia socialista, el periodista y escritor nacido en Gijón, en el norte de España, comenzó como cronista de ciclismo y fue autor de medio centenar de novelas e innumerables artículos periodísticos. De su profesión llegó a decir que no era “más que convertirse en una extensión de los ojos que no están allí para ver, los oídos que no están allí para escuchar y en algunas honrosas ocasiones, en la voz de los que no pueden hablar tan alto como quisieran para ser escuchados”.
“El Jefe”, como le llamaban incluso sus hijos, Benito Taibo y Paco Ignacio Taibo II, había recibido en 2006 la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil que le otorgó el Gobierno de España. Además, el creador del personaje de El gato culto, una tira cómica, recibió varios importantes homenajes, entre ellos uno muy sentido por su aportación al periodismo cultural en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) de 2004 y el Premio Nacional de Periodismo por su trayectoria en mayo pasado. En el discurso de agradecimiento por ese galardón exhibió su proverbial buen humor citando a El gato culto: “Los premios no me importan excepto cuando me los dan a mí”.
Entre sus obras destacan María Félix, la Doña; El cine por mis pistolas; Siempre Dolores y Para las aguas del olvido (2005), que contiene la primera parte de las memorias de Taibo I, desde su infancia hasta 1945, poco antes de abandonar España.
Fuentes: EFE • La Jornada