Artículos y reportajes
Al pie del Támesis, de espaldas a la sexología

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Como creemos haberlo probado en varios artículos, Flores, 2006, el escritor peruano Mario Vargas Llosa (MVLl), no parece tener una visión informada de la sexualidad, fácil de constatar cuando se revisa su producción de ficción, ensayos, entrevistas, artículos y declaraciones. Al pie del Támesis (Al pie...), desde la perspectiva del saber sexológico contemporáneo, no hace más que ratificar lo afirmado.

En este artículo examinamos las afirmaciones sobre asuntos sexuales de los personajes de la obra, contrastadas con las afirmaciones del mismo escritor. Empezaremos con un comentario de las relaciones entre la ficción del libro y las propias ideas del autor y luego lo que nos dice MVLl en el Prólogo acerca de las dificultades que enfrentó al usar el fenómeno transexual como un insumo para la imaginación.

A continuación, nos detendremos en las referencias sobre la transexualidad que puede encontrarse en Al pie... y también a algunos aspectos más generales sobre el sexo. Finalmente, verificaremos cómo algunos críticos literarios participan, inducen y son inducidos, en que MVLl pase por encima de los errores que exhibe acerca de la sexualidad normal y patológica.

 

Ficción y realidad

Las relaciones entre la ficción creada por un autor y la realidad de su pensamiento la hemos tratado en otro lugar, Flores, 2008, y creemos que resulta lícito establecer un vínculo creíble a partir de sus declaraciones y entrevistas.

Es así como, en una conversación con Eráusquin y Sotomayor, 2008, MVLl hablando de su obra teatral, dice que ésta es pura fantasía. De manera que, ateniéndonos a estas sus palabras, pareciera, con la reserva del caso, que no tendría sustento deducir lo que él mismo piensa sobre la sexualidad a partir de lo que digan sus personajes.

Transcribimos parte de la entrevista mencionada:

Correo: —Claro, y ahí aparece esa vida paralela que es ficticia...

MVLl: —Como la tenemos todos, pues todos los seres humanos sin ninguna excepción tenemos la vida real, la que vivimos, y una vida más bien secreta, que es la vida de nuestros deseos, nuestras fantasías, nuestros sueños; esa es una vida paralela a la que todos nos abandonamos, a veces por instantes o a veces de una manera involuntaria como cuando soñamos, o a veces, como sería el caso del Chispas, que en pequeños espacios de libertad que tenemos nos salimos de nosotros mismos y vivimos experiencias que son puramente fantaseadas. No totalmente gratuitas, porque en el fondo de todas las fantasías hay algo secreto que aparece. Ahora, ¿qué es lo que aparece? Yo no sé, no sé más de lo que está en la obra, pero creo que ese tema de la ficción y la realidad, la fantasía y la vida vivida es un tema central en la obra, probablemente más importante todavía que el tema de la identidad sexual.

En este párrafo MVLl destaca el carácter de fantasías de Al pie... pero cuando, repetimos, contrastamos lo dicho por los personajes de ficción y sus propias ideas, recogidas en abundantes exposiciones y reportajes, podemos comprobar que hay una gran similitud.

Más todavía, en una entrevista que le hace Escribano, 2008:

Escribano: —La transexualidad es el tema de Al pie del Támesis, ¿ha puesto sobre escenario un problema de identidad?

MVLl: —Sí, eso es exactamente. Es la identidad, sexual, sí,1 pero digamos es la identidad. Yo creo que es un tema muy fascinante porque es un tema que tiene que ver con la libertad humana. Creo que la verdadera libertad humana significa para un individuo poder elegir totalmente su identidad. Es decir, en qué dioses cree o no cree, dentro de qué cultura va a vivir, qué lenguaje va a ser fundamentalmente el suyo, qué convicciones, qué principios, qué valores van a ser los que normen su vida y cuál va a ser su sexo.

Se repite lo mismo en Paz, 2008, “Siempre he pensado que si eso que llamamos civilización tiene sentido”, explica MVLl, “si hemos progresado hacia formas más libres y dignas de vivir, eso se manifiesta en que hombres y mujeres pueden escoger su identidad, su dios o negación de dios, su sexo”.

Nuevamente, podemos encontrar el mismo pensamiento en Planas, 2008a:

Planas: —¿En la obra, el personaje del transexual es un motivo para reflexionar sobre la identidad, un tema tan presente en sus ensayos?

MVLl: —Pues mira, creo que la identidad es algo que nosotros construimos, no es algo con lo que tú vienes al mundo. Signo de civilización es que una persona pueda ir construyendo su identidad a partir de iniciativas tomadas libremente. Si la identidad es impuesta, esta es una forma de esclavitud. Y creo que eso existe en comunidades muy primitivas, en las que el individuo es sólo una parte de la tribu. Al no tener posibilidades de sobrevivir separado del contexto social, entonces la tribu le impone una identidad que le permite sobrevivir. Pero luego la civilización va permitiendo que el individuo se desgaje de esa comunidad y que vaya teniendo una autonomía cada vez mayor para elegir su dios, sus costumbres, su lengua, su sexo.

Está claro entonces que el literato afirma que las personas eligen su sexo, es decir si serán heterosexuales, homosexuales, transexuales, todo por libre elección. Hay razón para creer que piensa lo mismo respecto a travestistas, pedófilos, apotemofílicos y toda clase de parafilias. En resumen, las personas con desviaciones sexuales, que les causan gran sufrimiento; deterioro a ellos, a sus familias, a la sociedad e incluso son pasibles de sanciones legales, escogerían libremente la condición que les acarreará todos estos males.

Sería de más decir, de acuerdo a la información básica que ofrece la sexología, que las ideas de MVLl respecto a la elección por parte de las personas de su identidad sexual, no tiene ningún sustento científico.

Incidentalmente MVLl cerrado en una posición dogmática en torno a la sexualidad descalifica, en otro momento, el trabajo científico, que deviene justamente en encontrar un orden en los fenómenos que estudia y por eso las propuestas de nomenclatura y clasificación de los problemas: la Organización Mundial de la Salud y todas las instituciones que aglutinan a los profesionales de la salud mental asumen un determinado ordenamiento de los desórdenes sexuales.

Veamos al respecto su declaración al periodista, Planas, 2008a:

Planas: —Para el texto de “La Chunga”, usted utilizó como epígrafe una frase de Oscar Wilde: “La verdad es raramente pura y nunca simple”. Esta sentencia podría ser aplicable a toda su obra teatral: la búsqueda de la verdad desde la realidad y lo imaginario.

MVLl: —Creo que hay verdades y mentiras, pero que la frontera entre ambas nunca es nítida, como creen los fanáticos. La verdad es muchas veces compleja, ambigua, tienes que hacer un enorme esfuerzo para aislarla. Muchas veces esa ambigüedad debería llevarte a ser prudente. Siempre la realidad humana es mucho más sutil, más imprevisible, más compleja, que lo que pueden interpretar cualquier esquema racional. Probablemente, si hay un aspecto de la realidad humana donde eso sea más evidente es en el sexo, algo que siempre se ha querido catalogar, clasificar por los dogmas, por la visión religiosa. En realidad el sexo es siempre mucho más imprevisible, escurridizo y complejo, es uno de los aspectos de la persona donde más se ejercita la libertad.

 

El Prólogo

Como hemos podido constatar y lo vemos nuevamente al examinar el texto de la obra, las ideas que expresan los personajes de Al pie... son muy parecidas a lo que realmente piensa el escritor. Pasemos ahora a examinar el prólogo del libro en el cual se trata de los orígenes del mismo.

Veamos, para empezar, la reacción atónita de un escritor amigo suyo cuando se le presentó, después de algunos años, un crítico literario convertido en “mujer”. Resulta comprensible la reacción sorpresiva ante un fenómeno tan extraño como es el transexualismo en cualquier persona que no tenga la práctica clínica de un psiquiatra o un psicólogo. Lo mismo ocurre cuando la relación sexual entre dos hombres da lugar a una actitud parecida, que equivocadamente se ha dado en tachar de “homofobia”, Flores, 2007.

MVLl cuenta que Cabrera Infante le dijo: “Me llevé la sorpresa más extraordinaria de mi vida”... “El Esdras Parra que me tocó el timbre y entró en mi casa ya no era el mismo, sino una señora con todas las de la ley” (p. 1).2

En otro momento, en el mismo Prólogo, al recordar la idea primaria que dio origen a la obra, el escritor menciona que uno de los protagonistas habría “mudado de sexo”:

“...en ese encuentro, uno de ellos descubre que su amigo ha mudado de sexo, de maneras y apariencia, y, en resumidas cuentas, de ese híbrido que llaman la identidad” (p. 2).

Es posible que el autor este usando “mudar” en su primera acepción y no en el sentido de ponerse otra ropa o algo parecido, que podría ser el caso, dada la usual superficialidad con que el literato trata estos temas.

Pero donde vuelve a equivocarse es en calificar a la identidad sexual como “híbrido”. Al revés, el fenómeno de la identidad sexual es muy bien delimitado salvo cuando se trastroca, es decir en los trastornos de la identidad de género o en el intersexo, pero estas son condiciones patológicas, Diamond, 2006.

Más allá cuenta MVLl que le tomó cinco o seis años terminar de escribir la obra. Se entiende la demora porque la transexualidad es una entidad muy compleja, misteriosa, difícil de explicar, que toca un aspecto central de la sexualidad humana: los trastornos de la identidad, frente a los cuales la ciencia médica continúa desconcertada, Smith y cols., 2005.

Desde luego que escribir una obra de ficción alrededor de la identidad sexual resulta doblemente complicado, peor aun si no se tiene un conocimiento a fondo de los constituyentes de la sexualidad humana y no se acude a fuente especializada.

MVLl nos informa: “...Al pie del Támesis sería, con el relato ‘Los cachorros’, que escribí en los años sesenta, la historia de la que haría más versiones hasta llegar a una que me pareciera aceptable” (p. 2) y “...porque no percibía en él misterio alguno, y porque, ocurrido el encuentro inicial, la gran sorpresa de Chispas al reconocer, en la mujer que lo visita en su suite del Savoy, a su mejor amigo de infancia, el desarrollo se volvía estático, previsible y hasta rígido, e iba languideciendo y marchitándose” y “de este modo, también en esta obra, por encima o por debajo de los que yo quería que fueran los temas centrales de la historia —la amistad, la forja de una identidad como un acto vital creativo y rebelde, los rituales y maleficios del sexo en la secreta vida de las personas” (p. 3).

 

La obra

A poco de iniciado el texto, en el diálogo de los dos únicos personajes que animan la obra aparecen términos comunes del habla popular para referirse a la homosexualidad: rosquete, mariconerías, etc. Seguramente, la necesidad de comunicarse fácilmente con el público le impide al escritor ahondar en el desgarramiento y dramáticas contradicciones, reales y simbólicas, implícitas en la homosexualidad.

Chispas: “(Reviviendo la escena, frotándose la boca.) Yo sé muy bien lo que te pasó, Pirulo. Que eres medio rosquete, tú. Pero, mucho cuidadito, conmigo no van esas mariconerías, te lo advierto. La próxima vez que hagas algo así, no sólo te parto la cara, sino que te arranco la cabeza. Ya lo sabes, mariconcito de mierda” (p. 39).

Avanzada un poco más la lectura surgen nuevos errores. Cuando Raquel habla de su acercamiento “homosexual” a Chispas, en la época de su juventud, y la expresión de asco que a éste le había provocado. Acá MVLl se aproxima a las parafilias en términos abstractos y hace suya la visión espiritual de Raquel, olvidándose por completo del componente biológico y sensual de cualquier aproximación erótica:

Raquel: “No, Chispas. Era algo más delicado. Más puro. Más espiritual que esa palabra que tú usas como si fuera una palabrota asquerosa. Era una manifestación de amor, Chispas”... “De un amor puro, limpio, tierno, decente” (p. 45).

Más adelante, y que podría aceptarse sólo por tratarse de la economía del relato, explica que la decisión de la reasignación quirúrgica de Pirulo fue impulsada por el rechazo de Chispas a su acercamiento sexual.

Raquel: “Todo lo contrario, Chispas. Le hiciste el favor de su vida. Pirulo no te guarda rencor por aquel puñetazo. Te está y te estará eternamente agradecido” (p. 47) y “Sin ese puñetazo, jamás me hubiera atrevido a dar el gran paso. A irme de mi casa. A venirme a Europa. A aceptar mi realidad, mi naturaleza, mi verdad” (p. 53).

En realidad un transexual no toma una decisión de esa naturaleza, la llamada reasignación quirúrgica, en base a un episodio anecdótico, sino en función de una sensación y convicción muy sólidas que vienen desde niño. Están seguros, como ellos mismos dicen, de “estar en un cuerpo equivocado”.

Mario Vargas LlosaChispas de pronto toma conciencia de que Raquel, antes Pirulo, es ahora una mujer. ¿Cómo se dio cuenta de esa nueva condición? No se explica en la obra. Es posible que MVLl no tenga material para describir cómo una persona común y corriente podría descubrir que alguien cree no ser del sexo que representa. Salvo como en el caso de algunos transexuales, que no era el caso de Pirulo, que un amaneramiento y una apariencia física muy femeninos los delaten.

Chispas: “Bueno, bueno, bueno. (Le sobreviene un ataque incontenible de risa.) Perdona, Pirulo, te juro que no quiero ofenderte. Pero todo esto me parece muy cómico. (Otro ataque de risa.) Yo te vi calato muchas veces...” (p. 48).

En otro momento Raquel describe cómo vivió la reasignación quirúrgica de cambio de sexo, pero contradice totalmente la verdad clínica. El transexual no necesita ser operado para sentir que no es lo que su exterior muestra que es, una persona con fenotipo de hombre o mujer, con la convicción de no pertenecer a su sexo biológico. El discurso de Raquel conlleva el peligro de confundir a los que no tienen por qué saber de los trastornos de la identidad de género. Aunque sí es posible si uno se ubica en los términos más finos del cambio, la “disforia de género”,3 lo que sólo cabe en los estudiosos de los trastornos de la identidad.

Raquel: “No entendía lo que me pasaba, al principio. Con el tratamiento, quiero decir. Era y ya no era. Otra personita se me había metido dentro. Comenzaba a respirar, a hablar, a dormir, a suspirar por mí. Era yo y ya era otro, otra. Mi cuerpo vivía una revolución, de pies a cabeza. Mi piel se suavizaba, mis senos crecían, se redondeaban mis caderas, mis hombros, mis muslos, desaparecía la vellosidad” (p. 51).

El transexual se caracteriza de ordinario por no estar interesado tanto en el sexo físico como en la experiencia romántica con un miembro del mismo sexo y no pocas veces presenta hiposexualidad o incluso asexualidad. En este punto el personaje transexual varón-mujer de Raquel no corresponde a lo observado en la clínica psiquiátrica.

Raquel: “(Riéndose.) Normalísimo. ¿Qué es lo que te gustaría saber? ¿Si hacíamos el amor? Claro que sí, Chispas. ¡Al derecho y al revés, si quieres detalles! Aunque no tan seguido como a mí me hubiera gustado. Porque ahí donde me ves, yo soy una mujer muy ardiente” (p. 53).

Otra vez Raquel (o MVLl) hace distinciones que no tienen sustento en la teoría y la investigación del transexualismo. La clasificación más aceptada de este trastorno considera dos tipos de transexuales: homosexuales y no homosexuales. Claro que son dichos de un personaje y de algún modo coinciden también con lo que sostienen muchos pacientes.

Raquel: “Yo nunca fui gay, Chispas. Te lo he dicho ya cuántas veces. Pero veo que es inútil. En tu cabezota miraflorina no caben esas cosas y no lo puedes entender. Un homosexual es un hombre al que le gustan los hombres. Yo nunca fui un hombre. Yo siempre fui una mujer” (p. 54).

Además advirtamos que no es necesario tener una “cabezota miraflorina” para no saber distinguir entre un homosexual y un transexual, pues muchas veces resulta difícil aun para un profesional hacer el diagnóstico diferencial.

No sería raro pues que en otro momento Raquel explique que cuando era Pirulo, jugaba a enamorar a las mujeres, pudiendo pensarse en su carácter autoginefílico.

Raquel: “Digamos que jugaba a ser una chica un poco lesbiana, si quieres. Así me sentía cuando las sacaba a bailar o las enamoraba” (p. 56).

Chispas hace una pregunta que es una afirmación:

“¿Mujeres que son hombres y hombres que son mujeres y que no saben cómo poner orden al desbarajuste de sus cuerpos y almas?” (p. 59).

No es tampoco exacto que los transexuales “son mujeres que son hombres y hombres que son mujeres”. ¿El escritor pone esta expresión en boca de Chispas porque él piensa así? Los transexuales realmente aspiran a vivir y ser tenidos como miembros del sexo al que no pertenecen. Sin embargo muchos no pueden conseguirlo por diferentes razones: no tener un cuadro suficientemente claro; problemas mentales asociados (comorbilidad); no pasar la “prueba de vida” (es decir, ser reconocidos un tiempo como mujeres en la vida social); un físico muy marcado por el sexo biológico al que pertenecen, etc.

Otro concepto equivocado, presumimos del escritor (Raquel), tiene que ver con la identidad sexual.

Raquel: “Exactamente. Jóvenes con problemas de identidad sexual, ambigua o indefinida” (p. 59).

Los transexuales no son personas con identidad “ambigua o indefinida”, por el contrario su identidad está perturbada al extremo de sentir intensamente que no pertenecen a su fenotipo sexual. La ambigüedad o indefinición sexual es de otro lado propia de las múltiples formas de intersexualidad.

En la ficción todo es posible pero el público puede dar por cierto que es corriente que un hombre sea capaz de resolver su impotencia de modo tan simple. Es así que Chispas asegura que la resolvió con el expediente del recuerdo del intento de beso de parte de su amigo Pirulo cuando eran jóvenes. Para empezar tendría que haber una historia previa de homosexualidad que no figura para nada en la biografía del personaje.

Veamos las confesiones de Chispas a Raquel:

Chispas: “(Hablando cada vez más bajo.) La verdad es que no sé cómo decirlo sin que se me caiga la cara de vergüenza. La verdad, la verdad, es que, para que las cosas me funcionen en la cama, el único remedio es —te ruego que no te rías, Pirulo, por lo que más quieras— que me des ese beso que no me diste aquella vez en el Terrazas” (p. 70) y luego “Cuando, de repente, porque sí, toda la excitación que yo tenía, que yo creía tener, se hacía humo: ptss, así. Y entonces yo sabía que me vendría la desmoralización, la tristeza. La nube negra que me caía encima y me volvía un hombre inútil. Un hombre sin sexo, un hombre de carbón. Pero, aquella vez, me ocurrió algo increíble. (Pausa.) Me acordé de ese día en el Terrazas, Pirulo. De ese beso que no me diste, quiero decir. Y, y...” . Completa Raquel: “(llena de sabiduría.) Y te imaginaste que te lo daba. Y que me besabas tú también. Y eso te inflamó de nuevo. Y el humo se hizo humo y volviste a ser todo un machito. Y te pusiste como una antorcha, otra vez. ¿Ocurrió así, Chispas?” (p. 71).

Muy en su visión global de la sexualidad MVLl considera prejuiciosos y acomplejados a quienes, ora científicamente, ora armados de sentido común, no piensan como él. Ocurre que reiteradamente no distingue la sexualidad normal de las desviaciones sexuales. No es raro en esta obra, como en otras, que adjetive sin reflexión.

Raquel: “Porque tú eras un machito bobo lleno de prejuicios y de complejos, acuérdate” (p. 73).

Resulta que Chispas habría sido amante de Raquel, en la imaginación, y con ésta no habría tenido que recurrir al recuerdo del besito como decíamos líneas arriba. Una terapia novedosa para la impotencia sexual descubierta por el novelista.

Raquel: “Te seduje al primer momento. ¿Ya lo olvidaste? Y conmigo no te pasó nunca eso que te pasaba con Luchi o Flori o Camuncha. Conmigo tú eras como un volcán, que crepitaba día y noche” (p. 74).

Por último, un recurso del escritor para aumentar la truculencia de la obra, resulta en hacer de Chispas un personaje sádico. Una idea más, manejada con superficialidad, aunque por azar coincidente con la clínica de los desórdenes psicosexuales: la asociación de varias desviaciones en una misma persona.

Chispas: “Te pegaba porque me excitaba. Bueno, sí, lo confieso. Porque, después de pegarte, hacíamos más rico el amor” (p. 76).

 

Los críticos

Como hemos dicho en otra parte, MVLl arrastra en su desinformación a los mismos comentaristas literarios de su obra y éstos, a su vez, refuerzan sus errores. Veamos, entre otros, el caso de José Miguel Oviedo, 2008.

Este autor, en su comentario de Al pie del Támesis, dice del venezolano con desórdenes de género citado en la obra teatral: “Da la casualidad de que quien escribe esta nota también lo conoció, antes y después de su metamorfosis, y que, por lo tanto, no le cabe duda de que el hecho ocurrió y de que su protagonista lo asumió con naturalidad”.

No se sabe a qué se refiere Oviedo con esa afirmación tan rotunda y que sin duda confundirá a un lector no avisado: si a la identidad sexual que se define en la niñez o si esto ocurrió después de la operación. Para lo cual debería conocerse la historia clínica y todo el proceso que se siguió antes y después de la reasignación quirúrgica. Un crítico inducido e inductor de un error.

Tampoco puede decirse, como lo hace Oviedo en el mismo texto, que “...Chispas le propinó a su amigo Pirulo Saavedra para rechazar el inesperado avance homosexual que éste le hizo en un gimnasio”. En rigor para quien conoce la psicología de los afectados de transexualidad ese no era un avance homosexual.

En otro momento Oviedo, siempre en el mismo lugar, asume la idea popular del “homosexual reprimido”, inconsciente, bastante cuestionable, que no está documentada científicamente: “...las confesiones de aquél [Chispas] sobre sus frustraciones sexuales en su vida de casado. Ese pasaje revela que Chispas ha ocultado todo este tiempo que es un homosexual reprimido y que el puñetazo fue un vano intento por negarlo”. El puñetazo aludido podría tranquilamente ser más bien la primera reacción frente a quien invade el fuero espacial y más todavía con un acercamiento tan inesperado.

Señalemos, que Planas, 2008b, es igualmente, seguro como otros críticos literarios, llevado a error respecto a la clínica de la homosexualidad y por eso también cree en “...una reprimida homosexualidad” de Chispas.

Lo mismo pasa con el autor y crítico teatral Alegría, 2008, cuando afirma: “Y es así como la obra renuncia a explorar los misteriosos vericuetos de nuestra sexualidad para acabar habiéndonos mostrado, sin nosotros siquiera darnos cuenta, las fantasías de un homosexual cincuentón. Apenas eso”.

Pero volvamos a Oviedo, 2008, quien asegura que “es perfectamente conocida la importancia que el tema sexual tiene en toda la obra de Vargas Llosa y este texto lo confirma. Para él, es una cuestión cuyas connotaciones sociales y privadas se entretejen con prejuicios, intolerancia, violencia y desigualdades cuyas raíces son profundas y difíciles de extirpar: encierra la clave de las grandes pasiones humanas”.

Pocas veces hemos visto un desarrollo tan banal sobre la naturaleza de la sexualidad como el de Oviedo. Sin embargo, acierta al atribuirle esas ideas a Vargas Llosa, quien no se distingue por tratar el tema con rigor ni creatividad.

Otro despistado es Moreno Uribe, 2008, quien en su artículo “Al pie del Támesis es un exorcismo por la libertad”, destaca por lo desmesurado y confuso al tocar el tema de la sexualidad.

Afirma que MVLl aborda “...con prudente elegancia en un mismo espectáculo la temática de la homosexualidad combinada con la transexualidad...”.

La transexualidad puede presentarse, en efecto, asociada a la homosexualidad pero no hay manera de saberlo en el caso de Raquel y, si pensamos en Chispas, éste sería homosexual sólo si le aplicamos la idea popular de la homosexualidad “reprimida”.

Encontramos total falta de seriedad cuando Moreno Uribe asegura que “conductas o comportamientos sociales nada convencionales y totalmente trasgresores para la moral y la ética burguesas, sin contar el rechazo que hay en las naciones socialistas y en regímenes teocráticos a todo aquello que pueda interpretarse como ‘desviaciones de la normalidad’ o cual otra manifestación de la libertad humana”.

El crítico olvida que en las parafilias lo que no hay justamente es libertad y la persona afectada resulta casi esclava de la desviación, que la lleva a una conducta de carácter compulsivo. El público lo sabe bien porque escucha a diario las historias de los pedófilos, que reinciden una y otra vez arrastrados por un impulso que no pueden controlar. Todas las clasificaciones psiquiátricas tratan de las “desviaciones de la normalidad”, que Uribe desdeña con la frase “...todo aquello que pueda interpretarse...”. En medicina, psiquiatría y psicología se distingue entre conductas normales y patológicas.

Luego saca de la galera la idea de la homofobia: “Dicho de otra manera, Mario Vargas Llosa usó el caso Esdras Parra como pretexto para plasmar en la escena limeña otro lamentable suceso de homofobia no asumida...”.

Para empezar el término homofobia, Flores, 2007, como se intenta significar, no reúne los criterios de lo que se conoce en psicopatología como “fobia”. Ha devenido en instrumento político para intentar descalificar a los que piensan diferente a los grupos gays y su evolución histórica ha alcanzado dimensiones sociales inesperadas.

Sigue el mismo crítico: “Hay, pues, una lectura política muy obvia en Al pie del Támesis, porque sus personajes son símbolos, aunque el escándalo del sexo sea más sugerente, estridente y muy directo, y puede que asuste a unos cuantos mojigatos que aún quedan aquí o allá, a los que moran en sus closets de día y de noche salen cual lobos de cacería”.

Lo que realmente asusta es que haya personas que muestren tanta ignorancia en asuntos tan serios de la sexualidad humana y tengan acceso a los medios, contribuyendo a la confusión de la población.

Finalmente, en el máximo exceso, Moreno Uribe declara: “Es un espectáculo intelectual para quienes pretendan reflexionar sobre lo que está pasando más allá de las apariencias, en Lima y el resto del planeta, cuando los seres humanos pretendan vivir por encima de lo normado, que pretendan tener libertad para escoger”.

¿Recomienda entonces que no hay razón de seguir las normas, y seguro las leyes, en lo que toca a la sexualidad? Si fuera así, ¿por qué no en todos los otros ámbitos de la conducta? Pero también Moreno-Uribe parece creer que los seres humanos escogemos nuestra condición sexual básica. ¿Podemos elegir ser homosexuales, travestis, exhibicionistas, fetichistas, etc.?

Finalmente un ejemplo más de cómo los comunicadores especializados en temas de literatura consolidan los errores del escritor, cuando formulan preguntas que repiten los mismos.

Es el caso de la entrevista concedida a Eráusquin y Sotomayor, 2008, ya citada:

Correo: —El tema de la identidad sexual, que es una de las lecturas de la obra, refleja el machismo absoluto de nuestro país y el miedo de aceptar formas de vida no convencionales, por decirlo de alguna manera.

MVLl: —Bueno, pero eso es normal, formamos parte de una tradición muy represiva en materia sexual.

Machismo sería la alusión a la idea de patriarcalismo, que el feminismo desde los años 70 hasta nuestros días ha venido usando para explicar las relaciones de “dominio” entre los sexos, que muchos investigadores han descubierto como propaganda más que ciencia, Dutton, 2007; George, 2007; Tracy, 2007.

 

Bibliografía

 

Notas

  1. De acuerdo con la clasificación americana de desórdenes mentales, el trastorno de la identidad genérica en los adultos consiste, en lo básico, en el deseo de ser, vivir y ser tratado como del otro sexo.
  2. Escritor y poeta venezolano que, al parecer, padeció de transexualismo atípico.
  3. La disforia de la identidad sexual (el malestar por no vivir como el otro sexo) puede atenuarse.