Se me escapa esa palabra de la boca y me resulta tan extraño escucharla después de tanto tiempo de silencio, de no pronunciarla; se me escapa cuando huelo la harina tostada, cuando escucho vocear las humitas en la calle, cuando de la televisión escucho que ya viene el próximo festival de la canción del mes de febrero; cuando, a veces, mirando por la ventana, imagino que lo veo alejarse o llegar caminando con su andar pausado; cuando a veces escucho la tos de algún desconocido y me parece que es su tos que me anuncia que viene subiendo por la escala. Se me escapa esa palabra cuando abro el closet y descubro sus abrigos que descansan en silencio, cuando abro el botiquín y me encuentro con cosas que ya había olvidado. Cuando pienso que, sin darme cuenta, ya nunca más fui al kiosko de la esquina a comprar el diario.
Ahí estaba, esperándome en la estación, ahí estaba arreglándome el columpio, paseándome en una motoneta, sacándose el maquillaje, limpiándose las canas falsas (en esa época, falsas). Allí lo veo, llevándome de la mano hacia el estadio, a la zarzuela, a la sala de teatro. Allí lo veo, ordenando las butacas, ordenando los camarines, revisando el escenario.
Vamos llegando a Chillán, vamos llegando a Recinto, vamos llegando a Pelluhue, a Constitución, a Quirihue, ¡quién es el primero en ver el mar! Allá lo veo bailando vals con mi abuela e intentando un tango en el teclado. Aún lo veo con el poncho de Castilla y la boina, riendo con sus amigos, hablándole a sus alumnos, cortando leña en el patio, agitando los olivos. Acá quedaron su poncho y los jockeys, el teclado y los discos, la yerba mate, la harina tostada, la marisquería, el mercado, el hisopo, las zapatillas de levantarse, la bata, la agenda con los nombres de los amigos, el dial de la radio detenido en la ópera, las fotos, el reloj, las colleras y el dolor insoportable de su ausencia.
Creo que lo hizo a propósito; dejar de esforzarse, dejar de luchar, dejar de preocuparse, dejar de respirar y rendirse, bajar los brazos y caer, despacio, silenciosamente, sin aspavientos, sin llamar la atención, sin histerias, para hacerse a un lado, para darles la palabra a los otros, hacer mutis por el foro (como tantas veces). Creo que planeó ordenar los papeles, completar los cuadernos, hacer el balance de caja chica, despachar los memorándums pendientes y cerrar los libros, apagar la luz, poner el candado a la escuela, revisar los micrófonos, las partituras, dar el último vistazo al escenario y al auditórium y dejar todo listo para el día de la función e irse a descansar, agotado, un poco aburrido de la rutina, pero tranquilo y en paz.