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Lobo Antunes en la FIL: Soy el Julio Iglesias de la literatura
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Este sábado 29 se dio inicio a la XXII Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en México, con la entrega del premio FIL de Literatura en Lenguas Romances al escritor portugués António Lobo Antunes (Lisboa, 1942), quien lo recibió de manos de Marco Antonio Cortés, rector de la Universidad de Guadalajara (UdG), y aseguró que “el problema esencial de la escritura es el problema del tiempo en las palabras”.

En la ceremonia inaugural de este evento que se extenderá hasta el próximo 7 de diciembre, la secretaría de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, aseguró que en 2009 el gobierno federal continuará con su proyecto de fomento al libro y la lectura, por lo que preparan una gran celebración por los 70 años de José Emilio Pacheco y harán una edición especial de su libro Las batallas en el desierto, que será repartido entre todos los estudiantes de escuelas públicas mexicanas.

El proyecto cultural se fortalecerá con la construcción del Centro Cultura y Librería Arnaldo Orfila, en Buenos Aires, Argentina, a cargo del Fondo de Cultura Económica (FCE), que en 2009 celebrará 75 años de vida, por lo que prepararán un programa de formación para editores y libreros, entre otras actividades.

Vázquez Mota recordó, asimismo, la presencia que tendrá México en el Salón del Libro de París, a principios de 2009, cuando acercarán la producción literaria mexicana para traducción y compra de derechos. Añadió que para el próximo año la dependencia distribuirá entre los alumnos de tercero de secundaria una edición de un millón de ejemplares de El espejo enterrado, de Carlos Fuentes, e invitará a la industria editorial a involucrarse con los alumnos de bachillerato.

En su discurso de agradecimiento, Lobo Antunes evocó a sus grandes maestros como escritor, personas comunes con las que vivió a través de su trabajo como médico psiquiatra y durante su servicio en la guerra de Angola durante los años setenta. El escritor dijo que estas personas le enseñaron “a mejorar su trabajo” y a resolver los problemas técnicos con los que se encuentra todo escritor.

Recordó que cuando volvió de la guerra de Angola, donde “todo era matar y ser muerto”, comenzó a trabajar en un hospital psiquiátrico. Una mañana, mientras estacionaba su coche, se le acercó un hombre mayor, “al que los médicos llamaban esquizofrénico”, y le dijo: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”. Para Lobo Antunes, ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”.

También recordó que en África le enseñaron una nueva noción del tiempo, otro de los problemas “esenciales” de la escritura. Para ellos, dijo, no hay pasado, presente y futuro, sino un presente inmenso que “caminaba como una ola”. En su obra ha tratado de reflejar esos planos temporales que se mezclan entre sí.

Habló de otros dos maestros: una mujer con cáncer a la que atendió cuando era médico internista. Lobo Antunes le preguntó por qué no había ido antes al médico. “No tengo dinero”, respondió la mujer, “quien no tiene dinero no tiene alma”. Lobo Antunes reconoció que esas palabras lo hicieron llorar y dijo que su literatura trata de hablar sobre “aquéllos a los que les han quitado el alma”.

Y también habló de un niño de cuatro años, José Francisco, que murió de cáncer. Lobo Antunes relató que vio cómo envolvían al niño en una sábana y se lo llevaban; al alejarse, vio que el pie del niño salía de la sábana y se balanceaba. “Toda mi vida he escrito para ese pie, para un pie que se alejaba (...). Escribimos por los pies de los muertos que se alejan y así seguirán vivos”.

Robert Weil, director de la biblioteca de Nueva York, fue el encargado de hacer una semblanza del autor galardonado, en la que destacó su capacidad para “unir el amor y el sufrimiento” y su manejo de un lenguaje que “trasciende las formas tradicionales de la novela”, y comparó a Antunes con Juan Rulfo, otro autor que, como él, comenzó su carrera literaria en forma tardía.

Dotado con 150.000 dólares, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances se entrega en esta ocasión por vez primera a un autor de una lengua no española. En años anteriores, fueron galardonados Fernando del Paso (2007) y Carlos Monsiváis (2006). Otros autores reconocidos con este premio, antes llamado “Juan Rulfo”, han sido Tomás Segovia, Rubem Fonseca, Juan Goytisolo, Juan Gelman, Sergio Pitol, Augusto Monterroso, Nélida Piñón y Nicanor Parra, entre otros.

En conferencia de prensa posterior a la ceremonia, Lobo Antunes dijo que, para él, ser el mejor no significa nada. En cambio, los jóvenes escritores no quieren escribir buenos libros, sólo buscan publicar y ser famosos. “Yo soy el Julio Iglesias de la literatura”, bromeó. Para él, la escritura sólo debe ser fiel al honor de estar vivo y dejarte conforme contigo mismo.

Lobo Antunes dijo que sufre al escribir; es un poseso de la palabra que lo consume por entero; se comporta como la gallina que protege sus huevos; es un oficio de tiempo completo que requiere paciencia y mucho trabajo; los mejores escritores son los que trabajan más; existe el talento, pero se tiene o no se tiene, e incluso se fomenta con el trabajo.

Por eso decidió dejar su profesión de médico, que estudió por consejo de su padre, y abandonarse a la enfermedad de los libros, cuyo principal síntoma es la obsesión. En sus primeros libros trazó planes muy detallados para su realización; después, comprendió que el libro es un organismo vivo que, cuando es bueno, genera sus propias palabras. La estructura surge poco a poco, más que con la escritura, con la reescritura. Citó al griego Horacio, quien por cada dos horas de escritura dedicaba ocho a modificar lo dicho.

El autor de El orden natural de las cosas (1992), libro que es como una carta para su tía, “mi verdadera madre”, que falleció en la época en que lo redactaba, dijo que se escribe para negar la desaparición de las personas que se quieren y por las cuales vivimos. En ese sentido, un escritor comienza a vivir con su muerte, al vivir sólo en su literatura.

“En mis libros no hay personajes, hay una sola voz que se transforma”. Lobo Antunes dijo nunca haber escrito sobre nada, ni sobre la guerra ni sobre enfermos psiquiátricos, porque esa voz “proviene de regiones tuyas que no conoces”. Así, espera seguir en esa batalla, que es para él un nuevo libro, “porque siempre le tengo que ganar”.

En el acto inaugural, la FIL reconoció el legado de la cultura italiana a la civilización occidental, teniendo como vocero a Raúl Padilla López, presidente del evento, quien dijo que con la presencia de Italia como el primer país europeo y de lengua romance Invitado de honor, la Feria crece en espacio, oferta y calidad.

“Italia comienza en esta feria una reconquista cultural de América Latina mediante su producción editorial y artística”, dijo Franco Frattini, ministro italiano del Exterior. Para ese país, la cultura es un instrumento político para ligarse con el mundo hispanohablante. Con esa consigna llega la delegación de 120 personalidades, y el cúmulo de películas, obras de teatro, piezas de arte y libros italianos, que ofrecerán un “panorama completo y actual”.

Se abrieron así las puertas al medio millón de visitantes que se espera recorrerán, durante los nueve días de la Feria, los 35 mil metros cuadrados en los que ésta se desarrolla. Este año, FIL Niños se lleva a cabo dentro del recinto ferial, en un área de cuatro mil metros cuadrados, con el Salón del Autor Infantil como una nueva oportunidad para que escritores y pequeños compartan historias.

Otra prioridad en esta ampliación de FIL son los espacios para profesionales y negocios: el Salón del Libro y el Salón de Derechos. Nadie queda fuera, con la presencia de más de 1.600 casas editoriales de cuarenta países y la exhibición de 280 mil títulos.

Uno de los consentidos este año es el escritor mexicano Carlos Fuentes, quien continúa con la celebración de sus ochenta años. Entre otras actividades, se presentarán su obra teatral Santa Anna y la edición conmemorativa de las academias de la lengua de La región más transparente.

En la ceremonia estuvieron también presentes Emilio González Márquez, gobernador de Jalisco; Alfonso Petersen Farah, alcalde de Guadalajara; Juan Sánchez Aldana, alcalde de Zapopan; Juan Luis Arzoz, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem); Consuelo Sáizar Guerrero, presidenta del FCE; María Luisa Blanco, portavoz del Jurado del Premio FIL, y Nubia Macías, directora general de la Feria.

Fuentes: FILEl Universal