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Vargas Llosa rechaza enmienda constitucional de Venezuela
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“Guardaré siempre gratitud y cariño a Venezuela”, dijo el escritor al recordar el otorgamiento del Premio Rómulo Gallegos, en 1967, que recibió de manos del autor de Doña Bárbara.

El escritor peruano-español Mario Vargas Llosa, que el pasado lunes 8 de diciembre fue distinguido con el doctorado honoris causa de la Universidad Simón Bolívar (USB), cree que la propuesta del presidente de Venezuela, teniente coronel (r) Hugo Chávez, para una enmienda constitucional no tendrá éxito, debido a los dos reveses que ha sufrido en los últimos procesos electorales. Advirtió, sin embargo, “que los pueblos se equivocan”.

La USB decidió conceder este reconocimiento al autor de La ciudad y los perros por la solidez, vastedad e intensidad de su obra y su importancia en las letras latinoamericanas, además de su comprobado conocimiento de las realidades del continente a través de sus novelas.

En su discurso, Vargas Llosa confesó que descubrió a América Latina en París en los años sesenta. En la ciudad que concentró a las letras latinoamericanas en aquella década, lo que para él había sido un archipiélago de países muy poco relacionados entre sí, empezó a tener un sentido distinto.

“Mi descubrimiento de América Latina en esos años me catapultó a leer a sus poetas, soñadores, novelistas, a interesarme por su pasado y presente, a viajar por todos sus países y a vivir sus problemas y sus luchas políticas como si fueran míos. Desde entonces comencé a sentirme ante todo un latinoamericano”.

Afirmó que hoy entiende mejor que antaño que “lo latinoamericano es una expresión de lo universal, sobre todo de lo occidental”. Sentirse latinoamericano significa, dijo, “tener conciencia de que las demarcaciones territoriales que dividen a nuestros países son artificiales”. Estas fronteras fueron impuestas de manera arbitraria en los años coloniales y legitimadas, y a veces agravadas, por los líderes de la emancipación y los gobiernos republicanos.

“Esta balcanización forzada de América Latina ha sido uno de los factores más conspicuos de nuestro subdesarrollo. Estimuló el nacionalismo y los conflictos en los que los países latinoamericanos nos hemos desangrado, malgastando ingentes recursos que hubieran podido servir para el progreso. Sólo en el caso de la cultura, la integración latinoamericana ha llegado a ser algo real, impuesto por la experiencia y la necesidad”.

Señaló que los artistas del continente suelen descubrir “que lo que los une es mucho más importante que lo que los separa de los otros latinoamericanos. En otros dominios, en política y economía sobre todo, los intentos de unificar se han visto siempre frenados por los reflejos nacionalistas, enraizados en todo el continente. Esa es la razón por la que todos los mecanismos concebidos para unir a la región, desde el Pacto Andino hasta Mercosur, nunca han prosperado”.

La obsesión recurrente por definir la identidad de América Latina es, según él, una pretensión inútil e imposible, pues la identidad la tienen los individuos, las colectividades carecen de ella. “América Latina es a la vez portuguesa, española, india, africana, ¿con qué criterio fijar una identidad única a América Latina?”

Hacerlo, agregó, tendría el inconveniente “de practicar una cirugía discriminatoria que excluye a millones de latinoamericanos y a su frondosa variedad cultural. Esa amalgama es nuestro mejor patrimonio, ser un continente que carece de una identidad porque las tiene todas, y porque sigue transformándose cada día”.

¿Forma parte América Latina de Occidente, culturalmente hablando, o es algo distinto como lo sería China, India o Japón?, se preguntó. “A mí la respuesta me parece obvia, América Latina es una prolongación de Occidente que naturalmente tiene matices y diferencias propias que, sin alejarla del tronco común, le dan cierta singularidad. Esta opinión está lejos de ser compartida por todos los latinoamericanos. A menudo, es rebatida con el argumento de que si fuera así, América Latina carecería de voz propia y sería apenas un epílogo colonial”.

En realidad, dijo el escritor, “lo diverso es la condición característica, es en buena parte consecuencia de las fuentes occidentales, por eso los latinoamericanos hablamos español, inglés, portugués y francés, por eso somos católicos, protestantes, ateos o agnósticos”.

Expresó que en Europa siempre se ha sentido como en casa, ni más ni menos que en América Latina. “No me identifico con todo lo que contiene la tradición occidental porque, no lo olvidemos, también son productos occidentales el antisemitismo, el fascismo, el nacionalismo, el comunismo. La tradición occidental que he hecho mía es la de la cultura democrática, la libertad, la racionalidad, la tolerancia y su riquísimo patrimonio literario, histórico y artístico”.

Rechaza con todas sus fuerzas “la barbarie que representan los antiguos militares, las dictaduras de los hombres fuertes, todas sin excepción, de derecha o de izquierda, el estúpido machismo, el nacionalismo que es la gran cortina de humo tras la cual los gobiernos justifican el armamentismo, y los cuantiosos robos, la visión patriotera y provinciana de la política, la mejor receta para no salir nunca del subdesarrollo”.

Europeo y latinoamericano coinciden y expresan lo mejor que ha dado la cultura occidental, afirmó. “No viene mal recordarlo en la universidad que lleva el nombre de Simón Bolívar, uno de los latinoamericanos que más hizo en su vida por entender al viejo y al nuevo mundo como el anverso y el reverso de una misma civilización”.

Al agradecer el doctorado honoris causa, dijo recibirlo “como un mandato” y aseguró que hará “lo posible para no defraudarlos”. Agradeció los discursos de Carlos Pacheco y Rafael Arráiz Lucca, ambos miembros de la Academia Venezolana de la Lengua, “que evocaron momentos inolvidables de mi vida, como recibir el Premio Rómulo Gallegos de manos del maestro Gallegos. Fue quizás el más importante impulso que recibió mi vocación, mi carrera de escritor, por lo que guardaré siempre gratitud y cariño a Venezuela”.

Ya en un encuentro con la prensa, el novelista expresó abiertamente su posición en contra del gobierno de Chávez, y rechazó de plano la enmienda constitucional que el mandatario aspira a someter a referéndum durante las celebraciones de carnaval de 2009.

Dijo dudar que los venezolanos apoyen la reelección presidencial indefinida, debido a los reveses que sufrió el oficialismo durante los dos últimos procesos comiciales y a la “tradición de lucha contra los gobiernos autoritarios” que, dijo, ha caracterizado al país. Sin embargo, advirtió que los pueblos se equivocan e hizo un llamado a las naciones del continente a cumplir con su “obligación moral y cívica” de solidarizarse con quienes se resisten a la implantación del proyecto chavista.

Insistió en que “si el proyecto autoritario de Chávez echa raíces, la libertad no sólo se empobrecerá en Venezuela sino en muchos países de América Latina”, y aseguró que tenía “mucho que aprender de los jóvenes venezolanos”, saludando su lucha por la libertad y la justicia.

A pesar de sus advertencias y alarmas sobre la vida política y financiera de la zona, se mostró optimista ante los nuevos y jóvenes escritores y aplaudió la creatividad de quienes han dibujado las páginas más recientes de la literatura hispanoamericana. Recordó con agrado cuando se le concedió en Caracas, en su primera entrega, el Premio Rómulo Gallegos de novela que recibió de manos del propio autor venezolano. “Le debo mucho a Venezuela por esto”, dijo.

Fuentes: El NacionalUSB