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Poemas

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Presagio

Oír cómo el cielo
se desprende, leve, en el mar,
y ser en ti vigía de la noche.
Deseo.
Existo.
Aquí y ahora.

Me sueño
péndulo de tu roce,
balandro de tu respiración,
acompasada y cierta,
como el viaje de las olas.

Llaman las gotas de lluvia
a mi cristal.
Yo,         
por si acaso conocen
el fin de mis dichas,
te abrazo.

 

Te invoco

Indelebles
son las marcas
que dejaron en mi piel
aquellos prístinos encuentros,
hoy tan lejanos.
Y esta noche
rielan una vez más
tus ojos, a oscuras.
Ahí están:
fulgúreos, etéreos, dominantes,
ahítos en mi delirio.
Sales y entras:
como tu casa es mi alma,
sin ti deshabitada.
Todas sus ventanas quedaron abiertas,
permitiendo el escape
de una apenas perceptible melodía...
¡Ah, sí! Una de esas canciones italianas
que no dan tregua a los enamorados.

 

Noche VIII

Cifrados estaban nuestros días
en el ábaco,
el tiempo de este amor profano
concebido en las entrañas mismas
de la desesperanza.
Efímera había de ser tu debilidad,
cual irisada burbuja,
mas gocé el momento
de bautizarte en mis aguas
y rociar tu boca,
de anegar tus pupilas,
y cubrirte en mis olas.

En arrebato horaciano
te hice
náufrago de mi marea,
capitán sin barco,
reo de las sirenas,
puerto sin faro,
estrella sin nombre
perdida un instante en mi océano.