El escritor y dramaturgo británico Harold Pinter, premio Nobel de Literatura 2005, falleció el miércoles 24 de diciembre por la noche a los 78 años, tras una larga batalla contra el cáncer de esófago que le fuera diagnosticado en 2002.
“Era un gran hombre y fue un privilegio vivir con él durante más de 33 años. Se quedará para siempre en nuestra memoria”, declaró su esposa Antonia Fraser al anunciar su fallecimiento en la página web del diario The Guardian.
Este intelectual con posicionamientos políticos claros, los cuales defendía sin ambages, escribió más de treinta piezas teatrales. También era poeta, director de teatro y de cine y guionista de varias películas, algunas de ellas adaptaciones de sus obras.
El presidente francés Nicolas Sarkozy le recordó como un “humanista lúcido, intranquilo e intransigente” y con un “temperamento contestatario y heterodoxo”. Indicó también que la concesión, en 2005, del Nobel, significó “una consagración tardía para su inmensa obra, pero también un homenaje al valor y al compromiso de un hombre contra todas las formas de barbarie, un hombre que renunció al confort de la notoriedad para caminar siempre ‘sobre la cuerda floja’ ”.
Por su parte, el dramaturgo, disidente y presidente checo Vaclav Havel subrayó que “fue de una gran importancia la solidaridad que manifestó hacia mí y hacia mis amigos en la época de nuestra resistencia” al régimen comunista desaparecido en 1989.
Hijo de un sastre judío, Pinter nació el 10 de octubre de 1930 en Hackney, un barrio popular del este de Londres. El éxito le llegó con The Caretaker (El guardián nocturno), obra que transformaría en guión cinematográfico para ser filmada en 1963. Volvió a dejarse seducir por el cine escribiendo otros guiones como el de La amante del teniente francés.
Su estilo muy peculiar, que incluye largos silencios y la jerga de su barrio, causó tal impacto en su época que el prestigioso Oxford English Dictionary acuñó el término “pinteresco” para referirse a él.
Este artista comprometido era considerado como un rebelde antiimperialista y defensor de los derechos humanos. Llegó a pedir la comparecencia ante la Corte Internacional de Justicia del ex primer ministro británico Tony Blair y del presidente estadounidense George Bush por haber desencadenado la guerra en Irak, y ya en los años 80 había sido un crítico mordaz con la política del presidente estadounidense Ronald Reagan y de Margaret Thatcher, la primera ministra británica de entonces.
Más tarde Pinter descargó su ira contra la acción de la ONU en Kosovo (1999), la invasión norteamericana de Afganistán (2001) y la guerra en Irak (2003), describiendo a Tony Blair como “un idiota lleno de ilusiones” y calificando a George W.Bush de “criminal de guerra”.
Pinter era un personaje en política, un polemista que libró una lucha sin cuartel contra la política exterior estadounidense y a veces contra la británica. Pero en la vida privada, era el más leal de los amigos y un hombre rebosante de generosidad. “Era tan gran hombre como gran dramaturgo”, dijo de él su amigo y biógrafo Michael Billington.
Enfermo de cáncer desde 2002, Pinter se sometió a sesiones de quimioterapia que, según sus propias palabras, eran una “pesadilla personal”. Siguió trabajando a pesar de la enfermedad. Su interpretación en 2006 del monólogo de Samuel Beckett, La última cinta, en Londres, le valió los elogios de la crítica. En 2007 firmó el guión de la película La huella, interpretada por Jude Law y Michael Caine.
Fuente: AFP