Letras
La fuente del sueño

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Había una vez una niña que peinaba sueños. Se los amontonaba en la cabeza a manera de turbante y se colocaba luego un sombrero para que nadie los viera. Sentía temor de que la gente supiera sus sueños y se riera de ella.

Los sueños de la niña eran tan largos, que por las mañanas estaban muy enredados y perdía bastante tiempo ordenándolos. Por este motivo, siempre llegaba tarde a la escuela.

Un día subió a un autobús en la avenida Bolívar y la brisa le arrancó el sombrero de la cabeza; entonces los sueños de la niña se soltaron sin freno y cayeron larguísimos sobre el piso del vehículo. Los otros pasajeros, asombrados, trataron torpemente de ayudarla, pero ella estaba demasiado asustada y escapó corriendo, con los sueños expuestos ante la gente que llenaba las calles de Caracas. Todo el que la veía así, con la cabeza llena de sueños largos y desparramados, creía que la pobre estaba mal de veras.

Y llegó la niña a un parque donde una hermosa fuente escupía al cielo sus límpidas aguas. Se sentó en la orilla y hundió su frente atormentada en el frío líquido que burbujeaba en el fondo.

Y al hacerlo, cayeron todos los sueños de su cabeza... se perdieron en el agua sin que la niña pudiera recuperarlos... y los chorros de la fuente se tiñeron de colores... gadejos de rosa y cabellos de espuma.

Ahora, para soñar, la niña tiene que acudir a la fuente a contemplar sus propios sueños, expuestos sin vergüenza ante todos los ojos de los paseantes que admiran en silencio sus cabellos rosados.