Letras
Pliegos de cordel

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Ucubi

           Abato afilados rayos de Luna
para indagar la doble faz oculta en el espejo y sutil
rolar entre el aguijón de las rosas de mi jardín.
Estremecedor reflejo las escabrosas púas del miedo.

           Con voz clara disperso las foscas imágenes.
Por el ojo de una fina aguja pasa una hebra de luz, un vivo
destello corona un monte de olivos. Bajo un almendro en flor
reposa una jarra de agua en bandeja de plata.

           En especular a lomos del aire peregrino,
acerca del críptico plumaje de los sentidos,
un remolino de viento me susurra:
                                    Claritas Iulia Ucubi.

           Atalaya de privilegio Ucubi,
evanescente soplo de un sueño punteado de letras.
Espejo ayer Ucubi, pueblo en tierras de Córdoba
                                    do nunca posé pie.

 

Odio

Reverso de Santa Teresa

Odio
sin tasa ni medida
tengo por cierto.

Profundo pozo
al que me asomo,
del que bebo.

Tronador castillo,
morada de bárbaros
placeres y deleites.

Aposento
de vana cera ardiendo.
Odio.

 

Ya nadie escucha dentro ni fuera del pozo,
se disipó la última gota de agua.

Drac Blau

                        Tintín, a pasar el trébole, al amor del celeste lago,
la noche de San Juan, alegrías del color del aire, oír a un elfo cantar.
           Platicar en Hugo, París, Place des Vosges.
Subir al monte. Retozar en el maizal. Solazarse en el río y en la mar.
           Avistar un lujo de estrellas junto al frío muro de La Mota.
¡El Malecón qué bonito es! Altiva palma real, sueños, azúcar y ron.
           Rondar por Barcelona. Versear al pie de un árbol.
Rumbear en alegre romería, prado verde, algodón y caramelo.
                        Tintín, correr, pillar la fiera sombra de Drac Blau
que ávido vuela tras la gloria del aire: qué rico olor a pan.

                                                           Se disipó la última gota de agua,
                        ya nadie escucha dentro ni fuera del pozo.

 

Caudal
El Gran Especulador

A las cero horas de hoy...
Fallece una trabajadora al pie de la cadena de montaje.
Causa: un ataque cardíaco
—agotamiento agudo—,
provocado por extenuantes jornadas de trabajo.
Ríe Caudal.
Y qué más da la pérdida de una misérrima mujer, una esclava.
Hay en este cascarón un sinfín de humanos
prestos a bogar, con el afán del pobre,
a merced del Juego Gran Caníbal.
Quien pilla, pilla. Reclamar a santa Rita, Rita.
Ríe Caudal.

 

Teodora

Por el ojo del jardín,
la lluvia lame las heridas
de los viejos cristales
que avivan la galería.
Entrañable compaña
el mirador de Teodora.

Puntean el cielo
árboles de hondas raíces,
tronco recio y verde
            cúpula de encaje,
a su abrigo amado banco
sobre cantos rodados.

Pájaros de pico amarillo
gozan las delicias
de negra tierra húmeda
            y alegres flores.
Raro embrujo de tinieblas
hila en íntimo silencio Teodora.

 

Jipijapa

Alejandra toca su noble cabeza con albo sombrero jipijapa,
realza sus delicados hombros un suave chal de fragante
muselina y sutil entredós de lunares verde limón.
Sortija de plata pura
seduce al sol en el corazón
de su mano izquierda.

Airosa se inclina
y ritmo prende a un urbano buenas tardes,
toma asiento entre los brazos
de una elegante butaca,
tapizada en deslumbrante seda china
tejida en Persia, subido tono rubí.

Junto a la mesa de juego,
frente a frente, negro y dorado tientan
claros sus ojos verdes,
bajo el ala de la más fina paja toquilla de jipijapa,
nueva luz de luna estampa nuestra retina.

Singular manantial nace de sus labios,
Alejandra sonríe,
alza la baraja con donaire
y
reparte suerte.

 

Gozo

Velas de suave tul
extendidas al viento
son las risas de mi hijo,
su alegría mi gozo,
sus lágrimas mi condena.