Entrevistas
Ángel Juárez, artista plástico
“Un cuadro siempre trasmite una peripecia y una sensación”

Ángel Juárez

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Sus cuadros más que imágenes trasmiten historias, como si fueran cuentos pintados que a través del color y la forma nos relatan algo. Pequeños fragmentos de una realidad, a veces trágica o deformada, pero que pone al individuo en el centro de la atención del espectador. Ángel Juárez Masarez, periodista, artista plástico, y también un buen cuentista, cuenta con una vasta trayectoria plástica, exponiendo sus trabajos en diferentes puntos de Uruguay y el exterior. En una extensa charla mantenida con Letralia reflexionó sobre su obra, realizando también algunas consideraciones sobre la plástica nacional y local.

“Guitarrero”, de Ángel Juárez—¿Cómo definirías tu pintura? Porque si bien muchos de tus cuadros no tienen firma, tienen un estilo que lo hacen bien identificable.

—Los cuadros míos tienen indudablemente un estilo, y como vos decís los hace identificables. La definición es algo que como todas las cosas es relativa. Podría decir que mi estilo es figurativo. Que tiene una fácil lectura, por lo menos de entrada. El observador que se para delante de un cuadro mío no tiene que hurgar mucho para darse cuenta del planteo, de la anécdota, de la historia que se propone. Más allá que puede haber indudablemente vericuetos que están ahí escondidos.

—¿Al iniciar una obra, al plantearla, qué pesa más, la historia en sí o la forma de contarla?

—Creo que va en partes iguales. Las dos cosas son importantes: lo anecdótico y la construcción física. Porque en mi caso, vos lo sabés bien, hay mucha obra que proviene de la literatura, que empezó con un cuento y ese personaje o esa situación planteada me da pie para pintar, para recrear una situación...

—Precisamente a eso iba. Los cuadros tuyos parecen estar contando una historia. ¿Es una actitud deliberada? ¿Buscas que un cuadro trasmita una peripecia, más allá de las imágenes?

—Generalmente sí. Creo que un cuadro siempre trasmite una peripecia y una sensación.

—La sensación va emparentada con el color, pero en general a la pintura no se la asocia con contar una historia.

—No. Habría que ponerse del lado del observador más bien. Eso es lo que a mí me gusta.

—¿Qué influencias reconocés en tu trabajo?

—No creo que mi personalidad como pintor la haya formado nadie.

—No digo alguien en particular, pero a veces por lo que se lee, o se ve, es una influencia que incide en la creación. Donde un creador puede sentirse influenciado por determinado artista, más allá de que lo haya conocido personalmente, pero que le llega por la comunicación establecida a través de la obra que dejó.

—Como incentivo para empezar en esto, alguien que admiré siempre fue Fernando Cabezudo, que es y seguirá siendo mi ídolo. Me parece una personalidad impresionante con una capacidad creativa, y una erudición impresionante; y no solamente en la pintura.

“Partida de dados”, de Ángel Juárez—¿En dónde debe nutrirse un pintor para encontrar temas para pintar?

—Dentro suyo si quiere desarrollar una personalidad propia. Si entrara alguien y dijera yo quiero pintar, yo le diría acá tenés un soporte, tenés pinceles y pintura y empezá. Lo estoy diciendo en forma muy a la ligera, porque habría que empezar por el dibujo. Es fundamental aprender algunas cosas básicas, armonía, forma y color. Pero para hacerlo gráfico, darle los elementos, y probá, hace algo, lo que sea, lo que te salga. Yo tengo muchísimos reparos en enseñar a pintar. Está bien, se pueden dar lineamientos, pero hay que tener muchísimo cuidado porque con la sana intención de enseñar a pintar lo que podemos estar haciendo es matándole la personalidad a quien se decidió a encarar el aprendizaje.

Yo siempre lo digo, por más que me ha dado varios dolores de cabeza, que el hombre que más daño le hizo a la pintura uruguaya fue (Joaquín) Torres García. Precisamente porque sus alumnos o pintan constructivos o no pintan. No alentaba el desarrollo de la personalidad y el estilo de cada uno de sus alumnos. Y la prueba está ahí, al alcance de cualquiera que quiera investigar un poquito nada más. Quienes salieron del Taller Torres García lo hicieron marcados, y los alumnos de los alumnos de Torres García siguen pintando como Torres García. Los que decidieron mantener su propia personalidad en el arte se fueron del taller de Torres García.

—Se afirma que hay una forma de pintar a la uruguaya. Vos que has tenido oportunidad de ver pintura en diferentes partes del país: ¿hay una forma de pintar identificatoria de esta región del país, que nos diferencie del resto?

—Puede que haya, porque si andás por el Noreste —Tacuarembó, Rivera, Artigas, Cerro Largo— encontrás obras que están muy influenciadas por el entorno. Hay una mayoría de personas que están tomando los elementos campestres, rurales. Acá en el departamento habría que dejar afuera a Cabezudo, que ya superó las barreras. Un hombre que tiene exposiciones permanentes en el exterior, que tiene una trayectoria y una edad en la que puede hacer lo que quiera con su obra y con sus pinceles, creo que tendríamos que dejarlo un poco de lado.

“Tango”, de Ángel JuárezPero no hay tampoco una cuestión marcada. Iría un poco por el lado de los intentos o las búsquedas que se hacen para llegar a una pintura universalista. Asunto que lo ha conseguido después de muchísimos años de trabajo Milka Muniz, que está ya bien plantada en un camino pictórico tremendamente fuerte, y con una calidad impresionante. Danilo Cardona, un hombre que ha estado en la búsqueda permanente. Que no se ha dejado influenciar —asunto importante— por entornos, por estilos o por modas. Ha mantenido siempre su línea; y hay otros intentos. Creo que pasa por ahí.

—¿Cuándo se da la última pincelada a un cuadro?

—La última pincelada a un cuadro no se da nunca.

—¿Entonces en qué momento te das cuenta que un cuadro está terminado?

—Toda obra es susceptible a cambios, agregados o restas, permanentemente. Pero terminar, en el concepto de la palabra terminar, finalizar, dar fin: no. Absolutamente no. Siempre toda obra está sujeta a una pincelada más, a un refuerzo de tono, a un cambio de forma, permanentemente.