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Doscientas treinta y dos novelas se disputan el Rómulo Gallegos
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Grupo de escritores venezolanos exige que sus novelas sean retiradas del concurso. La voluntad y la fortuna, de Carlos Fuentes, se queda fuera por haber ganado este autor el premio en 1977.

Doscientas treinta y dos novelas, de diecisiete países, participan en la XV Edición del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, cuyo veredicto será dado a conocer el próximo 28 de mayo. Este galardón, que es organizado por la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), recibió en esta oportunidad cuarenta y ocho novelas de autores venezolanos. La lista de novelas participantes fue liberada el pasado 20 de marzo y se puede descargar libremente.

El jurado de esta edición está conformado por el venezolano Humberto Mata, la argentina Graciela Maturo, el cubano Miguel Barnet y la mexicana Elena Poniatowska, ganadora de la edición anterior. También estaba la venezolana Stefania Mosca, quien falleció el pasado 24 de marzo. El Celarg no ha informado hasta ahora quién la sustituirá.

La entrega del galardón, que premia novelas publicadas entre el 1 de enero de 2007 y el 31 de diciembre de 2008, se realizará el próximo 2 de agosto. La recepción de obras culminó el pasado 28 de febrero. El premio consiste en medalla de oro, diploma y 100.000 euros o su equivalente en moneda nacional, así como la publicación de la obra ganadora en una edición que circulará sólo en Venezuela.

Esta semana, varios escritores venezolanos exigieron que sus novelas fueran retiradas de competencia, por estar en desacuerdo con el gobierno venezolano. Ya que en el Premio Rómulo Gallegos las editoriales pueden postular las obras por su cuenta, los autores se enteraron de que habían sido incluidos cuando el Celarg hizo pública la lista de novelas participantes.

Fue el caso, por ejemplo, de la escritora y periodista Milagros Socorro, quien exigió a Santillana que retirara su novela El abrazo del tamarindo. El sello le aseguró que su deseo sería cumplido.

“Yo me dejé de interesar por el Premio Rómulo Gallegos hace tiempo, ni siquiera conozco quiénes son los jurados internacionales. Me parece que es una manifestación de este gobierno autoritario, que quema libros y permite la entrada del colectivo La Piedrita a la Biblioteca Nacional. Las dictaduras no tienen matices, se les dice no y punto”, recalcó.

El reconocido escritor Eduardo Liendo, autor de Diario del enano y otras novelas, también retirará del concurso su libro El último fantasma, que versa sobre un escritor venezolano desilusionado de la izquierda que se encuentra con el espíritu de Lenin en su casa. “Yo creo que primero cae Chávez, antes de que le den el premio a mi fantasma”, dijo el autor entre risas.

“La editorial no cometió ninguna arbitrariedad al poner a concursar mi obra, pero a mí no me gusta jugar con las cartas marcadas. Cuando hay un jurado con una tendencia ideológica clara, el resultado se sabe de antemano”, dijo.

Ana Teresa Torres, cuya novela La fascinación de la víctima también está en la lista de concursantes, tampoco está de acuerdo. “Yo soy una persona con una actitud pública de oposición, y sé que mi participación en el premio produce desconcierto. La gente cree que los autores somos los que mandamos los libros, y he sentido cierto malestar hacia mí”, explica.

Agrega contundente que si en sus manos estuviera el poder retirarse del certamen, lo haría, pero ya las obras están en la calle y eso no depende de ella. “La editorial (Alfa) envió los libros y desde el punto de vista de ellos es lógico que envíen toda su producción. Yo misma lo haría si tuviera una editorial. Y retirarme significaría solicitar un permiso a la editorial, y realmente no me interesa porque tengo excelentes relaciones con ellos”.

Para Torres resulta incómodo el hecho de estar concursando para el Rómulo Gallegos. “Me parece que la gente podría pensar: ‘¿y qué hace ésta concursando?’, cuando yo he asumido una posición política de oposición”. Afirma enfáticamente que si Alfa le hubiera consultado para enviar su novela al concurso, se habría negado.

Al respecto, la coordinadora del premio, Nelly Prigorian, señala que si algún autor desea salir del certamen, sencillamente debe enviar una carta dirigida al premio, al jurado o al presidente del Celarg, manifestando su decisión.

“De inmediato, nosotros nos dirigimos al jurado y le comunicamos que saquen esa novela de su consideración. Nosotros no estamos en posiciones políticas, además, las editoriales mandan los libros que consideran importantes. Sin embargo, la obra es del autor y es el autor el que recibe el premio y quien puede decidir estar o no”, señaló.

Héctor Torres, cuya obra La huella del bisonte también está en el certamen literario, señaló que responder a estas convocatorias es uno de los derechos que tienen las editoriales. Agregó que los escritores venezolanos deberían saber que ellos no “están en la competencia real” y no tienen oportunidades reales de ganar, y considera que no tiene sentido el gesto simbólico de retirar su novela de la convocatoria.

Afirmó que el valor del premio para los autores nacionales es que sus obras quedarían depositadas en la biblioteca del Celarg y que por esa misma razón muchas editoriales mandan sus catálogos completos del año.

“Es una contradicción que, por un lado, nos preocupemos por los 62.262 libros de las bibliotecas del estado Miranda que fueron vendidos como pulpa de papel el año pasado y, por el otro, nos neguemos a que nuestras obras estén en la Biblioteca Isaac Pardo. Ésa es la memoria que debemos construir para cuando vengan tiempos mejores. Cuando esta situación política acabe, la biblioteca seguirá allí”, dijo Torres esperanzado.

Norberto José Olivar, autor de Un vampiro en Maracaibo, indicó que no tuvo problema cuando Santillana le propuso inscribir su novela policial en el concurso. Señaló que la situación política es coyuntural y que este premio tiene mucha reputación, que además ha galardonado a figuras como Roberto Bolaño y Enrique Vila-Matas.

“El problema de los premios es que nunca estamos de acuerdo con lo que pasa; si no son las inclinaciones políticas son las comerciales. Acusamos al jurado de estar parcializado. Creo que es un error de los escritores, y lo digo con todo respeto, considerar el asunto en términos políticos. Eso le hace mal al premio, que es una de las poquitas cosas que Venezuela ha logrado mantener con el tiempo”, concluyó.

Según Fedosy Santaella, quien participa con Rocanegras (Ediciones B), no hay ninguna razón para no participar. “Me metió la editorial, pero no tengo queja. Para mí es indiferente. La vez pasada se premió a Elena Poniatowska, que es importante, y a pesar del tinte político del premio, allí no se han premiado a balurdos sino a gente de calidad”.

Tampoco le quita el sueño el asunto al escritor y teatrero Javier Vidal, quien figura con Todos eran de izquierda (Alfaguara): “Yo no tengo intención de retirarme, porque sé que no voy a ganar nunca. Si me excluyen de las salas del Celarg, ¿cómo no me van a excluir de la discusión? Por eso, a mí el Rómulo Gallegos no me quita el sueño”.

Un caso particular es el del escritor Carlos Fuentes, quien obtuvo el premio en 1977 por Terra Nostra, y Alfaguara postuló este año su novela La voluntad y la fortuna, pero se ha quedado fuera de concurso pues las bases especifican que no pueden participar quienes hayan ganado alguna edición anterior.

Fuentes: CelargEl NacionalEl Universal