Artículos y reportajes
Ilustración: Monica RiefFábrica de destinos

Comparte este contenido con tus amigos

Me refiero a unas viejas obsesiones de los humanos. Como si no fuera suficiente con desentrañar cada uno su propio destino, con las delicias, las penalidades y los abismos inescrutables; cada día observamos ese empeño voraz de dirigir los destinos de otras gentes, ni siquiera de considerarlas personas, se actúa con ellas como si se tratara de un mero número de elementos insignificantes. ¿Quiénes se comportan con ese afán manipulador? ¿Todos lo hemos ejercido en algún momento? ¡Qué pocos seremos capaces de reconocer esos manejos! Es una tendencia muy difundida, propiciadora de abusos y tolerada en exceso. ¿Por pereza? ¿Por ignorancia?

Hay escritos y novelas que remueven el caldero de los sentimientos y las ideas, propician la renovación reflexiva, sirven de revulsivo e incordian con amabilidad. Convienen para épocas como la presente, más dada al relativismo acomodaticio. Aunque, precisamente por eso, el hecho de que convengan, no equivale a dar por hecho su análisis; tampoco equivale a la elaboración de conclusiones consecuentes, quizá no se le preste atención. Hoy me acerco a los mensajes explícitos derivados de la obra de Vasili Grossman, Vida y destino; suponen una buena contribución para quienes persigan una convivencia mejor entre gente diferente.

 

I + P = Dignidad

Unas veces funcionamos acuciados por la prisa, en contraste con los momentos de languidez parsimoniosa, nerviosos o tranquilos. Agobiados desde fuera, y no pocas veces, desde dentro de uno mismo; las certezas escasean, y por lo tanto, las dudas se amontonan. Cuando dominan las presiones desde fuera, esa calma o la agitación referidas, nos abocan a un estado de indeterminación angustioso. Flagrante, si leemos lo ocurrido en checas o en campos de concentración; o nos fijamos en las marginaciones derivadas de la pobreza, políticas dictatoriales, mentiras o tergiversaciones. Ningún argumento resulta suficiente para la anulación, y menos para la eliminación, de unas personas por las maquinaciones de otras. Cada individuo, su intuición, sus inquietudes, sus reflexiones y decisiones; constituye una presencia insustituible. De ahí la importancia de su participación a la hora de afrontar la vida en común. En esta ecuación, sólo la suma de participación, con la indefinición esencial, consigue el resultado digno.

Y es que cuando uno transita entre las vicisitudes cotidianas, se da cuenta enseguida de esa parte subyacente por debajo de las apariencias. Éstas pueden ser muy descollantes. En la novela hay de todo, asesinatos en masa, corrupciones, amoríos y deslealtades; en los ámbitos modernos también. Mientras, en cada grupo social, en cada persona en particular, vibran otras sensaciones íntimas; sería cuestión de tomar posiciones ante eso, apreciarlas en lo debido o dejarlas arrinconadas, cada uno verá. Los poderes, económicos, políticos, etc.; no apreciarán demasiado las particularidades, intentarán convencernos para que renunciemos a la defensa de lo genuino de cada cual; para ellos es un estorbo.

A la indeterminación propia de nuestras limitaciones, la intentan disimular con una serie de artilugios. Números y estadísticas. Gráficos y esquemas. Hasta exageraciones y manipulación de las informaciones si fueran precisas. Persiguen el objetivo de convencernos de unas realidades inexistentes. Pretenden conocer bien los entresijos, ellos dicen que saben lo que se cuece. ¡Nada más falso! Con una alta frecuencia, descubrimos los abismos verdaderos que encubrían. Corrupciones monetarias, locuras de mandatarios (Hitler y Stalin en la novela, sin que constituyeran las únicas locuras), complicidad de ciertos ciudadanos, abandono progresivo de los criterios saludables. La realidad ofrece numerosas “vueltas y revueltas” y las líneas rectas muy estrictas y dogmáticas llegan a provocar asco. ¿Dónde quedó la dignidad de unos y otros?

 

“Vida y destino”, de Vasili GrossmanCampos de fuerzas

Son frecuentes los momentos de inquietud en los que uno se siente como fuera de lugar. Por causas muy variadas. Los hijos crecen y los padres se sienten desfasados, cambian los enfoques laborales, las políticas socioeconómicas se ejercen al margen de los ciudadanos o en su contra, se apela a dogmas científicos de tres al cuarto, o se vuelven mayoritarias las tonterías más supinas. Constituyen un rico muestrario de notorios desajustes. Vasili Grossman nombraba a los “hijastros del tiempo”, cada uno de su tiempo, porque entre unas vicisitudes u otras, acaba uno notando esa sensación triste de que su tiempo ya pasó. Pero el tiempo pasa siempre. Se impone la reconversión de ese cuestionamiento. ¿Qué ha hecho cada cual con su tiempo? No es suficiente con el lamento neutro y falso. Está bien el planteamiento, pero no una resignación mal entendida.

¿De dónde surgirá ese afán de simplificación en falso? Lo intuyo sin demasiado esfuerzo, ¿ustedes también? Sobre todo, cuando por todas partes nos abruman las complejidades. Analicemos si no es verdad que concurren numerosos factores simultáneos en cada proceso. Si hablamos de felicidad, como si lo hacemos acerca de los sufrimientos. Shtrum, uno de los personajes de la novela, se lo pregunta. Donde sólo había varillas, medidas precisas y líneas; comienzan a percibirse abombamientos, curvas, hundimientos e irregularidades, tonos grises y turbiedades; no se percibe la sencillez uniforme, eso sí que será propio de otras galaxias. Los enrevesados entresijos cuánticos, fugas de energía e influencias, ondas y magnetismos, no cesan en su inducción de complicaciones frente a la búsqueda de los diferentes conocimientos. Al alma humana, el espíritu de las personas, entraña campos insondables de influencias.

¿En qué lugar permanecen las pretendidas certidumbres? ¿Quién se empeña en hacernos ver únicamente la simpleza de las cosas? ¿A quién beneficia? El imperio de la duda y la sospecha, de los indicios y orientaciones, calibra a diario la fortaleza de las personas, mide su grado de enajenación o su aproximación realista a cada circunstancia. Se genera un equilibrio inestable, se requerirán personas preparadas ante esa evolución. Que añoremos unos puntos de apoyo no equivale a la seguridad de obtenerlos. Los deseamos, pero quién sabe dónde residen. Ese sí que parece un destino fiero, estamos colocados frente a esos inmensos misterios.

 

Ejecutores inclementes

Entre los desastres político-militares (Vida y destino recuerda muchos), en plena crisis como la actual o en los avatares del cometido diario; emergen los líderes con su fuerza y deficiencias a cuestas. Aparecen los crueles y arribistas, sin reflexión y a veces sin mucha inteligencia; pero apegados al poder. Cita Grossman a los inteligentes, pero cínicos; aunque saben de las maldades en curso, corren la cortina y así no perciben los abusos, las ruinas o muertes ocasionadas. Incluyen en su seno a otra variante, a los líderes como témpanos de hielo, negados para cualquier consideración de las penalidades ajenas, enfriaron toda sensibilidad. Qué decir de los necios simplones, meros seguidores de la orden superior, ejecutan sin capacidad de filtro; pero con la máxima eficacia para aplastar las formas en desacuerdo con sus jefazos; son líderes en esa capacidad ejecutora.

Son numerosos los párrafos críticos hacia un “Espíritu de partido”, de aquellas épocas soviéticas y estalinistas. Las palabras convertidas en un simple timo, las bases vilipendiadas y asesinadas al menor cambio de aires, la democracia atascada en servilismos abyectos. En eso se manifiesta la encarnación del socialismo soviético, en la potencia iluminada del dirigente. Si lo trasladamos a los tiempos actuales, esos espíritus son muy tentadores para las agrupaciones modernas, partidos políticos, instituciones o grandes emporios. ¿Más moderados? ¿Otras maneras? No estoy tan seguro, sobre todo si uno amplía la observación por todos los continentes y las diferentes opresiones, terrorismos tolerados, connivencias crueles y formas de sojuzgamiento. Las tendencias nefastas no duermen, sólo un freno eficaz aminorará sus efectos.

Aunque no siempre es tiempo de carnavales, no les importa; o bien, al revés, se desenvuelven en un carnaval continuado todos aquellos con vocación de ejecutar consignas. Les gusta o les conviene el disfraz para las peores aberraciones, atribuyéndose un significado y aspectos que no les corresponden. Pretenden disfrazarse de destino. Kaltluft era ordenado, metódico y controlaba con buen tino los vagones de deportados, destinados a las cámaras de gas y a los hornos crematorios; la raza, su país y unos ideales, eran el disfraz. Las mal entendidas patrias, salvapatrias, dioses e ideologías, abundan y sobran; como también otros disfraces inoportunos —económicos, dictámenes colectivos, trapisondas informativas. Con la excusa del destino se encubren las peores tergiversaciones. ¿Quién es el dueño del destino? ¿Maña perversa? No nos conviene ser tan crédulos.

Vida y destino saca a colación unos comportamientos de erradicación poco menos que imposibles, a la vista está la facilidad con que resurgen. Se reflejan actitudes diversas. Confesiones, sinceras o no, totales o parciales, espontáneas u obtenidas bajo variados sistemas de tortura. Firmas comprometidas de las que nunca se habló, junto a otras muy ostentosas, siempre consideradas según la causa suprema. Es decir, implicaciones y silencios. Algo que no suena tan lejano, no es tan anacrónico; es suficiente la observación de armas, flujo de capitales, tramas de corrupción y connivencias innombrables. ¿Sólo intereses? ¿Flojera? ¿Ostentación? ¿Imbecilidad? ¿Orgullo? ¿Maldad radical?

Al fin, estamos ante un destino incierto, pleno de misterios e inseguridades, trágico para cada viviente, con un final asegurado, pero personal e intransferible. No obstante, proliferan una serie de fabricantes sin fundamento. ¿Dónde colocaremos la debida tolerancia ante semejantes desatinos? La desesperación o la renuncia no parecen lo más oportuno. Sólo el inconformismo crítico será capaz de su superación, con una dignidad que no casa bien con esas fábricas de destinos, tan manoseadas a lo largo de la evolución de los humanos.

De nuevo interpelados
Por ruines fabricantes;
Sólo participantes,
Seremos reintegrados.