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Literatura puertorriqueña es retratada en un diccionario
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El recién publicado Diccionario de autores puertorriqueños contemporáneos, que acaba de aparecer bajo el sello Plaza Mayor, una obra indispensable de referencia a cargo del profesor Víctor Federico Torres, muestra la vibrante trayectoria de la literatura puertorriqueña a partir de la década de 1960, llenando el vacío existente en el trabajo bibliográfico sobre el tema.

El tomo provee información biográfica y bibliográfica sobre 92 escritores puertorriqueños que comienzan su producción literaria durante las últimas cuatro décadas del pasado siglo. Según Torres, la fecha de inclusión no fue completamente arbitraria, ya que retoma el trabajo bibliográfico de Josefina Rivera de Álvarez publicado bajo el título Diccionario de literatura puertorriqueña, y que aún en su edición revisada de 1970 incluye sólo la obra de escritores puertorriqueños hasta 1967.

En la introducción, Torres aclara que no se trata de un catálogo o directorio de todo quien escribe en la isla, ni tampoco de una historiografía de la literatura puertorriqueña. Al hojear las entradas del Diccionario, se destaca la diversidad temática, lingüística y de género de la producción literaria puertorriqueña en las últimas décadas.

Uno de los mayores logros de esta obra es haber incluido a escritores de la diáspora puertorriqueña, al igual que escritores extranjeros que escriben desde la isla y se consideran a sí mismos puertorriqueños. Están incluidas, por ejemplo, autoras como Judith Ortiz Cofer y Esmeralda Santiago, ambas nacidas en Puerto Rico pero educadas primordialmente en EUA y quienes, por lo tanto, eligen el inglés como su lengua de creación literaria. A pesar de no escribir en español, en la temática de ambas se destaca la experiencia inmigrante, en la cual se refleja el legado cultural puertorriqueño.

De igual manera, se incluye la obra de los poetas nuyorican Miguel Algarín, Tato Laviera y Pedro Pietri, cuya obra se caracteriza por la oralidad, intenso contenido social y la fusión de lenguas y culturas.

El libro, sin embargo, no incluye a la generación más joven de escritores, en la cual se ha destacado la obra poética de Urayoán Noel y la de escritores como Aravind Enrique Adyanthaya, Ana María Fuster y Guillermo Rebollo-Gil. Según Torres, estos escritores quedaron fuera de la presente edición por haber comenzado a publicar a fines de la década del noventa, lo cual hubiese hecho aun más difícil la tarea de recopilación bibliográfica. Afortunadamente, Torres reconoce la necesidad de actualizar el volumen en un futuro cercano para incluir a esta nueva generación.

Llama la atención, sin embargo, la exclusión de Martín Espada, cuya extensa obra poética se ha identificado con la experiencia inmigrante, en particular, la de la diáspora puertorriqueña. Recientemente disponible en traducción al español, la sutil poesía política de Espada, al estilo de Corretjer, constituye una importante omisión.

Evidentemente, en un texto de 398 páginas es imposible profundizar sobre los escritores y su obra, pero lo que le falta en cuanto a análisis se complementa con la información bibliográfica que acompaña las entradas. De cada escritor se incluye la obra publicada y su bibliografía secundaria, la cual no sólo incluye trabajos académicos sino también entrevistas y reseñas.

Fuente: EFE