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José María Merino ingresa a la RAE
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El escritor José María Merino, considerado uno de los grandes cuentistas españoles, ingresó este domingo 19 de abril a la Real Academia Española (RAE), con un discurso titulado “Ficción de verdad”, en el que reflexionó sobre su oficio de escritor y al que respondió Luis Mateo Díez. La candidatura de Merino (A Coruña, 1941), que ocupa en la RAE la vacante de Claudio Guillén (sillón “m”), fue presentada por el propio Mateo Díez y por Arturo Pérez-Reverte y Álvaro Pombo.

Autor de una amplia obra en la que tienen presencia temas como lo fantástico, la identidad, la infancia, la memoria, el mito o el sueño, Merino ha merecido importantes premios a lo largo de su carrera. Entre ellos figuran el Nacional de la Crítica 1986 por La orilla oscura, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 1993 por Los trenes del verano, el Miguel Delibes 1996 por Las visiones de Lucrecia, el Torrente Ballester 2007 por Un lugar sin culpas, y el último, el Castilla y León de las Letras, que recogerá este miércoles 22.

Coruñés de nacimiento, Merino se considera leonés de adopción porque vivió su infancia y adolescencia en León. Se licenció en derecho en Madrid y trabajó como funcionario en el Ministerio de Educación de España.

El nuevo académico debutó en la narrativa con Novela de Andrés Choz (1976, Premio Novelas y Cuentos). Director del Centro de las Letras Españolas de 1986 a 1989, su última novela, La sima, acaba de llegar a las librerías y en ella reflexiona el autor sobre “la manía fratricida” y “la tendencia a la confrontación” que a su juicio tienen los españoles.

En su discurso de ingreso en la RAE, Merino habló sobre cómo la literatura sirve para desentrañar la “escurridiza” realidad, hasta el punto de que “la ficción construye una forma exclusiva de verdad”.

El autor destacó que se le asigna un sillón en la RAE identificado con la misma letra que es la inicial de su apellido y también la inicial de palabras como “madre y música, madurez, magia, manantial, mar, melancolía, memoria, mestizaje, metamorfosis, montaña, mito o muerte, que hacen resonar para mí un eco singular en la literatura y en la vida”.

“La buena ficción siempre resulta una revelación, mediante lo simbólico, de lo que la realidad esconde”, dijo Merino ante el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, y ante los centenares de invitados que quisieron acompañarlo en un día tan solemne para él, que cierra, “de modo inesperadamente grato”, su trayectoria personal.

“La especie humana inventó la palabra y la ordenó en ficciones, un artificio hecho de sueños objetivados, nuestra primera sabiduría consciente, y somos sapiens desde entonces”, dijo el nuevo académico, quien tuvo también palabras de recuerdo para su antecesor, Claudio Guillén, fallecido en enero de 2007.

Se refirió además a los pormenores del proceso de inventar ficciones, que en su caso comienza siempre “desde la intuición de lo extraño” que puede esconderse “detrás de cualquier hecho cotidiano”. En este sentido, dijo que repara siempre en “aspectos raros” de la realidad cotidiana, porque para él una de las funciones de la literatura es “profundizar en lo inusual, en lo misterioso y menos evidente de la realidad, enfocándolo muchas veces desde la perspectiva fantástica”.

En esta misma línea, Merino recordó que la ficción como invención de la imaginación humana es muy anterior al mundo clásico y declaró que es “difícil” encontrar una situación humana que no haya sido “prevista o relatada por la ficción, e incluso es difícil, en algunos aspectos patológicos, poder esclarecer la realidad sin ayuda de la literatura”.

Estas especulaciones, según el autor, nacen de su interés por “la cultura oral”, desarrollado por la circunstancia de haberse criado en León, “un territorio a la vez mítico e histórico, donde la narratividad de tal carácter, vehículo de innumerables ficciones, tuvo mucha importancia comunitaria hasta tiempos relativamente recientes”, explicó.

Fuentes: ABCEFEEuropa Press