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Poemas

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Preguntas para ser contestadas con silencio

Es una lástima que sean los ojos tuyos
insurgencia en la paz de mi secreto,
su timidez audaz desnuda el eco
de sirena letal, imán del que huyo.

¿Cómo domesticar tanto deseo
y trasmutar en víctima al verdugo?
¿Qué armadura me ampara de ese yugo,
    si convierte pupilas en incendio?

Si te atrapo en la red de mi palabra,
    ¿Estaré cometiendo sacrilegio?
¡Y si llego a caer! no seré salva,
            ni siquiera en el lujo de tu beso?

¡¿Cómo puedes mirar con tanta saña
cobijado en la  bruma del silencio?!

 

Dunas

Qué patíbulo éste de tus labios
                          qué sed tan magma,
quiebra, petrifica
cualquier palabra antes de que salga.
Inútil es hablar desde esta boca
no sirve para más que derretirse
en indigente grito sin tu lengua.

Entre senos se asoma cruda espina
calcinada  tirita  sin respuesta
brama tan sola,  abierta, como herida,
            Y el oasis tan lejos... como quieras.

 

Alquimia solicitada al Alfarero

Tus manos saben un conjuro
Que alumbra la arcilla sombría

Gilberto Owen

Ánima en purga soy, que en celda espera
La llave exacta tú, sin duplicado
que la danza de tu mano por mi greda
me desprenda de tajo los candados.
Relámpago de fe  desesperado
la efigie de tu piel conjura zarzas
y hasta el borde de sol, sobre nublado,
           convídame de fuga entre tus alas.

Fortifícame al sol, lengua en la herida
renáceme en tus dedos, modelada,
Tu contacto lo amargo cicatriza
Que en tus brazos me sienta
                                  Como en casa

Úngeme de futuro, dame vida,
con el barro que  tienes en las ganas...

 

Historia

Pero una historia sólo se recuerda
Convertida en cenizas.

Eugenio Montale.

Cigarro tras cigarro, se enamoran
labios de humo y sol irradian fuego
incensario voraz de dos aromas
en universo dual, ígneo desvelo.

En piromancia desnuda de las sombras
crepitan, por amor, sus desenfrenos
en cenizas consumen sus derrotas
para engendrar en piel, volcanes nuevos

El instante feroz que los devora
arroja el magma así, de beso en beso
para dejar, al filo de la aurora
rescoldos en mitad de un cenicero...

 

Ya no escribo de amor

Ya no escribo de amor
                        ya no hay remedio
se conjuró la voz enamorada.

Al amor con los años lo desmaquilla el tedio
la pasión animal, está domada

Alguna vez se asoma como si fuese cierto, pero
los días son arduos  y duerme la madrugada...

Las canas de mi padre, germinan en tu pelo,
se comporta la casa,
¡como si nunca hubiese negado yo a mi madre!

Bajo este mismo cielo, esto...
esto ha de ser la tarde,  que empezó desde el alba

 

Sobre las aguas

Se necesita el hambre de los pasos
para cuajar el molde de las huellas.

Y heme aquí caminando
hundiéndome en las aguas que me anegan
sin alcanzar ni el brillo de la ola,
              acaso alguna espuma que revienta,
suplicando a la orilla que se acerque
¡rompiéndome en los tumbos con las piedras!

Naufrago a cada intento, en cada oleaje
mojada hasta los tuétanos y venas
despeñada del sol, ardo de frío
sin conseguir ser grano entre la arena

 

Clamor

¡Ay bálsamo del tiempo la herida te reclama!
Hasta cuándo te posarás sobre su ardor
                                                   Para que sea curada

Es esta nueva piel quien me sostiene
de amarga libertad,
para enfrentar al sol todos los días
/con férrea potestad
 de transformar en mueca mi alegría/

Ay bálsamo tan lento, caricia fiel que añoran
                                                          canas mías.