Retrato
He descubierto algo solemne
que a su imagen no puede sustraerse:
la brisa del tiempo errante
la parábola más obvia
la tecla que imprime la distancia.
Qué pasó con la memoria
con la dicha de ser guerrero
la espada se hunde en el vacío
y una brocha retoca el firmamento.
El pintor quiere ser instante
se esconde bajo un rojo intenso
y cubre el miedo con los azules más parejos.
La Musa se rebela del silencio
y desnuda se desliza
por el largo pasillo que la nombra.
Las paredes se adormecen
taciturno el pintor se resquebraja
ella acude misionera, ya no es tierra.
La Musa ha muerto en las orillas
el remanso le sonríe, él no
ha perdido la fragancia
se extravía en los colores
hace mezcla con su pena
y su mano recorre incansable el lienzo
que ahora plasma su fantasma.
Marejada
Del silencio surge la marea
la estela inmóvil marca su retorno.
Aquí llegamos prisioneros sin condena
a respirar la sal que te perfora.
Aquí llegamos los sirvientes de la noche
sumergidos en lo eterno.
Suspiro me entrego
como se entregan las gaviotas a tu sangre
como van los hombres al centro de tus aguas.
No me engañas
se que al ondularte gimes
porque ya no puedes detenerte
y con fuerza arrancas cada uno de mis nombres.
Mi cuerpo desnudo entorpece tu furia
no es así como amaneces gigante pero sigues.
Me lames sin mostrar los dientes
rozas mis tobillos subes por mis piernas
mis caderas ya te pertenecen
Al llegar a mi pecho sé que no hay remedio
la corriente es tuya
tuyos son mis senos
mis labios mis fantasmas.
Es tarde para ruegos:
tu conquista ha sido mi derrota.
Pasiones nocturnas
Cuando duermes yo renazco
me despojo de todos los atuendos
y convocando ánimas y demonios
me escabullo entre los poros de la noche.
Es mi sombra una espada que cubre los temores
la luna, una brújula que orienta mis deseos
las estrellas, los besos que he olvidado.
La noche recorre mi piel sin detenerse
entre caricia y caricia susurra que me quede
porque el tiempo, que no es mensajero de delicias
va marcando los exilios.
Pronto será tarde cuando tú despiertes
y tus párpados declinen sus sueños
será tarde si me pierdo...
será tarde si no vuelvo...
Las horas vociferan su proclama:
¡has de regresar y retomar los vestidos!
abandonar tu noche, tu luna, tus estrellas
pues si no regresas —sentencian tus ojos—
el castigo será el olvido.