y me callo los ojos
y la boca me observa
con sus frágiles besos
y me callo de infancia
y se quiebran los miedos
y los pájaros mueren
de inocencia en mi cuerpo
y me callo los ojos
y me olvido de ausencia
y me absuelvo en rincones
y el abrazo lo pierdo
y me callo los ojos
y me guardo la pena
mientras el corazón de pie
muere de a ratos
y los ojos se callan
hay tanta soledad partida al medio
tanto olvido de ausencia en el abismo
si te murieras amor
si me faltaras
de este intacto lugar
del desencuentro
donde mis manos son apenas vulnerables
mar sin orilla ni llegada
si me faltaras amor
si te murieras
qué haría con este rostro
puño cerrado de mi pena
cuando a veces
lo pienso
o a solas lo imagino
en este otoño
de muro que me duele
este implacable y tenaz
verdugo del destiempo
me olvida en la memoria del espejo
y mi infancia es apenas cristal
frente a la muerte
a Julián E. Echevarría
fue un duende que caminaba
buenos aires
el viento anudaba zapatos
crecía en malvones
y en rayuelas de infancia
te contaba historias
remendaba sueños
armaba barriletes
para olvidar el miedo
era un niño descalzo
un asombro de luz
perdido entre la gente
restauraba silencios
con paciencia de orfebre
escondía soledades antiguas
abría ventas en los cerrojos
guardaba su pena en los armarios
para no preocuparte
después vino la noche
con su traje de ausencia
lo vistió de sudario
y fue un duende de menos
en buenos aires