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Fallece en Madrid el poeta y periodista José-Miguel Ullán
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El poeta y periodista español José-Miguel Ullán falleció el sábado 23 de mayo en Madrid a los 65 años de edad, a causa de un cáncer que padecía desde hace tiempo. Sus restos permanecieron en el Tanatorio de la M-30 hasta la tarde del domingo 24, cuando fueron incinerados en el cementerio madrileño de La Almudena.

Ullán había nacido en Villarino de los Aires (Salamanca) el 30 de octubre de 1944 y, tras el bachillerato, se trasladó en 1959 a Madrid, donde inició estudios de ciencias políticas, ciencias sociales y filosofía. Siete años más tarde se exilió en París, donde siguió cursos en la École Pratique des Hautes Études con Pierre Vilar, Roland Barthes y Lucien Goldmann, trabajó en la ORTF y dirigió las emisiones en castellano de France Culture.

A su regreso a Madrid, en 1976, se incorporó a Ediciones Rayuela y desarrolló una intensa actividad en medios como El País, Radio Nacional (RNE) o Televisión Española, aunque también fue subdirector de Diario 16 y fundó el suplemento Culturas.

“Su trayectoria periodística está marcada por el sello de la singularidad, por un efecto de profundidad y dilatación en el que caben la ligereza, el humor y la ironía: el programa televisivo Tatuaje o la recopilación de columnas de El País en el libro Como lo oyes (Articulaciones) serían buen ejemplo de ello”, destacaron las mismas fuentes antes de recordar que Ullán es coautor de libros con artistas “y notable conocedor del arte contemporáneo”, lo que le llevó a organizar “numerosas exposiciones” y a escribir un ensayo titulado Tàpies, ostinato.

Entre sus títulos poéticos figuran El jornal, con epílogo de Carlos Lerena (1965); Amor peninsular (1965); Un humano poder (1966); Antología salvaje, con prólogo de José Ángel Valente (1970), que incluye El jornal y Amor peninsular, tres poemas de Un humano poder, veintiuno de Maniluvios, once exentos y uno manuscrito; Cierra los ojos y abre la boca (1970); Mortaja (1970); Maniluvios (1972); Frases (1975); De un caminante enfermo que se enamoró donde fue hospedado (1976); Alarma (1976); Soldadesca, con ilustraciones de Enrique Brinkmann, Eduardo Chillida, Alfonso Fraile, Luis Gordillo, Pablo Palazuelo, Francisco Peinado, Matías Quetglas, Vicente Rojo, Antonio Saura, Eusebio Sempere, Antoni Tàpies y Fernando Zóbel (1979), y Manchas nombradas, con prólogo de Antonio Saura (1984).

A ellos se suman Rumor de Tánger (1985); Favorables Cancún, poema seguido de La dictadura del jaykú (1993); Visto y no visto (1993); Razón de nadie (1994); Ardicia (Antología poética, 1964-1994), edición de Miguel Casado (1994); Tardes de lluvia/Animales impuros, con ilustraciones de Vicente Rojo y José Luis Cuevas, prólogo de Eduardo Milán (1995); Testículo del Anticristo (1995); Ni mu (2002); Amo de llaves (2004); De madrugada, entre la sombra, el viento (2007), y Ondulaciones (Poesía reunida 1968-2007) que, con prólogo de Miguel Casado, recogía el conjunto de su obra e integraba sus grafismos, “poemas dibujados por el gesto libre de la mano que en otras ocasiones escribe”, y que durante el último año protagonizaron exposiciones dentro y fuera de España, la más reciente el pasado mes de abril en Nápoles.

“La escritura de José-Miguel Ullán, bien lejos del mito de lo inefable, presenta al poeta frente a un mundo saturado de lenguaje en el que sólo le cabe abrir una pausa, aislar un punto en la cadena interminable de palabras”, señalaron desde Galaxia Gutenberg antes de considerar que la “aguda sensibilidad lingüística” y la “peculiar densidad sensorial” componen “un espacio táctil y oscuro, de insólitas intensidades y resonancias”.

“Un poeta radical, sin concesiones, que amaba por igual las vanguardias y la cultura popular”, lo definió Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes, al lamentar el fallecimiento del crítico y escritor. Según ella, Ullán exigió siempre “la calidad, el talento y la mirada diferente sobre las cosas y el mundo; por fortuna, tenemos aún en las librerías su poesía completa: leerla es el mejor homenaje que le podemos brindar hoy”.

De José-Miguel Ullán, “figura irrepetible de la cultura española contemporánea”, María Zambrano decía que era “eso tan raro hoy que se llama cantor, un ser viviente entre tanto simulacro de vida”, un cantor con voz “personal y rigurosa”, en opinión de Octavio Paz, quien aclaró que se refería “no solamente a la poesía de España sino a la poesía de todo el orbe hispánico”.

“Acaso no haya palabra nuestra, de bastante tiempo a esta parte, que haya brotado como ésta brota —en verso y en prosa— de tan admirable don de lenguaje”, destacó de él José Ángel Valente mientras que Julio Cortázar afirmó que dentro de una producción “en la que suelen hacerse sentir demasiado las influencias y las corrientes a la moda”, la poesía de José-Miguel Ullán “se aparta resueltamente de lo trillado, incluso a riesgo de sorprender o escandalizar, y se sitúa en un nivel individual que le da su acento más profundo y valedero”.

Fuentes: EFEEuropa Press