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Poemas

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El juego al descubierto

Si no fuera divertido
no besaría los tactos sin hacerlo
no pediría más con los ojos,
me inhibiría de incluirte en la antesala
que me hice para los olvidos.

Me reiría más de mí mismo
cuando te enfrente
y no quiera vociferar que te odio
aunque los países estén pintados en tu rostro.

Si no fuera divertido
engañarte
tendría que perder la visa y el pasaporte
hacia la ciénaga de los sueños
y entonces, como se me hace usual,
terminar por engañarme.

Tendría que escribir otro poema cursi
para saciar mis ganas de no creer
para que al final de cada esquina aburrida
al menos pueda transitar inerme,
guiñándole a una ocurrencia
para que se me convierta en estrategia
y engañarte,
para que no podamos engañarnos juntos
pretendiendo que destejemos
en esas otras camas que nos cobijan
el frío de las ambiciones.

Si no fuera divertido
el juego
los niños no sabrían reírse de nosotros

y los mapas tendrían sangre en lugar de lagos.

 

De viaje

Hoy es día de un viaje
hacia sonrisas imprevistas,
de levantarse temprano con ganas de aire
y creer menos en las noches de la ciudad.

Que mi corazón ya no fume
de la tristeza fósil de las paredes
que siguen muertas aunque les ponga palabras
y arte que siempre se ensucia
en mis manos.

Es día de abrir puertas en otros ojos
y dejarse acompañar de la luna
sólo para darle futuro.

De tocar la piel y la superficie del mar
como a una hoja verde y húmeda
y rodar por la colina
como se deslizan los dedos

sobre senos temblorosos que no saben mentir.

Es hora de ser un poco iluso
para silenciar al mundo que agobia
lo que nos va quedando...

 

Acertijo para la sugerencia

Se trata de robarle un atrevimiento
a la luz
un pezón al suspiro
un cielo al encuadre oscuro de tus ojos.

Se encuentra en la ironía
que llueve cada tarde
cuando caminas por el acento
de la palabra patético.

Duele en el borde de la pared
si la sostienes
después de las cervezas exhaustas
y la arrinconas con la sed
del vaho somnoliento
que se muere.

Duele casi siempre
porque es sugerencia de la reencarnación
imposible,
porque es el maldito tiempo
en el claustro de otro verso gastado.

Se asoma cuando no estás
si nunca la terminaste
dentro de la piel.

Es la bella maldita que parece mujer
cuando no la tienes,
es el músculo que se reinventa
en el dolor de la rutina
para modelarse en cualquier reflejo.

Tiene límites como los países
pero tampoco los entiende
ni los ocupa
y vive en rebeldía
para emanciparse de sí misma.

La maldices cuando duele,
la admiras cuando se luce en otros ojos.

Siempre anda buscando otra imagen
para entretener la muerte
tanto como se quiera.

Puede ser otra fotografía...

 

Una peste sin nombre

Para Syany, agotando las palabras que no escuchaste.

Hay algo con el amor
que huele a peste
y tiene lágrimas dulces
desde que se inventó el placer en la sal
y se mira en los lugares
que reinciden.

No necesita una noche más.
Sólo se sostiene del semen imperecedero
que sigue llevando al viento,
cada vez que se desprende
del maldito recuerdo.

Los ojos se quedan inmunes
en su cansada búsqueda
de las colinas más bellas.

Se alimenta de resacas
que duermen
y no quieren respirar,
de la palabra en su juego de poesía
y se alimenta del asco
después de la traición.

Hay una peste incólume
en cada caño del amanecer
en las películas con finales felices
en la ironía febril
del amor que permanece en las llagas
y resiste,
en las monedas brillantes
que lleva una mujer en su mano
al tocarte.

El amor de repente
se ahogó en juego, en la polis del miedo,
en la estrategia del que menos siente.

Hay algo con el amor
que huele a peste.

No le pongamos nombre para que viva
y al menos hieda menos.