Las obras completas del poeta español Francisco Pino (Valladolid, 1910-2002), que se publicarán en ocasión de su centenario, a celebrarse el 18 de enero de 2010, depararán “no pocas sorpresas”, según indicó este 19 de julio el director de la Fundación Jorge Guillén y responsable de la edición, Antonio Piedra.
Nueve tomos es el volumen total de la edición, que incluirá hasta 45 libros inéditos y otros materiales de los que es depositaria la fundación. Hasta ahora, las “obras completas” de Pino ocupaban apenas tres tomos sólo en el apartado de la llamada “poesía lineal”. Es decir, que esta primera parte de la edición dejará fuera para su posterior análisis y edición la poesía visual, la más experimental del autor de Espesa rama. La edición abarca un periodo de 75 años de poesía activa, de 1927 a 2002.
“Sabíamos que Pino es de los maestros vallisoletanos que con Jorge Guillén, Rosa Chacel o Miguel Delibes, aunque la nómina es más amplia, contribuyeron a renovar profundamente la poética y la narrativa de la literatura española contemporánea”, indicó Piedra. “Pero de estos cuatro autores tan decisivos, Pino es sin lugar a dudas el menos mentado, pero también el más complejo, el más vanguardista, el que agota todos los registros posibles sin complejo alguno de caer en la contradicción más absoluta”.
Dos preguntas se plantean de entrada ante tal cantidad de material que el poeta dejó sin publicar en vida. La primera, por qué Pino no sacó a la luz estas “miles de páginas” que guarda su archivo y, la segunda, si él estaría de acuerdo en que ahora se publicaran.
Antonio Piedra tiene respuesta para ambas. “Para empezar yo tengo una carta de Pino en la que me daba total libertad para disponer de este material una vez que él hubiera muerto. Por otra parte, la edición se está haciendo con el respaldo de su hijo, Francisco Pino Jiménez. Pero lo más importante es que no se va a publicar nada que él no haya salvado de la quema, porque él destruyó muchas cosas en vida”.
En cuanto a la cantidad de manuscritos, que le revela como uno de los autores más prolíficos de la literatura española reciente, Piedra considera que “Pino no hizo otra cosa en su amplia vida de poeta escondido y abstraído que alimentarse peligrosamente de poesía, que escribir y romper, que rehacer y contradecir la propia escritura, que acumular experiencias poéticas y olvidarse de ellas por aburrimiento o por hartura”.
Según el responsable de la edición, Pino agotaba las formas poéticas llevándolas a su crispación más coherente y en ocasiones a su expresión más escandalosa, haciendo de la contradicción un auténtico sistema poético.
Y es que el autor de Alegría practicó al mismo tiempo la poesía más tradicional y la más vanguardista. Ya en sus primeras etapas eran habituales las “poeturas”, como llamaba a esas obras a medio camino entre el dibujo y el poema visual, y que quedarán fuera de esta edición. Por eso para Piedra tiene todo el sentido que él titulara sus primeras obras completas, publicadas en 1990, como Distinto y junto, un título exacto desde este punto de vista.
Ahora se sabe que lo que se fue publicando en vida del poeta era aquello que la oportunidad y la voluntad del autor iba seleccionado de tan extensa producción. “Era imposible dar salida a una producción tan apabullante y tan amplia. Se limitó a escoger poemas, a publicarlos en pequeñas ediciones de autor, a hacer libros halagadores”, porque, según Piedra, procuró eliminar “lo políticamente incorrecto, lo religiosamente impronunciable y lo personalmente incomprensible”.
Y entre los libros nuevos que ahora recupera esta edición hay también numerosos poemas que fueron en su momento expurgados de las ediciones y que las completan. Así ocurre con algunos poemas del libro Méquina dalicada, que no ve la luz hasta 1981 en la editorial Hiperion, y que ahora con los poemas que se han rescatado “tendrá todo su sentido”, afirma Piedra.
El director de esta edición considera que al final se verá un Pino “total y más espontáneo” y que a su juicio “el propio poeta temía como al fuego, por eso llevaba muchas veces sus creaciones a la autocensura, a la mutilación más despiadada, al ostracismo más injusto o directamente a la hoguera”. Él mismo recuerda cómo, cuando estaban en fase de ordenar el archivo, era tanto lo que quemaba que un día le dijo “esto se va a acabar”. Pero está convencido de que Pino dejó lo que en el fondo no le importaba que finalmente saliera a la luz.
Entre los inéditos que se conocerán ahora hay una primera serie de libros pertenecientes a los años treinta del siglo XX. Son Pájaro sin carne, Crines, Vidrio cerca, Escritos surrealistas o Carga máxima, que explican su filiación vanguardista. Son libros en los que se muestra el surrealismo “sui generis” que practicaba Pino, reforzados con dibujos-poeturas de su época juvenil y que según Piedra “se encarna en una vida extrema y licenciosa que ya intuíamos en Méquina dalicada, aunque sólo en parte”.
Otro periodo rescatado del olvido es el correspondiente a la Guerra Civil. “Pino le negó en vida una existencia poética en el corpus general de su obra por razones viscerales y políticas, pero aquí aparece en toda su crudeza y desde la contradicción suprema de un republicano que vive la guerra en distintas cárceles del Madrid republicano”.
Pino escribió en las distintas cárceles por las que pasó (especialmente dura debió de ser su estancia en la de Porlier) y no sólo escribía a lápiz sus poemas, sino que llevaba un calendario detallado de sus composiciones, todo muy pormenorizado.
A este periodo corresponden libros como Asalto a la Cárcel Modelo, Saludo y arco de triunfo, La voz indómita, Canciones y poemas, Poemarios de guerra, La canción del deseo y Sonetos a una mujer, entre otros. A este periodo corresponden también cinco obras de teatro inéditas. Traslucen estos libros “de forma pormenorizada y dramática una sensibilidad que ya en 1950 Pino rechaza sin ambages para caer en el hondón de una ‘sensibilidad fascista’, según expresión propia”, relata Piedra.
La biografía de Pino dice que tras la guerra se vio obligado a desempeñar ciertos cargos en la Presidencia del Gobierno y en organizaciones juveniles de Madrid. “A mediados de los años cuarenta, libre de cargas psicológicas lesivas y de los cargos oficiales, Pino se confina hasta el día de su muerte en el retiro más placentero, largo y atormentado de su existencia en el Pinar de Antequera”.
Este aislamiento voluntario de la vida pública coincide con una febril actividad poética que se inicia con una serie de libros intimistas que encuadra bajo el título genérico de Curso, al que pertenecen libros inéditos como Aedos, Una luz se prolonga, Ansia, Los seres, Tangente ambrosía y cielo tenme, entre otros largos poemarios que marcan una tendencia en la que el hecho religioso, la reflexión social y el paisaje son temas dominantes, y que dura hasta finales de los cincuenta.
“En los años sesenta Pino se cansa de tanta armonía preestablecida, se ‘agusana’, según sus propias palabras, e inaugura lo que llama Crisis”. Se trata de “un periodo convulso de formas, de rechazos originales, de retorno a la vanguardia más inédita, de creaciones experimentales, de vida extrema, de perseguir una creación donde lo clásico y lo experimental vanguardista reflejen la complejidad de una existencia nada acomodaticia y fácil”.
De este periodo son Sintió hambre, Después o mucho después, Cirros, Palangana, El mal pensamiento, Gravedad y Las cucarachas. “Son libros singulares, sin complejos, fruto de un poeta que ha roto amarras”.
De la última etapa de su poesía que, según Piedra, es una síntesis de vanguardia y de clasicismo muy elaborado y original, también han aparecido libros inéditos que engrosarán esos nueve —que podrían convertirse en diez— tomos de sus nuevas obras completas. Después vendrá la edición de su poesía experimental. “Eso será muy complicado, porque está muy dispersa. Hay que tener en cuenta que Francisco Pino regalaba muchos originales”, finalizó Piedra.
Fuente: El Norte de Castilla