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El jazz protagoniza una exposición en Barcelona
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La exposición “El siglo del jazz”, inaugurada el pasado 21 de julio en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), en España, analiza las relaciones entre el jazz y las artes a lo largo del siglo XX e ilustra de manera cronológica cómo el sonido de este ritmo ha influido en la pintura, la fotografía, el cine, la literatura, el grafismo o los dibujos animados.

El director del CCCB, Josep Ramoneda, subrayó que “el jazz constituye, junto con el cine y el rock, las tres grandes manifestaciones artísticas más importantes del siglo XX”. La muestra se articula en torno a una línea del tiempo a lo largo de la cual se abren diez secciones que evidencian las relaciones del jazz con las otras disciplinas artísticas y explican así la historia del siglo siguiendo la huella de este hilo conductor musical.

Exposición “El siglo del jazz”En ese recorrido, el comisario, el filósofo y crítico de arte Daniel Soutif, se ocupa de los primeros años (antes de 1917), de la era del jazz en América (1917-1930), la Renaissance en Harlem (1917-1936), los “años locos” en Europa (1917-1930), la era del swing (1930-1939), los tiempos de guerra (1939-1945), el Bebop (1945-1960), el jazz de la costa oeste (1953-1961), la revolución free (1960-1980) y los contemporáneos (1980-2002).

La muestra, que estará abierta al público hasta el 18 de octubre, cuenta con más de 1.000 piezas: 150 obras de arte, 80 audiovisuales, 100 fotografías, 100 partituras, 200 portadas de disco y documentos como libros, revistas, programas, carteles y objetos varios.

Las investigaciones a propósito de su origen o de su significado primario probablemente no se acabarán nunca, comentó Soutif, pero por lo menos es seguro que, un día de 1913, un tal Ernest J. Hopkins publicó en las páginas del diario San Francisco Bulletin un artículo breve titulado “In Praise of ‘Jazz’, a Futurist Word Has Just Joined the Language”.

En aquella primera mención, el autor afirmaba que “jazz” significaba algo parecido a “vida, fuerza, energía, efervescencia de espíritu, alegría, vivacidad, magnetismo, inspiración, virilidad, exuberancia, valor, felicidad”, y subrayaba la dimensión sonora, no de su significado, sino precisamente de la palabra en sí, calificada como “extraordinaria y que suena bien”.

Bastaron cuatro años para que el jazz figurara impreso debajo del pequeño agujero central de la etiqueta pegada en un pesado disco negro, en cuyos surcos había grabados unos pasajes destinados a convertirse en históricos. Los músicos blancos de la Original Dixieland “Jass” Band tuvieron el privilegio de ser los primeros en entrar en un estudio de grabación —era el 26 de febrero de 1917, en Chicago— para fijar en la cera los primeros ejemplos de esta nueva música.

Fuente: EFE