Letras
Poemas

Comparte este contenido con tus amigos

Entre tanto

Anoche no dormí nada.
Así como hace veinte años, un siglo, si acaso un momento.
Otra vez me remuerden las irresponsabilidades
(ahora para colmo son responsabilidades).

Las cosas han cambiado.
El bombillo no es el mismo 
y ya la oscuridad no tiene el mismo ruido.
Las sábanas son más frescas, las vueltas del carrusel mejoran
(no marean tanto)

Pero no está el enano que se refleja en la pared.
Devastado quedó entre tanto escombro un día que decidieron ponerle precio a los recuerdos de mi casa vieja.

Anoche el desvelo fue diferente.
No hubo cenizas ni calmantes,
ni quijotes ni virgilios...

Sigue habiendo, eso sí, gatos que me gritan entre paredes de libros,
pensamientos que acalambran los reflejos del espejo,
marejadas en el estómago,
susurros de vivos que ahora están muertos.

No. Las cosas no han cambiado.

Anoche no dormí nada.
Así como hace veinte años.

Pero tal vez nunca he dormido nada.
O de pronto desperté

y como un dinosaurio
todo sigue aquí...

 


 

Ya no es tan difícil escribirte.
Ya sea desde aquí o desde tu mirada ahora es fácil.
No me aferro a nada.
(¿...y para qué?)

Casi  te conozco como cada rincón de mi casa vieja.
Eres la misma ciudad que vomité,
El sueño que reitero y por tan tanto aburre.
Ni Troya, ni Odiseo perseguido...
ni tan siquiera eso eres.

Sin embargo, quiero pasar mis minutos por tus venas
y no saber nada de mi infancia
y darme siempre por distraída.

Muy a mi pesar llenaría mis ojos de tu aburrimiento
y hasta me dejaría caer en tus vidas
tatuándome tus historias.

Entonces y para ello,
elige tú mismo la voz
que yo le pongo ruido a mi silencio

 


 

He borrado, descabezado, roto
no sé renacerte
sólo de vacío me atraganto
y de frío.

Firmo, pierdo y continúo.
Como un vicio consumo insomnios.

A veces, cruzo letras y parques
que tratan de ayudarte.

Me leo en tu cuerpo y te detengo.
Te gozo...

Y es que tienes instantes donde vibran los silencios
y las calles, afuera, se estremecen.

Pero no te logro.
Te falta, nos falta...

Parecido a un notario
trazo y tacho sin procura.
Al cuaderno le quedan páginas y a la noche velas.

pero...
¿dónde están las ideas?

 


 

En el futuro...

No me emborracharé bajo los puentes ni mearé los carros...
Me vestiré como mujer y me arreglaré el maquillaje.
Juro que como un pez anaranjado navegaré en vitrinas,
escupiré poquito,
te llevaré al aeropuerto...

Prometo hacerle muñequitos y mariposas a mis alumnos,
Me acordaré de ti o de nosotros (casi “hasta el día del juicio final” ...lo juro)

Cada mañana sabré atarme los zapatos, hacer café y no dormirme...
haré ejercicios, seré anfitriona, pagaré cuentas y a las diez veré novelas...

A cada rato iré al teatro y sin ti, daré mi silla cuando no haya puesto...

Mientras tanto, tú tendrás que aceptar días de corbatas,
planchas al vapor, microondas con comidas.

Haremos desbalances de mercados y cansados anotaremos cuentas...

Pero si por casualidad, un día, nos perdemos en lo viejo
encontrando risas y juguetes,
bocas de vino, trasnoches con sopas, fotos sin silencio,
besos de cine mudo, sucios en paredes,
caricias indecentes y puertos sin gatos...
roguemos un retorno al mismo idioma de tus rezos,
quedémonos en el origen de mis tormentos...

porque así, es mejor lo tuyo,
lo mío,
lo viejo,
lo nuestro.

 


 

...disculpa Julio pero quisiera saber jugar a los cíclopes para mirarlo desde tus ojos
y arrebatarle al mundo toda tu irreverencia.

Dame algo de las leyes que hacen de tu trabajo un juego
de tu frente un mundo y de tus deshoras un reencuentro.

Quiero un lápiz sin borra para dibujar tus cuadros,
un “absurdo de todo eso” y un día entero para “mojar compresas”.

La verdad quiero ser Maga que rueda, que salta y se devuelve,
clubes de jazz y capítulos desiertos.

No necesito cocodrilos que amanezcan con cada niño,
ni boxeadores que destilen con su sangre mis poemas,
tampoco circos, ni lentejuelas, ni estafas.

Sólo ires y venires (y más vueltas de la Maga)
de los tuyos quiero.

Dime entonces...
cómo le pongo fin a mis defectos,
cómo me como tantas horas de estación,
tanto sentimiento que cruje en los espejos,
tanto de mí que no sé y quisiera saber...

Bastaría algo de respuesta que pudiera leer
o de pregunta
o de música (a ritmo de Perseguidor)

algo que finiquite,
que trascienda este final sin memoria.

algo que mueva,
que nade en la nada y se maree.

Hazme creer más en el contenido
que en la forma
dame el “ya no te quiero mi amor” para terminar,
para no voltear...
dame el ni un segundo más... sin más que decir.
Con adioses... y sin volveres.

 


 

Lo peor de la noche es cuando empieza a hacerse.
Se cierran las gavetas
y en los escaparates se reflejan las lunas viejas.
Hay presencias de olvidos
que se convierten en remordimientos,
enfrentamientos entre almohadas y cuerpo,
sombras insomnes que juegan en el espejo,
ruidos que espantan al silencio,
minutos que se arrugan y envejecen,
y no completan las horas,
y no llegan puntuales,
y se envilecen...

en la noche
se perpetúa la cólera de los grillos,
se respira pesado,
se ahoga, se muere
y es como un domingo triste.

Lo peor de la noche es cuando empieza a ser.
Cuando no es instante
Cuando se hace eterna.

 


 

ahogada en miradas sin pestañas,
derretida en persistencias sin memoria,
sentada en horas de museos
sin sombras y rocío
comiendo cotufas con forma de duende,
aprendí hoy a
ensoñarte...