El escritor chileno Alfonso Calderón, padre de la poetisa Teresa Calderón, murió en su casa la mañana del pasado 8 de agosto a los 78 años de edad, a causa de un infarto. Poco antes había informado a su mujer que se sentía un poco mal y que descansaría un rato antes de revisar la prensa. Sus restos fueron velados en la casa central de la Universidad Diego Portales (UDP) y tras una ceremonia de responso no religiosa su cuerpo fue incinerado, tal como lo dispuso en vida.
Calderón, quien desde 1981 fue miembro de la Academia Chilena de la Lengua, recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1998 cuando muy pocos apostaban por él para recibirlo, pues su candidatura competía con nombres como Volodia Teitelboim, Fernando Alegría, Guillermo Blanco y Enrique Lafourcade.
Sin embargo, Calderón, nacido en San Fernando en 1930, se ganó el votó de la mayoría del jurado conformado por el entonces ministro de Educación, José Pablo Arellano, quien afirmó que tomó la decisión por “la lucidez, profundidad y variedad del ensayista, crítico, novelista, poeta y antólogo”.
Dentro de sus obras más destacadas se encuentra Memorias de memoria (1990), una obra que en más de tres mil páginas en siete tomos. También fue autor de Primer consejo a los arcángeles del viento (1949), El país jubiloso (1958), La Tempestad (1961), Los cielos interiores (1962), Antología de fábulas (1964), Grandes cuentos humorísticos (1966), El cuento chileno actual: 1950-1967 (1969), Toca esa rumba, don Azpiazú (1970), Antología de la poesía chilena contemporánea (1970) y Cuando Chile cumplió 100 años (1973).
En la más reciente actualización de nuestra Ciudad Letralia, el también chileno Rolando Gabrielli le dedica una semblanza titulada “La última rumba de Calderón”, en la que lo describe como “un hombre estudioso, silencioso, académico”, poseedor de “una biblioteca que llegaba a las márgenes del río Mapocho y podía inundar todo Santiago de palabras e historias”.
Fuente: EFE • Europa Press