Este domingo 16 de agosto, en el marco de la 22ª Feria Internacional del Libro de Bogotá, la Secretaría de Cultura de Bogotá entregó los Premios Nacionales de Literatura 2008. Además, ya se conocieron los ganadores de la convocatoria 2009.
En la categoría novela el ganador fue Adalberto Agudelo Duque por Pelota de trapo, una obra sobre un mundo de niebla y roca, de frío y soledad, donde el fútbol se convierte en la pasión, en el motor que impulsa los corazones y las mentes de personas cuya vida cotidiana no es más que una sala de espera antes del momento supremo de los pases, los cabezazos, de dominar la esférica para dirigirla al ansiado y esquivo golazo.
El jurado reconoció esta obra como “una novela ambiciosa, llena de matices, bien escrita y estructurada, que desde diferentes planos estilísticos constituye una visión compleja y crítica del país, sin caer en el miserabilismo. También es una novela de la solidaridad humana, de la sobrevivencia en un país cruento escrita con lirismo, con pasión y humor a la vez. El rigor de su lenguaje hace suponer un oficio de escritor a toda prueba. Un paisaje de páramo envuelve la atmósfera de un país mítico que se convierte en personaje. Desde un trípode literario conformado por un hondo conocimiento de la música popular (el tango), del deporte más popular (el fútbol) y el mundo del cómic, el autor exalta la cotidianidad a un plano ennoblecido”.
En cuento el premio recayó sobre Juan Carlos Restrepo Rivas por El son del solo, un libro de relatos nutrido con voces rabiosas y esperanzadas, con lujuria y trazos de soledad. Seres anónimos de un baile, en una isla, en un cine, a la orilla, vigilando una caleta, en una curva de cualquier carretera o con fiebre, escrito, según el jurado, desde “una voz madura, segura en su narración, que genera una penumbra con la que sabe teñir su ánimo, una condición y una manera de ver que infunden sentido y misterio al tocar todo lo nombrado con su vida interior”.
En la categoría ensayo, fue premiado el trabajo Literatura y memoria, en el que la investigadora Ana María Restrepo desarrolla el tema de la narrativa de las guerras civiles en Colombia. Según el jurado, en este trabajo “llama la atención la relación que establece entre literatura e historia, al concebir la literatura no como simple fuente documental, sino como obra compleja, estética y formal que, adecuadamente interpretada, permite establecer una relación válida con la sociedad y la historia”.
En cuanto a los Premios Nacionales de Literatura 2009, Cruentos cruzados, del bogotano Miguel Fernando Mendoza, fue el escogido —entre 81 obras presentadas— por el jurado de la categoría cuento. El libro, indica el jurado, “tiene coherencia y unidad en sus relatos, en los que se descubre la actitud de un autor capaz de organizar su libro con un hilo temático original y narrativamente creativo”.
En ensayo el primer lugar lo obtuvo Miguel Andrés Rocha Vivas por Palabras mayores, palabras vivas, sobre las tradiciones mítico-literarias y escritores indígenas en Colombia. El jurado exaltó del proyecto “el propósito de visibilizar prácticas literarias no canónicas como es el caso de las literaturas indígenas en Colombia, la formulación de la propuesta y la trayectoria tanto del investigador como del tutor”.
La noche en el espejo, de Lucía Estrada, fue el libro de poesía ganador entre 114 propuestas, y que se destacó al ser una obra filosófica muy conectada con el silencio. “Se trata de poemas que tienen hondura, que han sido depurados. La autora utiliza un lenguaje abigarrado y un tono interrogativo, armónico y misterioso, realmente poético con metáforas eficaces y corrección idiomática absoluta”, se afirma en el fallo del jurado.
El Premio Nacional de Literatura Ciudad de Bogotá tiene una larga tradición, es uno de los programas de fomento a la cultura de la Alcaldía Mayor de Bogotá y en Colombia es uno de los estímulos a la creación de mayor prestigio y antigüedad. Los premios para los autores incluyen el mayor reconocimiento económico de los concursos colombianos, y una primera edición que se distribuye gratuitamente en instituciones que trabajan por el desarrollo cultural del país.
Fuente: La República