Artículos y reportajes
Literatura venezolana del siglo XX

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En medio del espeluznante vértigo que se deriva del tanatocrático proceso de generalizada destrucción institucional que adelanta la “revolución” bolivariana en Venezuela, los lectores profesionales —esa pretensión nos anima— nos regocijamos con festivo júbilo estético por el advenimiento a la escena cultural-literaria venezolana de un libro que, por todas las señales que porta, está destinado a marcar un singular hito bibliográfico en el escabroso campo del estudio, investigación y análisis de nuestras letras; me refiero a La literatura venezolana del siglo XX, cuyo autor no necesita presentación, pues su nombre ya está inscrito en la galería de los más ilustres creadores e investigadores del corpus literario nacional, Rafael Arráiz Lucca (Caracas, 1959).

Esta primera edición de La literatura venezolana... viene a completar una especie de tríada crítica constituida por nuestros recordados y nunca suficientemente admirados críticos y poetas Juan Liscano y Julio Miranda, y a la que el propio Arráiz Lucca se incorpora por derecho propio y con rango de autóritas en la materia. Tal como lo consigna el autor de estos 32 impecables y lúcidos ensayos críticos, algunos de ellos se fraguaron mientras su autor ejerció la Cátedra Andrés Bello del Saint Anthony College de la egregia Universidad de Oxford; al menos el bosquejo de la estructura larvaria de lo que hoy nos llega a nuestra mirada de lector fue escrito allende los mares, el resto de estos inobjetables ensayos literarios se pensaron y redactaron en “casa” al calor de febriles lecturas y estudios rigurosos y sistemáticos, tal como puede colegirse de su grata visita.

El próximo año, si los vientos a favor en materia de escritura nos acompañan —ni un ápice de duda se insinúa en nuestro horizonte anímico-intelectual—, Rafael Arráiz cumplirá 30 años en el oficio “de lector que escribe sobre lo leído” y concibiendo “ensayos de aliento comprehensivo” cada vez más alejados de la miscelaneidad escritural y más cerca de la visión estética holográfica. Por ello, subrayo con especial énfasis, este libro es la mejor y más exacta “brújula perspectivística” que se ha escrito hasta el presente para adentrarse con el menor riesgo de falencias asertivas en las procelosas aguas de los complejos meandros analíticos-descriptivos y críticos de nuestra pasada centuria.

Visto procesualmente, este libro hace las veces de una perfecta continuación de El coro de las voces solitarias (una historia de la poesía venezolana, desde Andrés Bello hasta las voces de los noventa del siglo XX). La acertada metodología de que se vale su autor para mostrarnos “la unidad en la diversidad” de los más representativos artífices de la espiritualidad estético-literaria nacional no admite la menor objeción y se hace merecedora de nuestra incondicional aprobación. Enhorabuena, la apuesta de Alfa Editorial nos reconcilia con una voluntad literaria paciente, laboriosa y callada que niega rotundamente la descabellada idea de que vivimos una “crisis de ideas”. La evidencia está ahí.