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Lorca, el hombre vestido de blanco

En su memoria

Federico en su casa de sueños gitanos, con su buena estrella fusilada antes de tiempo, guardando en los bolsillos una flor granadina, una fuente de aguas bailaoras siempre frescas. Federico, 38 pájaros a merced de los días oscuros. Una sola muerte abrazando a todas en la fosa común de los milagros, esos que nunca regresan, que prohíben olvidar. Tiene voz de ruiseñor aturdido en la madrugada roja, tiene cuerpo de vigía diurno y febril sobre la tierra negra.

Federico no sabe, no puede saber: mañana vendrá la luna y se llevará su poema último.

 

Muñeca de trapo

“...y me desnudé más de una vez
a la luz de la luna,
barriendo miserias
en tacones altos...”

(Anita Margot del Castillo Muller)

condenada
a los paseos por el tiempo

semejante a una dama de ajedrez,
o cualquier cosa hábil de presagio

                           suciamente amarrada
                           a las patas de tu cama incierta
                           con el vestido andrajoso
                           y las uñas viciadas
                           por exceso de tarot inoportuno
                           o brujería a distancia

el maquillaje carmín
pegado a la rutina

los juegos de azar
librados al deseo

saberte inhabitable duele hasta los labios
                                 hurgarte los espejos no consuela a nadie

muñeca de trapo:
ponete el disfraz de suicidio,
es tu salida perfecta

 

Carrousel

“donde el sueño de Infancia
abraza a la Memoria en lazo místico”.

(Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas).

carrousel de mañanita
cuando quiera

un vals
nos canta
y desborda
por la calle de cascadas

o será que el otoño
a veces nos disfraza
en el destiempo

carrousel
que venís
a jugar conmigo
a la memoria

antesala del pánico
beso antes de dormir
cajita de cartón mojado

carrousel:
te pago mi infancia
y todos mis silencios
me voy
con el poema triste
y ese vals en la sonrisa

 

Enemiga pública

con gusto a paraíso humillado
con artificios de princesa enlatada
con su cajita de cristal
y viceversa
canturreando en la penumbra
de una tarde cualquiera

ecos de gloria
sobre el vestido nuevo
manchado de lujuria
y tantas ganas de llorar
y de beber
su risa/ su piel/ su hora prima

la desquiciada
la perdida
la menos rota

acaso una esmeralda
en medio del diluvio
huyendo de la gente

acaso
la enemiga pública
y vulgar
que todo el mundo
quisiera tener
bajo mil llaves

 

En el revés de Olga

“supiste retener esa frágil tragedia”.

(Laura Yasan)

morocha interminable
y silenciosa
te gusta dormir
sobre la hierba cenicienta
que amanece

tu porvenir de nieve y amargura
te erige
elemental
y perfumada
en la distancia de las amapolas

un llamador de ángeles rebeldes
en tu mano derecha
una canción de telarañas
en tu mano izquierda
morocha
que arrullás
el poema
cómplice de toda luna exhausta
habitante de la infancia
de los grandes secretos
en la catedral de la memoria
abarcaste
cada uno de los jardines
con sus tormentas
y sus muertos celestes

morocha fugaz
subterránea
luminosa
tus pies de arena
te abren
los altares de la lluvia
tu verbo desvelado
te distingue contempla
en su mutilada sombra

 

Chocolate amargo

una visión del río
que descuartice
la memoria

un fuego
supremo
como ángel
en lugar de este barro
mutilando
mi centro

el mantra
universal
de mi piel
revuelta
en chocolate amargo
abre espejos que no pude ser
avanza en cortejo hacia mis deseos

me convierte
en pierrot descalzo
tendido
bajo el sol de la muerte
sin cruz/ sin regreso posible
como un resabio de chocolate
demasiado amargo
en las entrañas
del misterio