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La esplendorosa poesía de Mharía Vázquez Benarroch

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La antología Amarrando la paciencia a un árbol, de Mharía Vázquez Benarroch, publicada este año 2009, recoge una amplia selección de su sostenida producción poética que abarca casi treinta años de extraordinario y silencioso trabajo poético. Incluye los poemarios Guerrero llevado adentro (1979-1983), y As de corazones (1984-1987), una selección de Balada de los 40 años (1992-1998), de Estirpe de lobos (1996-2002), Amarrando la paciencia a un árbol (2004-2006) que le da título al volumen, y fragmentos de Postales japonesas con tamarindo (2006-2008).

Tal como lo dice el poeta nicaragüense Gabriel Borge Oráa, en uno de los dos prólogos del libro, el titulado “La conocí en una noche de volcanes”, quizás lo que mejor caracteriza esta antología es que

Es un libro de madrugadas, de desacato a la muerte. Un libro de amor en toda la extensión de la palabra, porque inmune a los desastres, a ese siglo XX lleno de muertes y de violencia que le ha tocado vivir, Mharía ha preservado al amor de ese ángel exterminador que baila sobre nuestro techo, y que sin duda vendrá con su hoz a buscarnos algún día.

La sugestión que emana del amor lleva a la poeta a explorar a fondo este intenso sentimiento, tal como lo hace con todos los aspectos de la condición del ser humano. La indagación se inicia desde la palabra misma que nombra al amor, estado privilegiado del ser humano, y llega hasta la unión de los cuerpos, para expresar luego la desolación por el amor que ha dejado de existir.

Hay que comenzar, sin duda, por Guerrero llevado adentro, su primer poemario, escrito a los 19 años y terminado a los 22, citando a Lubio Cardozo quien hace la presentación en la edición que hace Fundarte de Guerrero...:

Leyendo a Mharía Vázquez, la primera sensación golpeante es el disfrute de un lenguaje estrictamente construido en el nivel de la poesía. Riguroso, alto, exigente, pleno... Todos inventamos la vida, pero no todos pueden escribirla a partir de sus propios códigos, de su propia retórica, de su propia mitología...”.

No sólo impresiona la juventud avasallante de la autora al momento de escribir los poemas de Guerrero llevado adentro, sino la introducción por primera vez, en la poesía femenina venezolana, del vocabulario medieval, el cual sería seguido después por poemarios posteriores como Fatal (Ediciones Fundarte, Caracas, 1989), de Alicia Torres, o Toledana (Monte Ávila Editores, Caracas, 1992), de Sonia Chocrón.

La poesía de Guerrero llevado adentro es una poesía raramente madura desde el principio, siempre en el filo de la navaja, llena de imágenes que delatan la frágil condición humana, y que exploran a fondo el oficio de la escritura como intemperie absoluta del alma:

Pesada carga

tras la herida se oculta una daga
miedo y venganza se atropellan
sabe de muerte y débiles sollozos

siempre la inmolación a cambio de la pureza.

Guerrero llevado adentro, Cuadernos de Difusión, Nº 110. Fundarte, Caracas, 1987.

Este primer libro, despojado totalmente de la ingenuidad propia que suelen llevar las publicaciones primerizas, continúa siendo una epifanía perturbadora a treinta años de haber sido escrito, pues su lectura al día de hoy posee una actualidad verdaderamente impresionante.

Desde la perspectiva de lo femenino, la pasión que consume, cuando se ha sido abandonada por un hombre, los desencuentros y la desesperanza por la separación, se encuentran magistralmente descritos en los poemas de As de corazones, aunque la guerrera del poemario anterior, titulado Guerrero llevado adentro (el cual obtuvo numerosos premios, por la innovadora factura de su lenguaje), sigue presente, y la hablante poética se nos muestra orgullosa y llena de coraje.

El dolor de la traición por parte del objeto amoroso y del deseo, genera la angustia de la espera inútil y de las llamadas telefónicas que no son contestadas, de la incomunicación y de la soledad. No hay olvido, hay angustia y pasión.

De la dulzura del comienzo se llega a la melancolía del final, al suave murmullo que habla con el ausente, en bellas reiteraciones de presencias que ya sólo en la memoria perviven.

En brillante lenguaje conversacional, se exploran las posibilidades de la palabra, hasta llegar a la voz arrabalera, a una sordidez deliberadamente buscada y logradamente expresada. En As de corazones, poemario de índole femenina, se asume la sexualidad de la mujer de una manera poco usual para la época en la cual el libro fue escrito. Es muy logrado, en numerosos casos, el tono de la oralidad y de la rockola, como por ejemplo en “Para no recordarte”, tan notable:

Béseme usted señor extraño
y como en los cuentos antiguos
miremos hacia la noche
juntos en este hotel de baratijas
y huyamos
                           lejos de ti.

La poeta domina las imágenes eróticas y los juegos de lenguaje, asediando el eterno tema del amor, distanciándose, deconstruyendo la cursilería, para recuperarla luego en lo que es su verdad íntima, utilizándola a conciencia, explorando sus posibilidades poéticas, tal como lo hace en “Disertación sobre la cursilería”, con su vaivén de bolero, construido por medio de repeticiones y reformulaciones, de variaciones sobre un mismo tema, de una manera excepcionalmente lograda.

Mharía Vázquez BenarrochEl cuerpo, que es el centro de la indagación de este poemario en particular, se ficcionaliza de tal manera que a veces pareciera tapar las palabras, y el sexo se vuelve indecible. Sin embargo, las palabras están ahí, para darle cuerpo a lo indecible, y es de esta condición de imposibilidad de la que habla la poeta, de los ases en el corazón, que anhelan ganar el juego, pero que son derrotados muchas veces.

La cotidianeidad tiene una presencia importante en la poesía de Mharía Vázquez Benarroch, contribuyendo a su aspecto original. Incluso cuando canta el eterno tema del amor, como ya hemos visto, lo contextualiza en momentos concretos descritos en forma coloquial.

El ritmo, el verso rotundo, la palabra dulce, el término del día a día, van configurando un universo en el cual conviven, se contradicen y guerrean los tonos dulces, maduros, amorosos, los gestos de afecto y de amparo, con los sentimientos de dolor, de separación y de abandono.

Lo muy apasionado del deseo, la plena seguridad de que se va a poder continuar la gran aventura y el misterio de lo erótico, se expresan en el coraje de la voz femenina que asume todas las circunstancias, en este libro que es un brindis al deseo y una nostalgia por los amores que se han ido.. El asombro ante la continuada presencia —internalizada— del ausente, la reverencia ante la poderosa fuerza del amor, el múltiple asedio a su ser insondable, es lo que resuena en poemas tan magníficos como “La loca de los malabares”, dedicado a su gran amiga la poeta Patricia Guzmán:

el amor
oscuro como el agua de la noche
reservado como quien se siente huésped
así te toma.

La lograda densidad erótica de As de corazones, el intenso sentimiento depasión que vive en los poemas, el homenaje a los cuerpos, a las pieles buscándose, y luego reviviendo intensamente la imposibilidad de reencontrar el cuerpo del que se ha ido, se expresa ferozmente, ávidamente, con audacia de mujer guerrera que le canta al sexo, “como lobo de paso”, tal como nos lo dice en Estirpe de lobos.

La poesía es la tribu de la cual forma parte la poeta, y es ahí donde alcanza la plenitud del ser. Ella entona su canción, como los juglares, como lo manifiesta en el poema “Goliardo”, de Guerrero llevado adentro, o en “Imago”, del mismo volumen, en el que se continúa explorando el sentimiento de pertenencia a esa estirpe.

La antología de Mharía Vázquez Benarroch es una obra orgánica, no una simple sumatoria de poemas. Se nota que es el trabajo articulado de una existencia entera. Llevar adentro a un guerrero y saber amarrar la paciencia a un árbol: es una hazaña comparable a la de hacer vivir en lo real a un oxímoron, sacarlo del papel e incorporarlo a la vida. Si a eso se agrega el apostar el corazón a una baraja, para luego asumirse como miembro de la altiva estirpe de los lobos: he ahí sintetizados algunos de los grandes valores de la poesía de Mharía Vázquez Benarroch.

Hay una visión salvaje en esta obra, acerca de lo que han de descubrir los poetas, y es eso lo que hace la autora, descubrir que en los cuerpos y en el sexo habita la vida y la muerte, pero también late ahí la felicidad de la mirada femenina sobre el cuerpo del hombre, al igual que la tristeza de no querer ya mostrar el cuerpo propio, que sufre los embates del tiempo. En este sentido, es muy notable “Balada de los 40 años”, uno de los más bellos textos de amor de la poesía escrita por mujer en Venezuela (o en cualquier lugar del mundo):

me basta un golpe de sol
relucientes delfines
y esta manera de rozar el cielo con los dedos
que es ver tu cuerpo irrelevante
                                                          pleno
tan húmedo y ligero
nadando sobre la sed interminable de las cosas
contra el mar
y su temible belleza.

El lugar del deseo se asedia insistentemente, y el erotismo, que a lo largo del poemario ha ido madurando, alcanza su máximo esplendor en el poema “Estirpe de lobos”, del volumen del mismo nombre.

También están presentes el dolor y la soledad, el sentimiento de pérdida al despertar sin el ser amado al lado, pero el sufrimiento está presente por otras causas también, por la pérdida de un país y de un tiempo, como leemos en el sobrecogedor verso de “Ventana roja con glicinias en el exilio”, en el que se habla de un pasado en el cual la poeta fue persona, desgarrada afirmación que indica que ya ha dejado de serlo.

Los poemas más recientes son haikús, y están contenidos en la última sección del libro, titulado “Postales japonesas con tamarindo”. Son pequeñas joyas, textos despojados, poemas breves cuyo complejo sentido adquiere formas muy simples, lo cual es hazaña nada fácil.

Lo trágico cotidiano es enfrentado con fiereza por las mujeres que se ficcionalizan, como las de Atenas, por ejemplo, y es lo que caracteriza, sin lugar a dudas, a la propia poeta también. La condición femenina se sigue asediando y representando a lo largo de todo el volumen, siempre de una forma muy lograda, a partir de esa mirada a la vez dura y triste que ya hemos mencionado, como en el poema “Self service”, acerca de una prostituta, o en “Parto”, acerca de una ama de casa, presentes en As de corazones.

Quizás el espíritu predominante, en cuanto a los seres femeninos de los que se habla en estos poemas, y en cuanto a la voz que habla, es el de las ménades, esas terribles mujeres que aparecen en el poema “Dyonisos”, que siguen a ese dios, pero que dan su propia batalla en lo sexual, con sus guerreros llevados adentro, pero también con la dulzura del amor que está en los orígenes de su salvaje quehacer.

Conviven en estos textos las referencias cultas —de una refinada cultura— y las populares —de una sensibilidad social consistente. Y están presentes, todo el tiempo, los diversos contextos cotidianos, las referencias urbanas, que le dan su carácter personal y conversacional a la poesía de Mharía Vázquez Benarroch.

El dolor y la soledad están ahí también, junto —y a causa— del absurdo cotidiano y de los encuentros y los desencuentros.

Un magnífico y nunca plañidero poema acerca de la soledad femenina, duro e irónico, doloroso y triste, es “Lugar común”, una vez más de As de corazones:

fervoroso mundo de mujeres solas
que se ayudan unas a otras
que se lloran unas a otras
rezando pequeños novenarios
por la casa errante
Ave María por las camas solitarias
y las vaginas sin dueño
mujeres que flotan como islas
y sin hundirse como ellas sobreviven
que van por la calle reconociéndose
mujeres hay
que crecen como las plantas
                                     solitarias.

Desde los dramáticos poemas guerreros, desde el brillante tomo titulado Guerrero llevado adentro, el primero escrito por la poeta, esa obra de juventud tan madura, pasando por los de As de corazones, a los que ya hemos mencionado suficientemente, hasta los de los volúmenes siguientes, en los que abundan los poemas conversacionales, brillantes logros del lenguaje, con lo concreto y el tiempo presente ocupando un lugar central, nacidos de una visión estética y ética que recorre sostenidamente toda la obra, hasta los serenos y madurados haikús de la parte final, esta es la obra de una notable mujer fuera de serie, que desde joven fue reportera de guerra, que leyó sus poemas en la Solentiname de Ernesto Cardenal, que fue brillante actriz brechtiana durante años en el Teatro Universitario de la Universidad Central de Venezuela, que hizo carrera como fotógrafo y publicista, que trabajó como escritora de telenovelas con Salvador Garmendia, José Ignacio Cabrujas y Julio César Mármol, y periodista de prestigiosos medios nacionales e internacionales como La Vanguardia, de Barcelona, España. Una mujer valiente, irreverente y talentosa, formadora de poetas a través de extraordinario Taller de Poesía Imago Mundi. Y en fin, una gran poeta, cuya poesía podría compararse, y está a la altura de la de ellos, con la del colombiano Gustavo Cobo Borda y el mexicano José Emilio Pacheco, valiosa estirpe a la que pertenece sin reservas Mharía Vázquez Benarroch.